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Conocé la historia de Baschini, una leyenda urbana de los lomitos en las Sierras Chicas

El lomito es por excelencia el sándwich más icónico de Córdoba. Quienes disfrutan de este plato siempre caen en la actitud de compararlo, algunos, hasta se imaginan una lista de jerarquía donde se juzga a cada cadena que se prueba, casi como si fuera una institución. En esta ocasión, te invitamos a conocer la historia de “Bascha”, el carro que fascinó por más de diez años al paladar de los unquillenses.
  • Por Alejo Lucarás.

Haciendo hincapié en la cuestión de la gastronomía, que es el leitmotiv de la historia que se relatará a continuación, uno puede toparse con varios ejemplos míticos como los sándwiches que hacen en “Lo de Quito”, ubicado en Falda del Carmen. No obstante, en esta ocasión nos vamos hasta las Sierras Chicas para adentrarnos en la historia del primer carro de Unquillo. 

Muchos lectores quizás se pregunten el “por qué” de dedicarle un artículo a un “puestito”. La razón es simple: Baschini es una leyenda urbana de los lomitos en la región. Quienes lo conocen, desde los más jóvenes hasta los más grandes, siempre lo tienen presente a la hora de recomendar un lomito. 

Su popularidad, ha llegado un boca a boca que no conoce de límites. Desde estudiantes hasta taxistas, todo aquello que ha probado esta “maravilla” siempre da buenas referencias.  No es poca cosa, teniendo en cuenta que el lomito es probablemente la comida más popular de la provincia y que en este sentido, siempre existió mucha competencia.  


El primer carro de Unquillo

¿Cómo puede ser posible que una comida despierte tanta repercusión y exaltación? Elio Hernán Baschini (47), protagonista y dueño de esta historia, cuenta que todo comenzó hace más de diez años, allá por el 2009 siendo este “el primer carro de Unquillo”, afirma el propio cocinero. 

Fue así que “Bascha”, como le dice cariñosamente la gente, tuvo la osadía de mantener un carro por más de trece años en un país que, precisamente, no se caracteriza por tener la mejor estabilidad económica. A pesar de tantas crisis sufridas, fue acá donde empezó a gestarse la felicidad en forma de pan, carne, huevo frito, jamón, queso y mayonesa casera.

Este pequeño puesto se encuentra ubicado en la esquina de las calles Av. San Martin y Libertad, justo al frente del Centro de Jubilados de Unquillo. Tiene la hermosa particularidad de que abre todos los días, desde las 19:00 hs. hasta las 2:00 de la madrugada. 

El nombre original es “El Carro de Bianca y Gino”, titulado así por los nombres de los hijos que Baschini tiene con su mujer Claudia. Sin embargo, ese nombre nunca existió en el imaginario popular debido a que los pueblerinos lo acuñaron indefectiblemente con el nombre de su autor. 


“Los inicios fueron muy duros, fui el primer carro en esta ciudad, pero seguimos adelante con la familia que siempre apoyó cada instancia. Trabajamos hasta tarde, los domingos, hasta no tenemos vacaciones”, cuenta Hernán Baschini, el autor detrás de la obra. Y por familia, “Bascha” no solo se refiere a los de su sangre, sino también a la gente que siempre los bancó.

“Nunca paramos de trabajar y eso fue gracias a los clientes incondicionales, que terminaron convirtiéndose en amigos”, cuenta Baschini a este medio. “Nos llenan de energía positiva”, agrega.

Para dar cuenta de esa energía, a modo de anécdota pintoresca, Baschini cuenta la vez que unos germanos se llegaron al carro para comer: “Vinieron dos turistas alemanes sin decir saber ni una palabra en español, por lo que tuvimos que entendernos mediante señas. Lo más gracioso fue que en una mesa había un cliente tocando el acordeón, así que terminamos cantando todos abrazados”, cuenta entre risas el cocinero


La felicidad hecha lomito 

La parte más triste de comer un “lomo del Bascha” es cuando se nos acaba. Y es que a medida que uno va gozando de la algarabía de sabores que van tomando lugar en nuestro paladar al ingerirlo, poco a poco uno se percata de que se va terminando la fiesta. Es de esos platos que dan ganas de seguir comiendo por más de que el estómago esté pidiendo piedad.

La carne es sabrosa y tiene el grosor perfecto, a la vez que la mayonesa también es otro protagonista y su sabor no se puede poner en palabras. Cabe aclarar en esta línea, que las papas tampoco se quedan atrás. Hasta se podría decir que son mejores que las de cualquier cadena rápida de comida. 

En cuanto a los precios, los lomitos del “Bascha” van desde los 900 hasta los 1200 pesos. Está el lomo clásico, el “hamburlomo”, de cerdo y pollo. En varias ocasiones, suelen ofrecer empanadas para ir picando. 

Tras realizar un breve e informal relevamiento de la opinión pública sobre la apreciación del lomito, la gente no atina a bajar de la puntuación de “8” sobre una escala de diez. Como de gustos no hay nada escrito, habrá que dejar que eso lo determine el lector.

Hasta el momento, nadie sabe cuál es el secreto de “Bascha”. Las lenguas chismosas del pueblo le atribuyen la magia y el gran sabor a la plancha donde se cocina todo, otros a la calidad de la carne y hasta se atreven a decir que el poder radica en la mayonesa casera. 

No obstante y ante cualquier conjetura, la idiosincrasia de este lomito será por el resto de la eternidad algo que quedará alojado en la mente y manos de Baschini. “Al que todavía no vino, que no pierda la oportunidad de pasar un grato momento y comer un lomo hecho con mucho amor”, concluye Hernán Baschini, invitando de esta forma no solo a los aledaños, sino también a todos los cordobeses que disfrutan de las noblezas del sándwich más popular y exquisito de la provincia.