CULTURA
Por: Agustín Bordanzi, Faustino Amato y Santino Baravalle 4° IENM; Camila Cagnolo y Santino Oliva 4° IMVA.
Exposiciones, música en vivo, talleres para niños y hasta gastronomía saludable: en Arte o Nada, la cultura se vive en todas sus formas y eso es parte central de la búsqueda. El proyecto nació en 2013, cuando Celeste Oliva y su pareja, Luis –más conocido como Zazo– , ambos artistas plásticos y gestores culturales, decidieron mudar su vida y su trabajo a Unquillo.
Originalmente, la galería del Cine Rivadavia fue el lugar elegido para dar forma a talleres de arte para niños y jóvenes, pero también para comenzar a realizar intervenciones artísticas y llenar de música los momentos previos al comienzo de las películas que se proyectaban. “Incluso llegamos a musicalizar una película muda”, recuerda Celeste, sobre esa época en la que el espacio se convirtió en hogar para comenzar a sembrar un proyecto que al día de hoy no para de crecer.
Luego, en 2017, la pareja dio un salto fundamental al inaugurar la galería Arte o Nada en plena Reserva Los Quebrachitos. Con un gran esfuerzo autogestivo y una enorme convicción, construyeron un sitio en el que hoy se exhiben producciones propias y de otros artistas.
“Fue una alegría enorme contar con un lugar propio, en la naturaleza, que pudimos armar a nuestro gusto”, comenta Celeste. Poco después, con apoyo del Fondo Nacional de las Artes, adquirieron equipos de sonido y un proyector para sumar documentales, música y performances a una programación cada vez más nutrida.
Un espacio colectivo y transdisciplinario

Arte o Nada se define como un espacio de arte contemporáneo que fomenta la diversidad de disciplinas: artes plásticas, cine, poesía, música, teatro, performance, arte corporal y hasta formación en tatuaje.
La transdisciplinariedad se traslada de distintas maneras a las propias muestras que tienen lugar. “Buscamos que las muestras visuales dialoguen con otras expresiones y que todo esté en contacto”, explica Celeste.
Así, se ofrecen clases de yoga, un laboratorio sonoro semanal para aprender a grabar y producir canciones o podcasts, talleres esporádicos de canto y plástica, además de ciclos de música y de poesía.
En tanto, la gestión se realiza de forma horizontal: artistas, músicos, curadores y público participan de la construcción de cada muestra. En ese sentido, Celeste remarca: “Tratamos de generar una construcción compartida: armar las muestras entre todos, elegir un sonido en el que los músicos se sientan cómodos y potenciar las experiencias colectivas”.
A su vez, la naturaleza cuenta con un lugar protagónico, contando con actividades para niños donde se recolectan piedras, hojas y flores para crear esculturas, pinturas y ensambles. Este proyecto fue reconocido por el Fondo Nacional de las Artes y permitió ofrecer las actividades de forma gratuita.
Asimismo, la estética del espacio está pensada para integrarse al entorno: las paredes, muebles y estructuras están hechas con materiales reciclados, incluyendo troncos de siempreverdes extraídos para preservar el ecosistema de la reserva.
A pulmón

Mantener un espacio cultural independiente en un entorno comunitario no está exento de dificultades, y la sostenibilidad económica es uno de los mayores desafíos. Para mantener el proyecto, Celeste y Zazo crearon Aitalfud, una propuesta gastronómica que ofrece hamburguesas veganas, arepas, jugos y guisos vegetarianos durante los eventos y en la feria agroecológica de Cabana.
Igualmente, Arte o Nada se propone atraer coleccionistas e interesados en adquirir obras originales, para que la producción artística pueda convertirse en un sustento cada vez más sólido. En este marco, la galería ya cuenta en su haber con muestras memorables, como el caso de “Microbias”, una exposición realizada en conjunto con la galería Cubo Azul, que reunió a 40 artistas en la exhibición de pequeñas piezas, acompañada de música, lecturas y performances.
También, durante septiembre la sala exhibió “Abundancia”, un ensayo visual que profundiza en la memoria y el apego, culminando en una quema de las obras como una mirada a lo que sucede cuando soltamos algunos retazos de nuestra historia.
En el mismo mes, se inauguró una escultura de madera de René Vanuden, producto del Simposio Nacional de Cultura, que quedará expuesta de forma permanente. Finalmente y en sintonía, entre sus logros principales, Celeste destaca la posibilidad de haber materializado un sitio propio y autogestionado donde es posible producir y mostrar arte de manera auténtica, además de generar una convivencia y un espacio colaborativo con otros artistas.
De cara al futuro, el objetivo es claro: seguir manteniendo la cultura activa en Unquillo, sumar más personas al equipo y lograr que lo artístico sea también una fuente de sustento. “Hoy hacemos todo: la curaduría, el sonido, los flyers, la difusión, la limpieza. Queremos que más gente se sume y que el proyecto tenga mayor visibilidad”, remarca Celeste.

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