Este fin de semana, las calles de la ciudad de Unquillo volvieron a brillas y mostrar la felicidad de toda una comunidad al celebrarse la edición 86 de la tradicional fiesta de la localidad.
De esta forma, desde las siete de la tarde del pasado sábado 3 de febrero, en la doble avenida San Martín y calles colindantes las familias y turistas pudieron disfrutar de una gran jornada que incluyó espectáculos musicales como el que brindó Cirqué Cordobé, la música de Mariela Martín y Calle Vapor.
Ni hablar de la presencia de las murgas con todo su color y alegría; Sueño de Locos, Imperio de Ouro y La Unquillense, además de la presencia de carrozas llenas de luces y detalles que sorprendieron a los presentes.
Recordemos que pese a la compleja situación económica que atraviesa el país y pese a que se anunció que sería una versión un poco más austera de los festejos, la alegría propia de un pueblo que se niega a interrumpir una tradición que existe desde 1938 hizo que la velada fuera todo un éxito.





Historia de los Corsos
Los corsos nacieron en la legendaria Avenida San Martín o Doble Avenida, como todos la conocen, lugar donde siempre se llevaron a cabo. Allí transcurrieron ocho décadas de tambores, serpentinas, comparsas y espuma que hoy celebran su 82 aniversario. Esa calle, central en la vida del pueblo, fue testigo del esplendor de las primeras carrozas, las risas de los bailes y la belleza de las reinas de cada carnaval.
En el principio, jóvenes y grandes subían a rastrojeros, camiones o a los pocos autos que solían existir y daban unas vueltas por el pueblo. En ese trayecto, se desparramaba en cada rincón alegría, diversión, sonrisas y agua, mucha agua. Los memoriosos, como Luis Zacchini, cuentan que antes de las carrozas, el pueblo se inundaba de vehículos que montaban una especie de obra de teatro cómica. Así desfilaban y se divertían los primeros carnavaleros fingiendo velorios, casamientos, hospitales. Todo dependía de la temática.
Con los años, las cosas pasaron a la órbita de los barrios. Así Unquillo Norte supo tener la carroza del tren, Alto Alegre hizo un Castillo Embrujado y Villa Aurora en los años 70 armó un helicóptero, entre otros recuerdos que el municipio de la ciudad logró reunir.
Con el correr de los años, el agua y el harina fueron reemplazados por la espuma loca y nacieron las murgas, las danzas, el arte circense que invadió cada barrio con sus malabares, piruetas y sus desafíos en destrezas.
Durante los últimos años surgieron nuevas agrupaciones como Los Miguelitos, Aliados de Herbera, Pisadas de Barrio, La Unquillense, Sueño de Locos, Agua de Luna, entre otros.
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