DEPORTES
Por: Noah Caminos y Fausto Sauer 4° IENM; Bianca Araya y Santiago Alanis 4° IMVA.
Carreras, marchas, saltos, lanzamientos. El atletismo nació en la Antigua Grecia en el año 776 a. C., más precisamente en Olimpia, donde tuvieron lugar los primeros Juegos Olímpicos. Muchos coinciden en que se trata de un compendio de disciplinas basadas en la individualidad: un deporte solitario, donde la mejora depende de uno mismo y la cuestión colectiva queda relegada a un segundo plano.
Sin embargo, las hermanas Martina (20) y Bianca (15) Araya Díaz ponen en tensión esa teoría y la contradicen con los argumentos de su propia experiencia y del modo en que aprendieron a vivir el deporte desde sus primeros pasos en Sierras Chicas.
En ese sentido, Bianca comenta: “Siempre nos gustó el ambiente, nos pareció muy lindo y sobre todo muy sano. Es cierto, es individual, pero también siento que en parte es colectivo. Siempre estamos pendientes: si un amigo compite a tal hora lo voy a alentar o a darle una mano”.
Por su parte, Martina destaca la importancia de encontrar un espacio de pertenencia y recuerda que comenzó a practicar atletismo luego de dejar hockey, cuando el resto de sus compañeras dejó el club.
“Me quedé medio sola y necesitaba hacer algo. Uno de los deportes que quedaba en el Instituto Milenio Villa Allende era atletismo, y ahí fui. Honestamente al principio no estaba muy interesada porque pensé que era solamente correr. No sabía que había tanta variedad de pruebas”, recuerda la joven atleta.
Ese lugar de identificación que había perdido fue exactamente lo que encontró —bajo una nueva forma—. La mayor de las Araya sostiene que las competencias, lejos de ser un espacio donde todos se congregan únicamente detrás de una marca personal, son ámbitos de intercambio y de generación de nuevos vínculos.
“Compartimos muchas veces con las mismas personas y nos preguntamos entre nosotros cómo estamos o cómo nos fue. La mayoría nos manejamos con mucho compañerismo y no es así solamente en Mendiolaza o en Córdoba, sino en todos lados. Uno nunca sabe lo que está atravesando la otra persona o lo que le cuesta llegar a tal lugar a competir. Cuando competimos estamos todos contentos de estar haciendo lo que nos gusta”, valora.
Un vínculo que se entrena a diario
¿La hermandad es algo que viene dado o algo que se construye? ¿Qué puertas abre y cuáles complejiza el hecho de compartir la misma pasión? Bianca sonríe y responde entre risas: “Por ahí pasamos demasiado tiempo juntas, en casa, entrenando y a veces salimos a pasear juntas. Tenemos nuestras diferencias”.
Martina asiente y complementa con complicidad: “Nos peleamos cinco minutos y se nos pasa. El deporte no nos divide, todo lo contrario. Lo máximo en lo que podemos llegar a competir —y nos reímos de eso— es cuando vamos a hacer pasadas y por ahí yo le digo ‘te gané en esta’ y ella me devuelve ‘pero acordate cómo te gané en la otra’, pero desde un lugar muy sano”
“De hecho, pienso que si algún día en un nacional nos toca competir una contra otra y me gana, la voy a aplaudir. Sabemos que en algún momento nos vamos a cruzar y va a estar todo bien. Fuimos criadas con mucho cariño y sintiendo que ambas valíamos. Ojalá todo el mundo tuviera un vínculo como el que yo tengo con Bianca. Siempre que hablo de mi hermana lloro un poco de la emoción. No sé qué haría sin ella”, agrega.


Ambas comenzaron impulsadas por otro apasionado en promover el deporte en Sierras Chicas: Juan Farías, fundador de la Escuela de Atletismo Milenio, quien dedicó años de su vida a instalar la disciplina a partir de su talento y su capacidad para contagiar entusiasmo.
Para la dupla, el legado de Juan —quien falleció a mediados de 2021— sigue ahí, resultando vital para darles impulso ante las dificultades, que no son pocas y se presentan constantemente en esta carrera por superarse en una disciplina que no cuenta con demasiado apoyo.
“Yo siento que mucho de lo bueno que sentimos en torno a este deporte viene de lo que nos inculcó nuestro profe. Yo lo tengo en mi cabeza como el creador de sueños. Fue una persona que siempre nos inspiró a apoyarnos, a mejorarnos, a sacar afuera nuestra mejor versión. Perder a Juan en 2021 por el COVID fue el golpe más fuerte que sufrimos en este deporte. Sí, hemos tenido lesiones que te limitan y te bajonean, pero ninguna de esas situaciones se compara con perder a un referente así”, reflexiona Martina.
Contra todo

Entre los obstáculos para seguir compitiendo en el máximo nivel posible, el factor económico resulta determinante. En las copas o competencias nacionales, las provincias o el Estado nacional financian a las distintas federaciones para ofrecer alojamiento a los atletas, pero el resto de los gastos corre por cuenta de los propios deportistas.
En el medio, Bianca, Martina y su familia hacen un enorme esfuerzo para poder llegar a los diferentes certámenes. No obstante, para dar un salto competitivo aún mayor, las Araya necesitan medirse con las mejores a nivel internacional.
Al respecto, Martina explica: “A mí me han invitado a tres Grand Prix internacionales y no pude ir a ninguno porque eran muy caros y no los podíamos pagar. La invitación no es más que eso; pero en este momento competimos en las instancias que podemos afrontar económicamente”.
Igualmente, el camino de las hermanas recién comienza y la meta es clara: medirse con las mejores y representar a la Argentina en torneos internacionales y si algo las caracteriza es que no se conforman con menos que su mejor versión.

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