“La donación de médula me salvó la vida”

Pablo Molla es un ciudadano cordobés que recibió el trasplante de médula ósea 15 años atrás. En el marco de la campaña “Doná médula, doná vida”, contó su testimonio en cuanto a la importancia de la donación de médula y su experiencia. Además, sugirió algunos consejos para aquellos pacientes y familiares de estos, que se encuentren en la angustiosa espera de recibir una médula compatible.  

La donación de médula requiere la extracción de sangre para comprobar la compatibilidad en primera instancia.
La donación de médula requiere la extracción de sangre para comprobar la compatibilidad en primera instancia.

Redacción El Milenio 

“Mi caso fue que me diagnosticaron leucemia linfática aguda”, comenzaba a contar Pablo, quien asegura haber ingresado muy grave y debiéndose enfrentar al tratamiento de quimioterapia y rayos. “Los únicos síntomas que presentaba eran fuertes dolores de cabeza y un sangrado de encías”, explica.

El hombre asegura haber tenido la suerte de que la donante fuese su hermana, quien era 100% compatible con él. Resalta este dato porque, según explica, muchas veces la complicación reside en encontrar la compatibilidad, y que luego el organismo del paciente no haga un rechazo de la médula recibida.

Al mismo tiempo asegura que su hermana no tuvo ninguna complicación post donación. “Mi hermana no tuvo ninguna molestia. Su médula se vuelve a regenerar, y no le produce ningún cambio en su vida, ni físico, ni de cualquier aspecto”, afirma Pablo para despejar dudas en cuanto a que no hay ningún tipo de riesgo para el donante.

“Yo me curé gracias a la donación, así que no se deben perder las esperanzas”, señala Molla, quien aconseja a aquellos que estén a la espera de la donación “reunirse de mucha paciencia”. Advierte la eficacia de dar a conocer la situación mediante los medios de comunicación. “A través de los medios uno puede dar con gente que pueda ayudar. Es importante hacer tomar conciencia de la necesidad de los donantes”, sostiene.

Obra social.

Pablo se enfermó en el año 2000. En aquel entonces la obra social con la que contaba no le cubría la totalidad del tratamiento. Éste fue otro problema que debió afrontar.

Sin embargo, luchó para que la su prestadora de salud le cubriera económicamente el total del dinero que demandaba.

Fue así que logró, mediante auditorías, que le reconocieran el 100% del tratamiento que le debían realizar. De esta manera, su caso sentó precedente, y quiere destacar la importancia de que los familiares del paciente hagan valer sus derechos, y se encuentren en conocimiento que actualmente la cobertura oncológica es cubierta ciento por ciento sin distinción de prestadores de salud.

Pablo fue trasplantado en enero de 2001 en el Sanatorio Allende de la ciudad de Córdoba, y cinco años después recibió el alta definitiva. Hoy tiene 43 años y vive su vida con total normalidad. “Han pasado muchos años y estoy en perfecto estado de salud”, concluye.

EL MILENIO

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