10 abril, 2026

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Volver a la fuente: la obstetricia como camino de vida

Eugenia Alba forma parte del equipo pionero que marcó un hito en la Maternidad Provincial de Córdoba con la incorporación de parteras al sistema público. Entre la labor independiente y el trabajo institucional, su recorrido encarna una transformación profunda: recuperar saberes desplazados, acompañar con respeto y volver a poner en el centro a quienes paren y sus familias.

SOCIEDAD

  • Por: Jano Conti y Agustín Fernández  6° IMVA; Martina Perotti y Nicolás Reyna  6° IENM.

En noviembre de 2024, el sistema de salud pública de Córdoba vivió un hecho histórico: por primera vez en más de cuarenta años, la Maternidad Provincial “Juan B. Bustos” —institución clave en la atención perinatal— incorporó a diez licenciadas en obstetricia para formar parte de su equipo profesional, entre las que se encontraba Eugenia Alba.

En este sentido, la vecina de Río Ceballos, que también es doula, cuenta: “Desde la dictadura, cuando cerraron la carrera de obstetricia, fuimos reemplazadas por médicos generalistas o residentes”. Sin embargo, esta medida recupera conocimientos profesionales y especializados. “Sabemos detectar cuándo intervenir y cuándo simplemente acompañar”, agrega.

Esta incorporación, considerada un hito por su valor simbólico y sanitario, forma parte de una experiencia piloto que busca mejorar la atención a personas gestantes, durante el embarazo, parto y posparto, promoviendo un modelo más respetuoso de los tiempos fisiológicos y los derechos de las familias.

De este modo, la iniciativa se alinea con la Ley 25.929 de parto humanizado y con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que resalta el rol clave de las parteras para reducir intervenciones innecesarias y mejorar la experiencia del parto.

Así, Alba, con más de 13 años de trabajo, articula formación académica con saberes ancestrales, ciencia con escucha activa y tecnología con cuidado emocional. Desde su perspectiva, el nacimiento no es solo un evento clínico, sino un momento fundante que merece ser habitado con presencia, confianza y respeto. “Sólo estoy al servicio de esa vida que llega y de quien la está trayendo. Lo demás, es magia compartida”, asegura la entrevistada a El Milenio.

@nacerparaamar_, el equipo que Eugenia Alba integra junto a la doula Dorcas Malbrán, acompaña nacimientos, procesos vitales y la formación de nuevas doulas.

El Milenio: ¿Qué te motivó a estudiar Obstetricia?

Eugenia Alba: Lo que me impulsó fue la maravilla de la vida humana. A pesar de cualquier adversidad o contexto, la vida sucede. Me atrapaba la fisiología, el milagro de cómo un ser humano se forma dentro de otro. Esa posibilidad de acompañar tan de cerca estos procesos me parecía profundamente inspiradora. Y no se trata solo de la mujer gestante, sino también de su entorno, de su familia, que también se transforma.

EM: ¿Cómo fue tu primera experiencia atendiendo partos y acompañando a personas gestantes?


EA: Tuve dos iniciaciones muy distintas pero igual de fundantes. La primera fue en un hospital escuela de Paysandú, Uruguay, donde hice prácticas mientras estudiaba. Allí, las parteras tenían a su cargo toda el área de maternidad, desde la preconcepción hasta el puerperio. Recuerdo el nacimiento de un bebé al que simplemente tuve que recibir. No hice maniobras, no intervine. Al principio pensé que me había olvidado de algo, que me había faltado hacer “lo correcto”. Pero la partera que me supervisaba me dijo algo que nunca olvidé: “Euge, muchas veces el parto se hace solo”. Esa frase quedó resonando en mí.

EM: A lo largo de tu carrera, ¿hubo algún otro momento o experiencia que haya marcado un cambio en tu forma de ejercer la profesión?

EA: La segunda iniciación fue más íntima y reveladora. Ya recibida e instalada en Córdoba, conocí a Diana Rosenmeyer y me sumé a su proyecto de nacimientos domiciliarios que se llamaba Escuela de Parteras del Siglo XXl. Me invitó a un parto en Alta Gracia. Fue una experiencia profundamente transformadora. La mujer paría en su casa, frente al fuego, abrazada por la penumbra y la noche estrellada. No necesité más que mi presencia y mis manos para recibir a Alaia. Sentí que en esa mujer estaba todo el saber y el poder. Solo tenía que estar disponible para el misterio de la vida. Fue ahí cuando entendí que el rol de la partera es mucho más que una técnica: es custodiar lo sagrado del nacimiento, que los partos muchas veces se “hacen solos” y que esto tiene que ver con la confianza que esta mujer tenga de sí, de su cuerpo y de quien la esté acompañando en ese momento tan crucial en la vida de cada familia, que vuelve a nacer con cada hijo, con cada parto.

@eugepartera: “Nuestro rol es acompañar desde el respeto y la humildad, resguardando los derechos de las personas gestantes y sus familias”.

EM: ¿Qué implica trabajar desde un enfoque de derechos en la práctica concreta que llevás adelante?

EA: Implica estar atenta, presente, dispuesta a correrse del centro, recordar que eso que está ocurriendo —el nacimiento— ya sucedía mucho antes de que llegáramos; que no somos heroínas ni salvadoras. Nuestro rol es acompañar desde el respeto y la humildad, resguardando los derechos de las personas gestantes y sus familias, incluso en los contextos más hostiles o tecnificados.

EM: ¿Qué tensiones ves entre el modelo biomédico y los enfoques feministas y comunitarios, y cómo las abordan desde su rol en la Maternidad?

EA: Es un gran desafío. Por la cantidad de pacientes, el ritmo del hospital y la falta de personal calificado en salud perinatal, muchas veces las gestantes llegan al parto sin información, sin haber sido escuchadas. Desde mi lugar, trato de frenar esa lógica. Me presento, las miro a los ojos, explico qué está pasando, qué pueden hacer, cómo conectarse con su cuerpo y su bebé. Les hablo, las invito a moverse, a respirar. Mis compañeros muchas veces no comprenden qué hago, pero ven el efecto. Me dicen “la Euge hace magia”. Yo me río, y les explico que sólo estoy al servicio de ese momento único e irrepetible.

“El rol de la partera es mucho más que una técnica: es custodiar lo sagrado del nacimiento. Los partos muchas veces se “hacen solos” y esto tiene que ver con la confianza que esta mujer tenga de sí, de su cuerpo y de quien la esté acompañando”.

EM: ¿Qué cambios te gustaría ver —o ya estás viendo— en el sistema de salud?

EA: Hay cosas que han mejorado, especialmente en el trabajo de parto: hoy se habilita el movimiento libre, el uso de pelotas, la ducha caliente, el contacto piel con piel después del nacimiento. Pero aún falta. Necesitamos respetar los tiempos fisiológicos, habilitar otras posiciones para parir, generar ambientes íntimos, con luz tenue, con silencio. Evitar intervenciones innecesarias. La ley 25.929 respalda todo esto, pero es poco conocida y menos aplicada. Creo que los verdaderos cambios vendrán de la mano de las propias familias que exijan ser protagonistas de sus partos.

EM: Respecto de la carrera de obstetricia en Córdoba, ¿Por qué creés que el gobierno demora en reabrirla?

EA: No tengo una respuesta concreta. Lo que sí sé es que está cajoneada desde hace años. Las parteras siempre fuimos fundamentales en la salud de las comunidades. Hoy necesitamos una ley actualizada, condiciones laborales dignas, acceso a la formación continua, participación en espacios docentes. Tenemos muchísimo para ofrecer. Nos merecemos ser reconocidas como lo somos en muchos otros países del mundo.


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