11 abril, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Valentina Moyano, resignificando la tradición

Con solo 18 años, Valentina Moyano se consolida como referente del malambo femenino, tras obtener títulos nacionales y representar a Córdoba en escenarios de todo el país. Su trayectoria marca un cambio generacional dentro de las danzas tradicionales argentinas.

CULTURA

Por: Francisca Russo y Sofía Vespasiani 4° IMVA; Allegra Brasca y Julieta Berejikian 4° IENM.


Zapateo no es lo mismo que malambo, explica Valentina. El zapateo puede entrar en seis u ocho compases; el malambo no. Requiere otra complejidad que no puede entenderse desde lo estructural en realidad, sino desde el sentir de quien baila. 

Los pequeños movimientos, llamados ‘mudanzas’, dan lugar a algo más grande. La atención, tanto de los bailarines como de los espectadores, está puesta —antes que nada— en los pies y en ese pulso tan particular que los conecta con la tierra.

Buena parte de esa conexión con la tierra subyace en el relato de Valentina Moyano. Nacida y criada en Unquillo, donde las tradiciones todavía laten fuerte, tenía once años cuando, casi por casualidad, descubrió su vocación. 

“Mi tía tenía una academia de danzas, Amanecer Gaucho, que funcionaba en la casa de mi abuela. Yo iba a visitarla y veía cómo los chicos practicaban. Un día me animé y arranqué a bailar y lo primero que te enseñan son los pasos básicos”, recuerda.

Desde esos primeros movimientos, la entonces niña notó su facilidad para el baile. “Aprendí primero con los pies, después con el ritmo, con la cabeza, con los brazos”, cuenta. El cambio llegó cuando un profesor empezó a enseñar malambo a los varones. Mientras las mujeres seguían con el zarandeo tradicional, ella se atrevió a decir: “Yo también quiero hacerlo”. Lejos de frenarla, el docente la escuchó y la alentó. “Nunca me dijo que no. Siempre tuvo la cabeza abierta. Así arranqué con el malambo”, rememora.

Más tarde, hizo su debut en las tablas, en lo que fue el primer Campeonato Nacional de Malambo Femenino, celebrado en 2018. La unquillense se consagró subcampeona de la categoría menor y, al año siguiente, atravesó un selectivo provincial, pasó a la gran competencia y volvió a pisar los escenarios sólo para coronarse campeona nacional. 

Al respecto, describe: “Fue la primera vez que había un campeonato femenino. Llegar al segundo puesto en mi primera competencia fue increíble. Y al año siguiente, poder ganar, un sueño”.

Una pausa obligada y metas cumplidas

Valentina Moyano pisa fuerte en un escenario que durante siglos fue territorio masculino.

La pandemia la obligó a ensayar en casa, conectada por videollamadas con su maestro. “No era lo mismo”, confiesa. Pero la pausa no la detuvo: en 2021 volvió al circuito y ganó otra vez, esta vez en la categoría juvenil sub-17.

Después de ese logro, debió esperar dos años para volver a competir como solista. Este marco, explica: “No te dejan defender el título en la misma categoría. Tuve que esperar y prepararme para volver más fuerte.” 

En 2023 regresó al nacional, pasó el selectivo y representó a Córdoba, aunque no alcanzó la final. “Fue duro —admite—. Era mi último año de secundaria, con todo lo que eso implica, y encima no logré lo que buscaba. Una cree que siempre va a conseguir lo que quiere, pero no es así. A medida que vas creciendo todo se vuelve más difícil. Pero ahí estuvieron mi familia y mi equipo para recordarme que esto recién empieza.”

En enero de este año, se presentó por primera vez en el rubro solista de malambo femenino del Pre Cosquín, un festival emblemático del folclore argentino. Del evento, narra: “Gané en la sede de Santa Fe y pasé al Pre Cosquín. No llegué a la final, pero fue increíble”.

Su rutina lleva música en vivo: bandoneón, dos guitarras y bombo. “Mi malambo es como una evolución de todos estos años -valora-. Cada cambio de categoría me exigió más. Ensayo con mi bandoneonista, que trata de seguir mis pies. Es una melodía que siento que es solo mía.”

Aunque el rubro es solista, Valentina no se siente sola y remarca: “Tengo a mis músicos, a mi profe, a mi familia. Somos un equipo”. Su actual entrenador, José Abapillo, junto con los músicos Santiago Gerasimchuk (bandoneón), Paulo Becerra (guitarra y punteo) y Tomás Romero (bombo), la acompañan en cada presentación.

Moyano se sube al escenario sabiendo que a sus costados ellos alimentan su compás, mientras que abajo está su familia, capaz de empujarla hacia adelante cada vez que lo necesite. 

Romper moldes sin romper raíces

Aunque su ingreso al malambo fue natural, sabe que muchas mujeres tuvieron que luchar para llegar a los escenarios. Al respecto, revela: “A mí nunca me dijeron que no, pero conozco chicas que sí. Algunas incluso tenían que vestirse de hombres para poder zapatear”.

“Es una danza tradicional argentina normalmente practicada por hombres; pero hoy las mujeres tenemos la posibilidad de hacerlo también”, celebra.Su experiencia, entonces, supone un cambio generacional.

“Cuando arranqué, el malambo femenino también estaba empezando -cuenta-. Hablé con los organizadores y me contaron lo difícil que fue sostenerlo. Era un certamen criticado porque se pensaba que el malambo requería fuerza y destreza, cosas que se asociaban solo con los hombres.”

Así, la joven se consolida como parte de una nueva generación que pisa fuerte. No solo en el escenario, sino también en la historia del malambo femenino argentino. La vieja imagen de dos hombres enfrentados y guitarras que inundan los ranchos de armonías, integra ahora también a chicas como ella, que en cada compás lleva la huella de las que vinieron antes y la fuerza de las que vendrán.

En este sentido, la vecina de Unquillo, insiste en que el folclore debe estar más presente, sobre todo en las escuelas. En tanto, reflexiona: “Sería un cambio enorme. Yo elegí ser bailarina, pero en una familia que estaba metida en el tema. Está lleno de chicos que no saben lo que es y yo quiero que llegue al colegio por la cultura del país”.


Descubre más desde El Milenio

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde El Milenio

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde El Milenio

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo