CULTURA
- Por: Tomás Barrera y Benjamín Rota 4° IMVA; Carolina Rodríguez, Lucas Paiva y Julieta Mercuri 4° IENM.
Creció entre instrumentos, cables y escenarios. Así, dedicarse al arte no fue una elección repentina para Tomás Luján, sino un entorno natural que lo rodeó desde que tiene memoria. Es que, tanto su padre como su abuelo son músicos, y aunque en su casa no había batería, fue ese instrumento el que llamó su atención desde muy pequeño. “Quizás eso mismo me hizo elegirla”, reflexionó al respecto.
Su primera experiencia profesional llegó a los 13 años, casi sin darse cuenta, cuando acompañó a su padre a una prueba de sonido de Cacho Buenaventura. “Siempre estaba ahí, jugando, queriendo formar parte”, recordó. Más tarde, el humorista le dio la oportunidad de subir al escenario. Al verano siguiente, ya formaba parte del staff.
“Viajábamos, tocábamos mucho y encima lo hacía con mi papá y mi hermano, que es bajista. Fue como ir a una escuela: aprendí a ser responsable, a prepararme, a llegar a horario”, recordó.
Desde entonces, su formación fue constante. Luján destacó a cada uno de los profesores que lo guiaron en distintas etapas: tanto aquel primer docente que, a sus seis años, le propuso tocar temas de los Beatles, hasta referentes técnicos como Esteban Gutiérrez, o estilísticos como Palín Sosa, con quienes estudió en La Colmena.
También pasó por la Universidad Nacional de Villa María, donde se sumergió en un enfoque más integral, con materias como piano, armonía y lenguaje musical. Hoy, el cordobés se consolida en la escena musical argentina, girando con la popstar, Lali Espósito.

El Milenio: En lo técnico y expresivo, ¿qué crees que aportás en cada formación en la que participás?
Tomás Lujan: Creo que la libertad de encarar las cosas divirtiéndome hacen que necesiten de mí, de alguna manera. Acá hay miles de bateristas y todos buenos, pero son esas cosas lo que hacen la diferencia. Uno no lo piensa, pero te lo dice otra persona y te cae la ficha. Hace poco me dijeron que soy muy divertido y que llevo buena onda a los equipos. Se sabe que he tocado mucho tiempo, que nunca hubo problemas y entonces, hay un momento en que te empiezan a mirar por lo que generás en el equipo.
EM: A lo largo de tu carrera tocaste distintos géneros, desde el jazz fusión hasta el pop o el rap ¿En qué estilos te sentís más cómodo o identificado como baterista? ¿Cuál es el que más te desafía?
TL: Con el que más me siento identificado de alguna manera es el jazz. En mi casa se escuchaba mucho esa música y mucho folklore. Sin embargo, siempre me gustaron muchos estilos. En casa había una pared de discos donde yo iba de chico y ponía uno de Mercedes Sosa, siempre era manija de querer aprender cosas nuevas y eso me permitió que hoy pueda tocar diferentes estilos, y que, en casi cualquier proyecto que se me presente pueda resolver; siempre desde el lado del amor a la música, no de la obligación de “tengo que aprender a tocar el rap porque posiblemente me llame un artista de rap”. Siempre fue por un interés musical y por ganas de aprender cosas nuevas.
Sin embargo, cuando toco jazz, siento libertad, me hace sentir como pez en el agua y trato incluso de encarar los otros estilos un poco «jazzeramente», vamos a decirlo.
Quizás sea propio de género la libertad de improvisar, de estar conectado con la música. Siempre trato de subirme al escenario y que salga el niño interior y que se divierta. Si la paso mal, no me gusta.

EM: ¿Qué te interesa explorar cuando te sumas a un nuevo proyecto musical? ¿Cómo decidís con qué artistas trabajar?
TL: Hace 4 años que vivo en Buenos Aires, y tuve la oportunidad de trabajar con muchos artistas grandes, y ahora, en este momento de mi carrera, me está importando mucho conocer cómo es el artista. Trato de ver entrevistas para saber qué piensan más allá de la música, buscando elegir por la persona con la que voy a tocar, por cómo es. Me gusta mucho eso y las oportunidades que van saliendo. Esto no es sólo por cómo tocas, sino por cómo te relacionas con la gente. Es un trabajo y me gusta que las condiciones laborales también sean buenas.
Por otro lado, hay proyectos que te proponen trabajo durante todo el año, por ejemplo. Entonces, trato de ir por el que me dé más estabilidad de alguna manera.
EM: ¿Cuáles son tus principales referentes musicales?
TL: Trato de separar referentes reales de los ídolos. Los reales son todos los que tengo al lado, mi viejo, mis amigos, que son músicos increíbles todos. Son referentes directos, de juntarnos a tocar, aprender y charlar con ellos. Mi familia, que son muchos, me han influenciado sin duda. Después tengo referentes musicales, ídolos totales, bateristas cómo Brian Blade, de jazz, quien hace poco vino a tocar al Movistar Arena con Norah Jones. De la producción le contaron que lo tenía tatuado, entonces al otro día me llamaron y se quiso juntar conmigo.

EM: ¿Cómo fue tu experiencia al tocar con artistas como Cacho Buenaventura, Lit Killah o Lali? ¿Qué aprendizaje te dejó cada uno?
TL: Siempre traté de hacer mi camino y también crecer del lado personal y entregarme al 100% al proyecto de otro y hacer mi camino. Ahora se me están abriendo puertas cada vez más grandes, pero siento que la música no entra tanto en juego, porque eso lo trabajo yo en mi sala, estudiando solo, escuchando música y eso es algo que me gusta. Es más lo que aprendo de ellos pero como personas. Con Lali estoy trabajando hace muy poco, y en particular ella es muy crack, porque trabaja desde muy chica, entonces tiene un profesionalismo y una entrega al proyecto que yo nunca lo vi antes. Estar ensayando desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, primero con los bailarines, después con nosotros y siempre tirando para arriba al resto del equipo. Es una gran líder,así que aprendo muchas cosas. Con Cacho aprendí a trabajar, con Lit Killah fueron mis primeros dos shows grandes, donde hemos llegado a tocar frente a 250.000 personas. Esos son aprendizajes que van más allá de lo musical.

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