Marilina Rotger, docente del IMVA especializada en neurociencia y neuroaprendizaje, presentó ayer “Las emociones y el aprendizaje”, un libro en el cual intenta responder algunos interrogantes que plantea la educación hoy en día y llama a crear “un aula con cerebro”. “Yo estoy convencida de que todos somos inteligentes para algo, sólo hay que descubrir para qué. Ese es el desafío del buen educador”, afirmó la autora.

¿Por qué, a veces, a los alumnos les cuesta tanto aprender? Sin lugar a dudas, se trata de una pregunta difícil a la cual padres, docentes e investigadores llevan mucho tiempo tratando de responder. Y a pesar de que no existen soluciones mágicas y de que cada caso es único, hoy en día, la ciencia nos brinda algunas claves, si no para responder a este desafío, al menos para comprender mejor el fenómeno del aprendizaje.

Este es el camino que invita a transitar Marilina Rotger, docente de nivel primario del Instituto Milenio Villa Allende con formación en neurociencia y neuroaprendizaje, diplomada en programación neurolingüística y en gestión educativa y acompañante terapéutico que ha participado en numerosos congresos a nivel nacional e internacional sobre cómo nivelar estados emocionales en la escuela y crear un aula con cerebro, es decir, un entorno positivo que invite al aprendizaje.

Ayer, en la Mendiolaza que la vio crecer desde los 8 años, Marilina presentó su libro “Las emociones y el aprendizaje”. El mismo consta de 11 capítulos, 7 de los cuales son teórico-descriptivos y se dedican a explicar cómo está formado el cerebro, dónde están las emociones o cómo funciona la amígdala, entre otras cosas, mientras que los 5 restantes contienen consejos y estrategias para aplicar en el aula que buscan nivelar estados emocionales, crear un aula con cerebro, evaluar de manera asertiva, entrenar la atención de los chicos y trabajar su inteligencia emocional.


“Hay que pensar que el aprendizaje pasa por las emociones. Si nuestros chicos no saben reconocerlas y trabajarlas, se cierran sus redes cognitivas emocionales y no llegamos a las redes cognitivas racionales. Por eso hay que aplicar estrategias que ayuden a los chicos a abrir su cerebro emocional, que es la parte más primitiva, para poder llegar a los lóbulos prefrontales, donde está nuestra inteligencia”, explicó la autora durante la presentación.


El Milenio: ¿Qué te motivó a escribir este libro? ¿Por qué considerás que es un aporte necesario?

Marilina Rotger: Porque tenemos un sistema educativo del siglo XIX, con docentes del siglo XX y alumnos del siglo XXI. Y muchas veces los docentes enseñamos de la misma forma en que hemos aprendido, porque lamentablemente el sistema no funciona bien y no salimos del todo capacitados. Las neurociencias nos aportan nuevos conocimientos para tener en cuenta. Si los que nos dedicamos a la educación no aprendemos cómo funciona el cerebro, que es el órgano del aprendizaje, cualquier objetivo que nos propongamos costará el doble.

EM: ¿Cuáles son los desafíos de enseñar en la actualidad?

MR: Yo creo que el desafío es enseñar a los niños a desarrollar su coeficiente emocional y no tanto su coeficiente intelectual, porque hoy en día la información la conseguimos en menos de un minuto. Tenemos que darles las herramientas para que ellos busquen y se desarrollen. Es más fácil enseñar con la emoción y el cuerpo, porque la memoria emocional y la memoria motora no se olvidan, en cambio la memoria racional hay que entrenarla.

EM: ¿Por qué es importante desarrollar la inteligencia emocional de los niños?

MR: La inteligencia emocional se basa en cinco habilidades: la empatía, la motivación, el autoconocimiento, la autoregulación y las habilidades sociales. Si desde pequeños, les enseñamos a los chicos esas destrezas, en el futuro serán jóvenes menos frustrados y con más posibilidades de despertar sus inteligencias y desarrollar sus potencialidades. Yo estoy convencida de que todos somos inteligentes para algo, sólo hay que descubrir para qué, y ese es el desafío del buen educador. El cerebro no es una caja que hay que llenar de conocimientos, sino algo que debemos abrir para descubrir lo que hay adentro.


“El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender” – Plutarco


EM: ¿Qué esperás lograr con este libro?

MR: Mi único objetivo es arrimarles a los colegas y a todos los que nos dedicamos a la educación, algunos elementos de neurociencia y neuroaprendizaje que son básicos para lograr mejores rendimientos en nuestros niños. La educación es algo fundamental. Cuando la educación no funciona, los problemas vienen de la mano. Si tenemos un buen sistema educativo vamos a tener menos conflictos económicos, sociales, etc.