Tiempo real o virtual

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Por Natalia Boffelli. Lic. en Psicopedagogía. MP 13-1567

La educación pretende que los alumnos desarrollen capacidades, saberes en diferentes etapas de la vida, de la manera más guiada, contenida y armónica posible acorde a sus niveles de desarrollo; los padres pretenden que sus hijos aprendan y que sean cuidados – contenidos y felices en la escuela.

En ambos casos coinciden que aprendan, sean contenidos y sean felices en el marco de una convivencia saludable, de toda una comunidad escolar.

Así las instituciones funcionan con la matricula del alumnado, que no es solo un número más incorporado sino que cada alumno ingresa con su familia, hermanos, con historias y durante la convivencia se van entregando intimidades, pedidos, solicitudes, demandas, problemáticas y soluciones conjuntas. Se forma una alianza en la crianza y en la formación de niños, adolescentes y jóvenes en paralelo con la familia.

Estas familias hoy poseen características propias del siglo xx y de las necesidades que se presentan en cada una. Los padres realizan jornadas laborales de 8 hs o más y sus hijos desde pequeños se  escolarizan para estar contenidos y posibilitar la salida laboral de los padres en la misma carga horaria.

Aparecen también las necesidades de realizaciones personales de los padres en profesiones u oficios, conjuntamente con las necesidades de que ambos progenitores tengan su aporte económico mensual.

Son tiempos que se van y no vuelven, tiempos que requieren momentos especiales y no están, y he aquí la necesidad de compensaciones pues son irrecuperables y con ella se va la infancia, la adolescencia, la juventud y la posibilidad de ser padres… se va perdiendo a gran velocidad: la conexión familiar.

Así aparecen desencuentros a la hora de desayunar, almorzar, merendar y cenar, que no solo son momentos de comidas básicas para la salud de toda la familia, sino que a su vez se amplían estos fuera de tiempo con las horas que estos niños, adolescentes y jóvenes viven frente a las pantallas de televisión, videojuegos o computadoras y celulares.

Se requiere abrir puertas a tiempos reales no ventanas en pc, se necesita planear acciones que nos acerquen, nos encuentren, nos enlace desde lo afectivo.

Recuperar las familias sean cuales sean sus estructuras, recuperar la infancia con imaginación y creatividad, crear días y horas de tiempos reales donde haya espacios de encuentro, de espera de unos a otros, con contacto físico.

Que la conectividad sea humana más que tecnológica, usar la palabra y construyamos diálogos, expresiones afectivas en vivo y directo no a través de videos o celulares. Presencia y disponibilidad en el hoy y disfrutar del ayer, de los recuerdos de espacios y tiempos compartidos, de generación en generación que no solo se disfrutan en videos sino a través de jornadas de encuentros familiares y de forma hablada.

Demos paso en este siglo que tanto nos exige al ser familia, con errores y virtudes, con diferentes constituciones, con faltante, pero con presencia real y disponibilidad, así las calles estarán menos habitadas de riesgos y no solo llenos de actividades sino compartiendo una mesa o el lugar elegido del hogar para llenarlos de espacios de encuentro y contención que solo lo da la familia.

Las instituciones estamos abiertas a dar otro espacio de encuentro donde entre todos formemos niños, adolescentes y jóvenes felices y con estrategias para salir del aburrimiento y encontrar modos de convivencia más saludables.

EL MILENIO

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