Lucila Policicchio y Luna Conte (IENM)
Vir Molina es una pastelera autodidacta que inicialmente trabajó en un call center antes de decidir dedicarse por completo a su pasión por la repostería. Su trayectoria comenzó desde muy chica en la cocina de su casa, donde horneaba pasteles y otras delicias. Esta pasión continuó en su adultez con la inauguración de su propia casa de té en Mendiolaza, un emprendimiento que la ayudó a ganar reconocimiento como “la pastelera de El Talar” y le sirvió como plataforma para “salir de la sombra” y conectar con los clientes.
“Todo comenzó cuando, con mi hermana, horneábamos y vendíamos magdalenas y pastafrolas”, explicó Vir a El Milenio. Ella se encargaba de la venta, a pesar de ser más joven que su hermana, quien la ayudaba con la preparación.
Tiempo después, antes de su primer embarazo y a causa de un robo, Vir tuvo que renunciar a su trabajo de ese entonces —una tienda de ropa— y comenzó a hacer tortas gratuitas para sus familiares. Luego, a través del boca a boca, vecinos y amigos le empezaron a encargar y comprar sus creaciones, lo que la motivó a especializarse y estudiar más sobre el tema. Por eso decidió estudiar en Celia y formarse en pastelería, al darse cuenta de que le gustaba y quería mejorar.
Luego de un tiempo, Vir comenzó a trabajar en un call center mientras continuaba haciendo tortas desde casa, con la pastelería creciendo cada vez más en ventas. A los siete meses de embarazo de su hija, renunció a su trabajo de ese momento y decidió abrir una casa de té en Mendiolaza.
“La casa de té fue un paso importante para mí, me permitió adquirir experiencia en un puesto de atención al público y forjar una reputación como la pastelera de Mendiolaza”.
No obstante, a causa de la pandemia de COVID-19, la entrevistada tuvo que cerrar temporalmente su emprendimiento, lo que, lejos de desanimarla, la llevó a enfocarse en la entrega de tortas los fines de semana desde su casa. Descubriendo que esa modalidad era más rentable económicamente y le permitía tener un mejor equilibrio entre vida personal y laboral. Según comentó a este medio, fue un “clic” mental, una oportunidad de impartir clases y ofrecer talleres en línea, centrándose en la enseñanza y la creación de pasteles decorados.
El Milenio se contactó con Vir para conocer más sobre su emprendimiento, que actualmente tiene sede en Villa Allende.

El Milenio: ¿Cómo describís tu filosofía de enseñanza y el ambiente de su academia?
Vir Molina: Enfatizo un estilo de enseñanza cálido y accesible, contrastándolo con la frialdad que suele percibirse en la educación culinaria tradicional. Intento fomentar un sentimiento de cercanía y ánimo, diciéndoles a los estudiantes: «pueden hacerlo» y «crean en el proceso«. El esquema de color rosa de la academia no solo tiene una finalidad estética, sino que busca crear un ambiente cálido, acogedor y emocionalmente resonante, reflejando mi convicción de que la repostería conecta con las personas a nivel emocional a través de eventos alegres.
EM: ¿Qué importancia le dás a la decoración en la pastelería?
VM: Me centro en la repostería decorada porque la considero más que solo comida; se trata de crear «mini obras de arte comestibles«. Me resulta más rentable que la repostería tradicional y creo que ofrece un buen equilibrio, especialmente para quienes tienen poco tiempo. Este enfoque me permite combinar mis habilidades artísticas con mi pasión por la repostería, organizando eventos que celebran la felicidad y la conexión.
EM: ¿Te considerás una persona en continuo aprendizaje?
VM: Me dedico al aprendizaje continuo y a la superación personal. Inicialmente estudié en Celia y continúo tomando cursos en línea con profesionales de todo el mundo, incluso de países como China. Busco activamente oportunidades para aprender nuevas técnicas, incluso si no son comercialmente viables de inmediato, lo que demuestra mi pasión por ampliar mis conocimientos y habilidades.
EM: ¿Cómo fue el apoyo de tu familia en todo este viaje por la pastelería?
VM: Mi familia, en particular mi esposo e hijos, son mi principal apoyo. Mi esposo me anima constantemente a afrontar nuevos retos y oportunidades, mientras que mis hijos son mi motivación e inspiración. Mi negocio también es un asunto familiar, con mis hijos presentes a menudo y mi hija incluso mostrando interés en convertirse en pastelera. Mis familiares me acompañan a menudo en viajes de negocios, lo que demuestra sus papeles fundamentales en mi vida y trabajo.
EM: ¿Qué importancia tienen las redes sociales y las plataformas en línea para tu negocio?
VM: Las redes sociales son cruciales para mi negocio, ya que me permiten llegar a un público más amplio más allá de mi localidad y conectar con estudiantes de diferentes provincias e incluso, potencialmente, del extranjero. Plataformas como Instagram son mi principal canal para compartir mi trabajo, ofreciendo consejos gratuitos para mostrar mis habilidades y animar a la gente a tomar sus cursos de pago. También ofrezco cursos virtuales y libros electrónicos para quienes no pueden asistir a clases presenciales, reconociendo la importancia de la accesibilidad en línea.
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