13 junio, 2026

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“Pelusa” Ponce y la hazaña del 71: La historia del 4-1 a Inglaterra que originó el Día de la Futbolista

María Esther “Pelusa” Ponce fue una de las pioneras del fútbol femenino argentino, integrante de la selección que en 1971 disputó por primera vez un Mundial y sorprendió al vencer 4-1 a Inglaterra en México. Aquel triunfo dio origen al Día Nacional de la Futbolista y, tras décadas de invisibilización, hoy las jugadoras son reconocidas como referentes y simbolizan la lucha por la igualdad en el deporte.

DEPORTES

Por: Fátima Falco, Ada Wajner, Antonella Acosta y Fausto Sauer 4° IENM: Nicole Sotelo, Sol Montanari y Santiago Alanis 4° IMVA.


En 1971, un grupo de mujeres marcó un hito para el fútbol femenino en Argentina.  En el 2º Mundial de Fútbol Femenino, celebrado en México y conocido como Campeonato de Fútbol Femenil, no solo debutaron participando sino que derrotaron a Inglaterra por 4-1 en el Estadio Azteca. 

El logro, alcanzado frente a un equipo con amplia trayectoria, quedó grabado como una de las primeras grandes hazañas de futbolistas femeninas argentinas en el plano internacional. 

Entre las protagonistas de esa gesta, estuvo María Esther Ponce, más conocida como “La Pelu” quien recordó: “Nosotras salimos cuartas y ganamos ese partido el 21 de agosto, por eso esa fecha quedó como el Día Nacional de la Futbolista Femenina”. También rememoró que, años atrás solo una vez nuestro país se había posicionado ante el europeo en un amistoso con un gol de un jugador de Independiente. 

“Me acuerdo porque mi papá me llevaba a las canchas y veía todo el fútbol”, contó la santafesina de origen y actual residente de Río Ceballos, quien comenzó a jugar de niña, alentada por su padre, que había sido futbolista y nadador. 

Ponce también fue distinguida en Santa Fe, su provincia natal, donde se la celebró como una de las primeras mujeres que abrió camino en el deporte.

Sin embargo, como explicó “en aquellos años jugar a la pelota no era considerado algo propio de mujeres”en sus palabras– y reveló el prejuicio que primaba ya que se las señalaba como ‘marimachas’. 

Pese a ese estigma, su entusiasmo y el entorno familiar la llevaron a seguir vinculada al deporte, primero en juegos informales y luego en equipos que se fueron conformando en Buenos Aires. Fue a través de un torneo realizado en el Club Atlético Independiente y transmitido por Canal 13, donde quedó elegida para la selección.

Según relató, la preparación para el Campeonato del mundo fue breve y precaria. Apenas contaron con un mes de entrenamientos en un predio cedido por la Unión de Transporte Automotor. Viajaron casi sin indumentaria: algunas prendas fueron prestadas y ni siquiera contaban con botines reglamentarios. 

La diferencia de condiciones con otros grupos, donde el fútbol femenino ya era profesional, era evidente. No obstante, eso no les impidió representar al país con orgullo y convertirse en pioneras.

Posteriormente, durante muchos años quedaron en el anonimato y recién en la última década, impulsadas por referentes como Lucila Sandoval, empezaron a ser valoradas como precursoras. 

En el caso de Pelusa, los homenajes se multiplicaron y contó con reconocimientos de la Legislatura de Córdoba, en el Estadio Independiente, en el Kempes y en distintos clubes como Belgrano, además de recibir invitaciones a participar en documentales y charlas. 

“Ni nos dimos cuenta de lo que estábamos haciendo, porque fuimos a ejercer un derecho que nos correspondía, que era el de elegir un deporte que nos gustaba, sin medir qué vendría después”.

El Milenio: ¿Qué anécdotas recuerda del mundial?

Pelusa Ponce: Tengo muchas anécdotas porque soy una persona que habla con la gente. Me acuerdo que la gente nos seguía, nos paraba, nos regalaba cosas, como aros, prendedores, collares, ropa. Incluso hubo un muchacho que  me paró mientras estábamos paseando para pedirnos autógrafos. Él tenía un sombrero tejano nuevo y yo me lo puse mientras le firmaba el autógrafo, porque me encantaba y para ser más simpática. Cuando se lo quise devolver, no me lo quiso agarrar. Entonces yo le di un beso en la mejilla, porque nosotros los argentinos siempre somos de agradecer o saludar con un beso. Después los mexicanos decían entre risas “vamos a una feria de sombreros a comprarles todos”.

EM: ¿Cuáles eran sus puntos fuertes en la cancha? ¿Qué tenían las futbolistas de su época?  

PP: No sé si era buena jugadora. Yo era defensa y tenía mucha fuerza, mucho porte. Por otro lado, en esa época, el equipo titular ya jugaba hace mucho tiempo y estaban muy bien definidas. Generalmente nos ponían donde hacía falta, buscando siempre que una se defendiera en esas zonas. Recuerdo que una de las delanteras fue Elba Selva, que metió cuatro goles; Betty García tenía mucha garra, y también entraba como un ciclón en el área y era muy atropelladora. Teníamos una mediocampista, una número cinco, que ya falleció, Zunilda Troncoso, que era muy  buena. Todas estaban bien en su puesto.

EM: ¿Cómo fue el regreso y la repercusión tras el triunfo?

PP:  Cuando volvimos solo nos recibieron los familiares de las que pudieron comunicarse, porque en esa época no había celulares y los teléfonos eran pocos. No era como ahora que uno sale en los diarios, en la radio y en los celulares. Entonces, cuando volvimos acá no nos fue a esperar nadie al aeropuerto. Solo Mirtha Legrand invitó a la capitana y a la arquera a uno de sus almuerzos. Nosotras jugamos algunos partidos por un año más, más o menos.  También filmamos un documental que lo pasamos en Córdoba, Unquillo y Río Ceballos, sobre lo importante que es para las chicas saber que nosotras fuimos aquella vez a México y lo que significó para el fútbol femenino.

EM:¿Qué significó para vos la victoria?

PP: Nosotras quedamos como ejemplo. Siempre digo que no hicimos nada especial, creo que ni nos dimos cuenta haciendo, porque fuimos a ejercer un derecho que nos correspondía, que era el de elegir un deporte que nos gustaba, sin medir qué vendría después.


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