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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Ciclos de la naturaleza

Reciclando Utopías es una cooperativa que escapa de lo común. Desde hace varios años sostienen un estilo de vida y trabajo basado en la permacultura, un sistema de desarrollo ecológico centrado en el aprovechamiento de los patrones de la naturaleza. ¿De qué se trata este novedoso concepto y cómo funciona? Ellos te lo cuentan.

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Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

Colaboración: Sofía Bobbiesi y Valentina Sastre (4° IENM)

“Permacultura” es una palabra que muchos estarán escuchando por primera vez, pero que para la Cooperativa de Trabajo Reciclando Utopías de Río Ceballos es una forma de vida desde hace más de 15 años. El término significa “cultura permanente” y fue acuñado por los australianos Bill Mollison y David Holmgren en 1978, en un intento por promover una alternativa a los métodos agroindustriales de explotación de la tierra.

Hoy se podría decir que la permacultura es un movimiento mundial que apunta al diseño de asentamientos humanos sustentables y ecológicos a través de la observación, imitación e integración con los ciclos de la naturaleza. Esto incluye desde la producción de alimentos hasta el suministro de energía, el cuidado del agua, los cultivos, el diseño del paisaje, la reutilización y reciclaje de los residuos, la construcción de las viviendas, etc.

Nada se pierde

Eso es justamente lo que buscan en Reciclando Utopías, un grupo, recientemente constituido como cooperativa, que surgió hace 18 años a raíz del encuentro entre algunos artistas de Sierras Chicas interesados en el reciclaje y la ecología. Aunque inicialmente no conocían la permacultura, pronto las personas que se iban sumando al grupo trajeron la idea.

“Pensar en permacultura no es pensar en reciclaje solamente. Es mucho más amplio e integral. Tiene que ver con sistemas de diseño sustentable. Nosotros como artistas siempre quisimos dedicarnos al arte y nada más, cuando nos cayó la ficha de que no era suficiente ser artistas y consumir alimentos orgánicos ponele, había que producirlos también”, contó a El Milenio Constanza Angiolini, integrante de la cooperativa.

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Tras un proceso de capacitación interna, los integrantes de Reciclando Utopías terminaron abrazando la permacultura como estilo de vida y trabajo. “Hacer una acción permacultural es hacer varias cosas al mismo tiempo. Tiene que ver con el arte integral y con lo colectivo. Somos una cooperativa artística y permacultural y esas son como las tres patas de una mesa donde se van a servir tanto los alimentos concretos, como los alimentos para el alma”, expresó Coty, como la llaman sus pares.

“Esta cooperativa tiene que ver con un proyecto de vida, o de vidas, porque somos varios los que estamos involucrados y pueden ser muchos más. Queremos que sea un lugar que genere trabajo, aunque todavía no podamos vivir de esto totalmente. Para nosotros es una semilla, que genera una planta, que saca flores y después da cinco mil semillas más, y así se va multiplicando”, señaló.

Al alcance de todos

Aunque parece difícil imaginárselo y aún más, realizarlo, los miembros de Reciclando Utopías lo ponen en práctica todos los días en su Sede Eco Productiva, ubicada en el Club Caza y Pesca de Río Ceballos, la cual funciona como espacio de encuentro, de trabajo, de aprendizaje y de promoción de la permacultura.

“Mucha gente cree que lo permacultural es para el campo y en realidad se puede aplicar en la ciudad, en un bar, en un departamento, en todos lados. Este espacio es un modelo permacultural urbano por ejemplo, y la idea es que la gente venga y lo vivencie. Yo te puedo contar qué es un baño seco (basado en la descomposición orgánica y la desecación, sin agua corriente) pero no tiene el mismo efecto que venir y probarlo, ver que no tiene olor, ver cuántos litros de agua me ahorré”, explicaron desde esta cooperativa, la cual además cuenta con otro espacio en barrio Ñu Porá que planean convertir en una escuela de permacultura y donde actualmente se realizan talleres y jornadas abiertas.

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Y es que para los miembros de Reciclando Utopías, la permacultura es algo que está al alcance de todos. “En una casa de cemento se pueden hacer un montón de adaptaciones permaculturales, como recuperar el agua que se usa en la cocina para regar la huerta. Separar la basura es fundamental, lo orgánico se puede convertir en compost, los eco ladrillos (botellas donde se compacta la basura seca e inorgánica, sobre todo plástico) son una alternativa muy grosa para construir y para reducir el volumen de basura que generamos. Reciclar y reutilizar es importantísimo, lo que no me sirve a mí puede servirle a otro”, aseguró Constanza.

En sus palabras, “hay que hacerse cargo de los ciclos de las cosas”, es decir, si compramos algo, no tirarlo cuando deja de servirnos, sino buscar la manera de que no termine en el basural.

“Nosotros hace tres años que venimos haciendo el ejercicio de basura cero. No sólo que no tiramos basura sino que encima traemos basura que no es basura, y la reutilizamos para hacer cosas útiles. Así hemos ido construyendo este lugar”, señaló Coty y agregó que se trata de un ejercicio diario para superar ciertas conductas naturalizadas.

“Hay una canilla que pierde, arreglala. Se están perdiendo 60 litros de agua por día. Voy al súper y me llevo mi bolsita, no porque la estén cobrando sino porque cada bolsa de plástico implica un desgaste natural en algún lugar. Algo pequeño puede tener una gran repercusión, esa es una acción permacultural. Tampoco es que no podés tomar una gaseosa, pero hay que ver la relación entre el contenido y el envoltorio”, explicó.

Para Eduardo y Miguel Ángel, dos compañeros de Constanza, la clave está en recuperar los saberes ancestrales de las comunidades originarias y de nuestros propios abuelos. “Es aprovechar lo natural. En realidad no pasaron tantas generaciones entre aquellos tiempos y hoy, donde nos comemos todo el químico, el plástico y la industrialización a full. Todavía se puede volver”, afirmaron.

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