9 abril, 2026

El Milenio

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Antenas: Alerta 5G

La llegada de la quinta generación de redes móviles entusiasma a los fanáticos de la tecnología, pero preocupa a los profesionales de la salud, que alertan sobre los efectos negativos que el uso de altas frecuencias y una mayor cantidad de antenas pueden implicar. En Unquillo, vecinos presentaron un proyecto para declarar al pueblo “libre de 5G” hasta tanto se demuestre que la radiación no sea dañina.

Sociedad

Por: Francina Restelli, Guillermo Rodríguez y Sol Flores 4° IENM – Jeremías Suarez, Rocío Mapelli y Ámbar García 4° IMVA.


Para el mundo de la tecnología y las telecomunicaciones, la llegada de la quinta generación de redes móviles (5G) plantea la posibilidad de dar un salto en la capacidad de transferencia móvil de información digital para todo tipo de dispositivos. Así, se amplía significativamente tanto la velocidad de envío de datos como la capacidad del canal de transmisión (ancho de banda) y los tiempos de respuesta (latencia).

De esta manera, la principal innovación que permiten estos cambios es el aprovechamiento de nuevos rangos de frecuencia dentro del espectro de ondas electromagnéticas utilizadas para la transmisión de información. Mientras que las redes 4G usan frecuencias de hasta 6 GHz, las redes 5G aprovechan nuevos rangos que llegan hasta 300 GHz.

Dichas frecuencias requieren para su funcionamiento una mayor cantidad de antenas ubicadas a menor distancia, lo cual implicaría multiplicar el número de antenas que existen actualmente para lograr la misma cobertura. 

Por eso, para los especialistas, es esperable que el 5G no solo potencie las capacidades digitales, sino también muchos de los problemas que ya se manifiestan hoy en día. Entre ellos, se destacan los que alertan sobre los efectos negativos que pueden tener sobre la salud.

De este lado se encuentra el doctor Medardo Ávila Vázquez, médico pediatra con formación en Neonatología y Epidemiología perinatal, profesor de la Facultad de Medicina de la UNC y actual vecino de Unquillo.

Riesgo encubierto



Como exsecretario de Salud de la ciudad de Córdoba, Ávila Vázquez tiene experiencia en reconocer cuando aquello que se presenta como inofensivo comienza a afectar la salud de la población. Así lo atestiguó a principios de la década del 2000, cuando se topó con el célebre caso de Ituzaingó Anexo.

“Es un barrio que está en el límite con campos que eran fumigados y lo que empezó a suceder es que la gente se enfermaba masivamente de cáncer”, contó el médico que, a partir de esa experiencia comenzó a especializarse en Medicina Ambiental.

“Lo que pasa es que el sistema productivo de nuestra civilización genera muchas exposiciones tóxicas para las personas. Desgraciadamente, recién lo vemos cuando ya tenemos un montón de afectados”, indicó Ávila Vázquez. Y recordó: “Nosotros estábamos convencidos de que los agroquímicos eran seguros. Nos decían que se podía tomar un vaso de glifosato y no pasaba nada”

Hoy, para el profesional, está ocurriendo lo mismo con las personas que viven cerca de las antenas de telefonía, quienes, al estar expuestos permanentemente a esta radiación, han empezado a desarrollar padecimientos similares, acá y en otras partes del mundo.

“Es que los seres humanos somos seres bioeléctricos. Hay una actividad bioeléctrica permanente entre las membranas de las células que conforman nuestro cerebro y nuestro corazón, la cual se ve alterada por los campos electromagnéticos de las telecomunicaciones”, amplió.

Entre los primeros síntomas se encuentran los trastornos conductuales: nerviosismo, irritabilidad, dificultad para dormir y concentrarse, problemas de aprendizaje, entre otros. También aparecen trastornos endócrinos hormonales, que suelen traducirse en infertilidad. Por último, figuran los problemas cardíacos y cánceres.

“En 2018, el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos publicó un estudio hecho en ratas, con diez años de seguimiento, y los resultados fueron terribles. Los animales desarrollaron muchos tumores cerebrales y también de corazón”, informó el médico, destacando también que el cáncer cerebral es el tercer tipo más frecuente en niños, uno de los grupos etarios más sensibles a la radiación, ya que su cerebro está en desarrollo.

 “El sistema productivo de nuestra civilización genera muchas exposiciones tóxicas para las personas. Desgraciadamente, recién lo vemos cuando ya tenemos un montón de afectados”

Medardo Ávila Vázquez

Antenas en el patio


Para el doctor, la única alternativa para quienes ya viven cerca de estas antenas, es exigir que las saquen, como sucedió en Unquillo. “No solo se alejaron las antenas sino que se sancionó una ordenanza que prohíbe que se instalen a menos de 200 metros de las viviendas”, señaló.

En Villa Allende, muchas antenas están instaladas en medio de las casas, como se observa en barrio Golf. Foto gentileza.

En la misma línea, junto a un grupo de vecinos, participó en la presentación de un proyecto de ordenanza que pide declarar a Unquillo “pueblo libre de 5G” hasta tanto se demuestre su inocuidad.

“Las empresas dicen que esta radiación no es dañina pero no hay realmente estudios que lo demuestren, al contrario”, aclaró el médico y apuntó contra el encubrimiento de la industria y la complicidad del sistema político.

Mientras tanto, el avance tecnológico no se detiene ante las dudas. En Sierras Chicas, Villa Allende, La Calera y Saldán ya empezaron a desplegar las redes 5G. Al respecto, Ávila Vázquez apuntó: “No es que estamos en contra de la comunicación, pero realmente hay un salto muy grande del 4G al 5G. Ya no es una antena sola en el monte, sino que te ponen tres por cuadra en los postes de luz. Y la gente a veces ni se entera. En Córdoba las camuflan y las ponen en carteles de publicidad”.

Aunque las luchas vecinales han ganado cierto terreno, una verdadera solución implicaría corregir el rumbo del desarrollo tecnológico. “Todas las comunicaciones se hacen a través de radiaciones electromagnéticas y estas han ido aumentando desde que apareció la radio hasta los celulares de hoy. El tema es que la especie humana se desarrolló, como el resto de la vida, en condiciones de menor radiación a la actual. Es como si en lugar de 12 horas de luz, tuviéramos 24”, explicó.

“Los seres humanos nos olvidamos que somos parte del planeta, nos ponemos por fuera y pensamos que el daño ambiental no nos va a afectar. Pero lo cierto es que la vida sucede en ciertas condiciones y, si las modificamos, tarde o temprano vamos a sufrir, como estamos viendo hoy en día con el cambio climático”, concluyó el profesional.


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