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Colaboración: Melania Sénneke, Agustina García y Elisa Sánchez (4to IMVA). Santiago Martoglio y Pedro Bergero (4to IENM).

(Río Ceballos) – Frecuentemente, la vorágine del día a día nos sobrepasa y nos impide afrontar los desafíos cotidianos. Ante esta situación, es común que aparezca el estrés, la ansiedad y los bloqueos que afectan la calidad de vida y que, a su vez, derivan en frustraciones. Frente a esto, diversas disciplinas buscan ofrecer una salida para la superación de tales problemáticas.

Una de ellas es el coaching ontológico, práctica profesional basada en la realización de sesiones donde un coach ayuda a un sujeto (denominado coachee)a mejorar en algún aspecto que se haya propuesto. Trabajo, relaciones afectivas, estudios y salud, entre otros, son algunos de los ámbitos donde cualquier persona puede sentirse “trabado” y con dificultades para avanzar.

A través de cinco o seis sesiones, el coachee intentará concretar un resultado u objetivo auto propuesto y/o resolver una inquietud que lo atormenta. “Se trata de un proceso que funciona como un espacio conversacional, donde el coach hace preguntas e interpretaciones, a partir de las cuales se identifica una brecha entre lo que es la persona y lo que quiere ser”, explicó Rocío Carnero, coach ontológico profesional y directora de Cre-Ser, Centro de Aprendizaje (Castro Barros 10, Río Ceballos).

Durante los encuentros, se trabaja sobre esa “brecha” y, tras lograr el resultado esperado, el procedimiento se da por finalizado. Este tipo de terapia se concibe como “un espacio de formación y desarrollo personal”. “No se trata de ayudar, sino de brindar herramientas y abrir perspectivas”, señaló Carnero y aclaró que el coaching ontológico no es sinónimo de consejería ni psicología.

Formarse para formar

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Rocío viaja mes a mes y continúa capacitándose en Neuquén junto a ECOA, donde también se desempeña formando otros coaches.

Rocío Carnero confesó que cuando comenzó a cultivarse sobre el coaching “no sabía muy bien que era”. Inmersa en la carrera de psicología, apuntó en primera instancia a poder complementar sus estudios con esta disciplina. Por eso se dirigió a la Escuela de Coaching Ontológico Americano (ECOA), donde descubrió el amor vocacional a primera vista.

“Siempre soñé con un trabajo que realmente me apasionara y donde fuera muy feliz. Apenas entré al ECOA, lo primero que pensé fue que estaban locos y, acto seguido, que quería eso para mi vida”, comentó.

Hoy, con apenas 22 años, ya está recibida como coach profesional y se dedica, fundamentalmente, a la formación de otros coaches. Así, las salidas laborales que ofrece este trabajo son variadas. Desde sesiones personales o capacitaciones en grupos o empresas, hasta la opción que eligió Carnero, que consiste en enseñar a enseñar.

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SHAP

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Para ejercer el oficio, Rocío indicó que las características indispensables de un coach se resumen en la sigla SHAP: servicio, humildad, aceptación y presencia ante el otro.

“Estar al servicio del otro es poder entregarte realmente y asistirlo en un momento en que esa persona no está pudiendo avanzar sola, pero viéndolo también como una posibilidad de crecimiento personal”, manifestó la joven y agregó: “Nosotros no hablamos de ayuda, sino de facilitación: guiar en el reconocimiento de las posibilidades que cada uno tiene”.

Asimismo, remarcó la importancia de estar presente al cien por ciento para el coachee en la transición que está buscando. La aceptación, por su parte, implica un compromiso de tolerancia: “Vos sos un otro que no tiene por qué pensar como yo, ni interpretar como yo. Entiendo eso y te sigo acompañando”. Por último, respecto a la humildad, Rocío explicó que se trata de “comprender que el coachee llega al objetivo por sí mismo, no porque el trabajo del coach sea bueno”.

Actualmente, Carnero dirige el centro de aprendizaje Cre-Ser, espacio desde el cual brinda diversos cursos y capacitaciones que aportan al crecimiento personal de quienes asisten. “Tenemos alianzas con otras fundaciones y escucho mucho las inquietudes de la gente para tomar decisiones”, comentó y valoró especialmente la “buena respuesta del pueblo” al emprendimiento.

“Creo Cre-Ser hace dos años, con el objetivo de ampliar las posibilidades de la zona de Sierras Chicas y que los vecinos no tuvieran que buscar todo en Córdoba”, reflexionó al recordar sus inicios. “Lo que más disfruto de mi trabajo es el desafío, todo el tiempo estoy aprendiendo algo nuevo”, afirmó la joven.

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¿Cómo es una sesión?

El coaching ontológico se basa en la utilización del diálogo como instrumento para ampliar las perspectivas de un sujeto y que pueda elegir qué camino tomar. Así se inicia la conversación, abordando la problemática por la cual se acercó el individuo.

Tras los primeros intercambios e indagaciones, generalmente aparecen nuevas cuestiones que, en efecto dominó, van llevando al origen del problema inicial. Luego de determinar los aspectos negativos que están interfiriendo en la persona, se establece un objetivo que quiera alcanzar.

“No hablamos de ayuda, sino de facilitación: guiar al otro en el reconocimiento de sus posibilidades. El coachee llega al objetivo por sí mismo, no porque el trabajo del coach sea bueno”.

Es en ese momento donde coach y coachee se vinculan entre sí, trabajando en la brecha lingüísticamente. “Trabajamos las herramientas vivencialmente, hay una parte teórica que sirve de sustento y eso se traslada al cuerpo, porque si no, es muy difícil incorporar lo visto en la sesión”, apuntó.

“El primer encuentro suele ser complicado y no sabés para dónde disparar”, reconoció Rocío. Sin embargo, después el proceso va tomando forma, hasta que, generalmente, a la quinta o sexta sesión, el coachee llega a su meta. Cabe destacar que el compromiso en esta terapia es primordial, “si no, nos vemos obligados a soltar”, sentenció Carnero.

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