7 abril, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Villa Allende: Panacea, la cura a todos los males

Por: Yaco Farías, Agustín De Maussion e Ignacio Córdoba (IENM).


Ubicada en Villa Allende, en el cruce de calles 9 de Julio 297 y Tablada, se encuentra Panacea Bakery Gluten Free, la única panadería libre de gluten de la ciudad.

Según explicó Verónica Cruz, fundadora del emprendimiento, todo surgió de una necesidad personal y familiar. Cuando a su hijo menor, Tomy, le diagnosticaron celiaquía, la familia decidió comprar una máquina de hacer pan y empezaron a experimentar para crear un pan sin gluten que siguiera teniendo el mismo sabor casero y artesanal.

“Siempre fuimos una familia de comer mucho y, cuando le diagnosticaron celiaquía, la verdad es que nos pusimos a investigar cómo poder ofrecerle un pan muy rico”, explicó Verónica a El Milenio.

De esta manera, decidieron no consumir más alimentos con gluten en casa para evitar la contaminación cruzada y facilitar la vida diaria de Tomy. Pero con el tiempo, sus propias creaciones resultaron tan deliciosas que comenzaron a ofrecer a vecinos y amigos; facturas, panes, criollos y demás delicias iban apareciendo en las mesas de muchas familias sierraschiquenses.

De esta manera, el buen recibimiento de estos alimentos y las ganas de emprender terminaron de dar forma a Panacea. Un emprendimiento que actualmente no opera únicamente en Villa Allende, sino también en Carlos Paz, y que tiene como objetivo expandirse hacia más lugares, como Córdoba capital donde abrirá un nuevo local a fines de este año.

“Somos un equipo de trabajo apasionado que trabaja todos los días para que toda persona que entra se sienta bienvenida y cuidada”, exclamó emocionada la entrevistada.

El Milenio: ¿Cómo surgió el proyecto?

Verónica Cruz: Nuestro hijo fue el motor que nos impulsó a crear algo que no existía en ese entonces: un pan sin gluten que no solo fuera seguro, sino que también tuviera el sabor y la textura de un pan tradicional. 

Comenzó como una necesidad familiar y se fue transformando en un sueño que, con el tiempo, tomó forma de emprendimiento. De alguna manera, llegó en un momento muy especial de nuestras vidas. 

EM: ¿Por qué decidiste nombrarlo «Panacea»?

VC: Elegí el nombre Panacea porque significa «el remedio para todos los males». Sentí que encajaba perfectamente con lo que quería lograr: que las personas celíacas y no celíacas pudieran compartir la mesa sin barreras ni diferencias. Panacea simboliza unión, bienestar y la posibilidad de disfrutar de algo tan simple y esencial como el pan de cada día.

EM: ¿Quiénes conforman el equipo de trabajo de Panacea?

VC: Actualmente, mi esposo, Raúl, y yo estamos al frente del emprendimiento. Contamos con un equipo de operarios que trabajan de lunes a sábado en turno mañana. En la sucursal de Carlos Paz hay dos personas por turno en el sector de ventas. Hemos logrado estructurar la parte administrativa y estamos todavía en proceso de diferenciar otras áreas en el organigrama, como recursos humanos y packaging, con planes de contratar más personal. También nos apoyamos en consultores externos para áreas como contabilidad, gestión de redes sociales y asesoramiento legal para la política interna y derechos laborales.

EM: ¿Cómo está organizado actualmente el emprendimiento?

VC: Hoy contamos con una planta propia que nos permite garantizar seguridad alimentaria y estandarización. Además, tenemos dos sucursales en Villa Allende y una más en el parque industrial. Esto nos permite seguir creciendo y contar con un equipo de trabajo comprometido y apasionado que trabaja todos los días para que cada persona que entra a Panacea se sienta bienvenida y cuidada.

EM: ¿Cómo ha sido la recepción del público en estos tres años? ¿Costó mucho darse a conocer?

VC: La recepción fue increíblemente cálida. Desde el inicio, la comunidad celíaca nos abrazó porque no solamente nos estaban comprando un producto, estaban escuchando la pregunta: «¿Es todo sin gluten?». No lo pueden creer, se sorprenden de la variedad de productos, su presentación y su sabor característico, que es casero. Claro que costó darse a conocer: fueron años de trabajo, de inversiones, de mostrar el producto, de promocionarlo. Pero el boca a boca y la fidelidad de nuestros clientes hicieron crecer a Panacea más de lo que alguna vez imaginamos.

EM: ¿Por qué crees que las personas eligen este emprendimiento (tanto las celíacas como las no celíacas)?

VC: Creemos que nos eligen porque ofrecemos mucho más que un producto: ofrecemos alimentos deliciosos, que conservan su sabor artesanal, están elaborados con ingredientes naturales, sin conservantes, y brindan una experiencia compartida. Las personas celíacas se sorprenden al descubrir que lo «sin gluten» puede ser tan seguro y rico como lo común. Panacea logró unir esas dos realidades en una misma mesa.

EM: ¿Ustedes se dedican totalmente a Panacea?

VC: Fui docente durante 22 años y pedí una licencia sin goce de sueldo por dos años, apostando completamente al proyecto. Expreso mi pasión y disfrute por lo que hago, y no planeo regresar a la docencia. Mi esposo, informático, también redujo su tiempo en sus proyectos anteriores para dedicarse más a Panacea, trabajando en una modalidad de «mitad y mitad». Ambos estamos «enamorados del proyecto» y lo priorizamos sobre nuestras anteriores profesiones, aunque él todavía mantiene algunos compromisos laborales externos.

EM: ¿Cómo fue la transición de docente a emprendedora?

VC: Fue un salto lleno de miedos e incertidumbres; me llevó dos años tomar la decisión, pero también estuvo lleno de ilusión. Como docente estaba acostumbrada a enseñar, acompañar y organizar. Esas herramientas me ayudaron a dar los primeros pasos como emprendedora, aunque tuve que aprender desde cero en lo comercial, lo productivo y lo administrativo. Fue desafiante, pero descubrí una nueva vocación que me llena de energía y sueños.

EM: ¿Qué desafíos superaste o estás superando a lo largo del proyecto?

VC: Hubo muchos: desde la búsqueda y capacitación de personal, adaptar recetas y crear un centro de producción libre de gluten, hasta ganarnos la confianza de los clientes. También nos enfrentamos a la falta de recursos y a la exigencia de sostener una producción de alta calidad con la materia prima que conseguimos.


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