CULTURA
- Por: Jano Conti y Agustín Fernández 6° IMVA; Martina Perotti y Nicolás Reyna 6° IENM.
“El mimo no necesariamente busca hacer reír; es un arte que trabaja con la corporalidad, contando algo desde el cuerpo”, sostiene Guillermo, quien presentó tanto talleres como obras en numerosos espacios, con el fin de compartir su arte.
Su última propuesta, “Procrastinar el gesto”, se gestó a partir de diversos viajes y situaciones que le llamaron la atención para trasladarlos, posteriormente, al mimodrama. “Son pequeñas rutinas de mimo, que duran pocos minutos cada una, y es un espectáculo clásico”, comentó al respecto.
Además, su experimentación en el teatro cordobés y como docente egresado de la Escuela Roberto Arlt, le hizo notar que este lenguaje escénico no es aún reconocido dentro de los espacios académicos.
En esa búsqueda de reivindicación de lo que muchos consideran “un arte menor”, Vanadía apuesta por incentivar su desarrollo en la comunidad.

El Milenio: ¿Cómo te involucraste con la comedia física?
Guillermo Vanadía: En principio, soy docente de teatro y, cuando estaba estudiando en la Universidad Provincial de Córdoba, descubrí que algunos profes hacían otro tipo de teatro que no era el teatro de la palabra. Entonces, empecé a preguntarles dónde habían estudiado y así empecé a investigar un poco, me fui a Buenos Aires y ahí tomé cursos de mimo, de payaso, y de a poco empecé a descubrir material audiovisual y grupos de otros lugares del mundo. Ese fue el acercamiento, porque en donde estudié no tenía materias de comedia física; tenía que ver con la palabra o el teatro más hablado, pero no el físico. Así fui probando y haciendo obras cada vez un poco más cerca de este género.
EM: ¿Y de qué se trata entonces ser un mimo?
GV: En principio creo que tiene que ver con acercarse a un imaginario con el público a través de la gestualidad que desarrolla el actor. Si yo hago un gesto, de alguna manera transmito al público mis pensamientos o alguna idea. A muchos artistas de otras ramas se los considera mimos por esta capacidad que tienen de acercarse a un otro está viendo o está sintiendo sin necesidad de palabras. Porque la palabra define mucho a algo o alguien y tienen una carga muy fuerte. El gesto es un poco más ambiguo y te permite libertad a la hora de definir algo.
Además está la estética que se utiliza, muchos conocen el género por la cara pintada en blanco y negro, pero hay más. Entonces surgen muchas preguntas: ¿Qué se considera mimo “puro”? ¿Se pinta la cara o no? ¿Es de la calle? ¿Es del teatro? En definitiva, ¿Cuáles son sus lugares de representación?
EM: ¿Cómo sentís que se ha relacionado tu niñez con lo que hacés hoy en día?
GV: Tiene una relación directa. Creo que hay algo de revelarme un poco, de enojarme con el mundo, de no querer ser lo que todo el mundo es. Para mí tiene que ver con mi infancia, con las ganas de seguir jugando y como una búsqueda de rebeldía, de querer constantemente estar tembloroso, que me guste hacer las cosas, que me guste vivir, que tenga ganas de enojarme, etc.
Necesito eso de rebelión tratando de ser algo único, irrepetible, de que no me metan en un frasco. Por eso quiero seguir sosteniendo ese lugar de descubrir, de curiosidad, de entusiasmo, de sorpresa. Necesito que algo me sacuda.

EM: ¿Cuáles son los mayores desafíos a los que te enfrentás?
GV: A veces veo que la gente lo tiene como algo peyorativo, incluso parte de nuestra misma comunidad, es decir como un arte menor. Entonces me da una sensación de revancha para poder reivindicarlo, de pensar que si hay un montón de personas que lo consideran así, mi desafío es hoy que el mimo se vea como un arte importante, que si la gente empieza a estudiar mimo sea porque encuentra una posibilidad.
Y lo digo entre tanta vida virtual, es la oportunidad de acercarse a un imaginario poderoso para transformar un montón de cosas dentro de la vida. El mimo en la gestualidad tiene una posibilidad muy grande de ampliación, de poder viajar, de conocer otras personas, otros mundos. A mí me encanta viajar y voy por todos lados con mi arte. Estuve en Madrid, en Uruguay, el año pasado en México y esto es algo que llevo puesto, voy con una mochila y puedo ir a actuar en un teatro, o voy a una escuela y ofrezco una función, o voy a un semáforo.
EM: Sobre tu última obra, “Procrastinar el gesto”, ¿Cómo se desarrolla y cuáles son tus expectativas?
GV: Se trata de mimodramas, que son obras que se representan en poco tiempo; el público ve un desarrollo muy cortito y pasa otra cosa. La fui creando como pequeños rincones en viajes, se me fueron ocurriendo cosas o algo que estaba pasando que veía y me llamaba la atención.
Con respecto a qué expectativas tengo, me gustaría hacerlo en un montón de lugares, como en escuelas. Me gusta que la gente flashee y tenga una hora viendo el gesto en silencio, disfrutando de ese ritual del silencio y de la creación. Y también Ir a todos lados, viajar con la obra.

EM: ¿Qué te gusta del público de Sierras Chicas?
GV: Un poco más de cierta intimidad, porque en las ciudades grandes como que cada uno está en la suya. No sé si está tanto el nivel de comunidad de los lugares pequeños. No sé si es natural o cultural, pero vos te conocés con todo el mundo, uno se cruza muchas veces con las personas y me pasa que ya conocen mi trabajo.
EM: ¿Qué talleres estás dictando actualmente?
GV: Estuve dando clases en La Beba Teatro y en El Cosquilleo de Río Ceballos. A veces doy seminarios en la Universidad Popular y en la sala Caminito Serrano.
Actualmente, está funcionando un taller de mimo para todo público los sábados en el Paseo de las Artes, en Córdoba. Y además brindo seminarios de payaso, de humor físico, de impro cómico, que es una técnica también de comedia, de improvisación. También seminarios de comedia del arte, que es un género italiano cómico que se trabaja con máscara. Si bien soy docente de teatro, mi rama va más a las artes del humor físico.

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