21 mayo, 2022

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Mariana Duce: “El desafío es la temperatura del agua”

Mariana Duce tiene 48 años, es docente de profesión y nadadora amateur de aguas frías. Tras entrenar en diversos puntos de la provincia, hoy se encuentra en Ushuaia participando de un encuentro de aclimatación y aprendizaje, con el objetivo de cruzar más adelante el canal de Beagle, sin traje de neoprene.

Colaboración: Sofía Walzynski y Bautista Gonard (4to IMVA). Ignacio Weht y Tobías Duarte (4to IENM).

(Río Ceballos) – Sanjuanina de nacimiento, Mariana Duce vive en Río Ceballos hace veinte años. Desde muy chica empezó a nadar, compitiendo primero en pileta y luego en aguas abiertas, aún durante sus cuatro embarazos. Bailarina y Licenciada en Ciencias de la Educación, hoy se dedica a dar clases de danza clásica y contemporánea, mientras se prepara para un nuevo reto: cruzar el canal de Beagle, desafiándose a sí misma al margen de cualquier competencia.

El Milenio: ¿Cuándo te iniciaste en la natación?

Mariana Duce: Todos tenemos la capacidad de nadar, porque nacemos en un medio acuático, es algo que está en nuestro interior. Siempre me gustó este deporte, pero este año, particularmente, atravesé muchas situaciones importantes a nivel personal y necesitaba volver a mí, fortalecer mi espíritu. Eso fue lo que me impulsó a entrenar de nuevo.

EM: Hoy en día, ¿dirías que es una actividad profesional o más bien un hobby para vos?

MD: Es una actividad amateur, pero la practico con seriedad. Tengo horarios estrictos, es lo que ordena mi vida actualmente, pero no cobro por ello. Sí tengo empresas que me sostienen económicamente: TCL, firma que este año me ha solventado los viajes, y EOS, que me beca para que entrene en su pileta y gimnasio. Ellos sostienen el equipo de profesionales que me acompaña.

Se considera nadadores de aguas frías a quienes practican a la intemperie todo el año, con temperaturas entre los 5 y los 16 °C.

EM: ¿Qué significa ser nadadora de aguas abiertas y frías?

MD: Se denomina aguas abiertas a los lagos, ríos y mares. Yo pasé por etapas de competencia en esta disciplina y ahora estoy buscando otros desafíos más allá de esas instancias. Por eso estoy entrenando hace un año para atravesar el canal de Beagle, que se encuentra al sur, entre Argentina y Chile.

Se trata de un sitio de aguas frías. Se consideran aguas heladas hasta los 5 °C, aguas frías entre los 5 y los 16 °C, y a más temperatura, aguas tibias o calientes. Aparte, se denomina “nadadores de aguas frías” a quienes entrenan todo el año a la intemperie, incluyendo el invierno.

EM: ¿Dónde entrenás habitualmente?

MD: Yo practiqué todo el año con temperaturas entre 8 °C (en Mendoza, por ejemplo) y 9 o 10 °C en Tres Cascadas (Ascochinga). Ahí está el agua de temperatura más baja que encontré en Córdoba. En el dique La Quebrada, lo más frío que conseguí fueron 11 °C y ahora ya está en 22 °C, o sea que sirve poco para esta disciplina.

Lo que tengo que hacer este mes es meterme en la bañera con agua y hielo, para que mi cuerpo vuelva a adaptarse a las temperaturas bajas. Nadar en aguas frías es cuestión de entrenamiento. Yo no paré en ningún momento este año. En el verano, empecé en el dique y seguí en invierno, a medida que descendía la temperatura del agua.

Ahora mis prácticas de mayor rendimiento – en las que tengo que sostener el volumen que nado – las hago en la pileta de EOS, gracias a Mateo Ligato, que me ofrece generosamente ese espacio. Ahora viajo al sur, a un encuentro de nadadores de aguas frías. Ahí se hacen clínicas del tema, se comparten experiencias y se llevan a cabo inmersiones de aclimatación. También voy a conocer a la persona que organiza el cruce del canal de Beagle.

“Cuando nadás en aguas abiertas, no sabés lo que te puede suceder en el trayecto, es un mundo totalmente desconocido, pero a la vez, te da una sensación de libertad absoluta. Entrar en las aguas frías implica bucear en uno mismo y descubrirse en cada brazada”

EM: ¿Entrenás sola o estás acompañada por profesionales?

MD: Me acompañan Nacho Campos, que hace mi seguimiento físico, y Juan Neder, que me entrena en el agua, porque además practico en pileta. Los nadadores que compiten en aguas abiertas suelen sentir que se ahogan cuando están en pileta, como supongo que les ocurre a los peces en una pecera.

Yo no me siento cómoda en la pileta. Cuando nadás en aguas abiertas, no sabés lo que te puede suceder en el trayecto, es un mundo totalmente desconocido, pero a la vez, te da una sensación de libertad absoluta.

EM: ¿Tenés algún referente en esta disciplina?

MD: Sí, Santiago Gutiérrez. Él fue guardavidas toda su vida y hace seis años tuvo un accidente de tránsito que le provocó una lesión en la médula y lo dejó sin movilidad en las piernas. Cuando comenzó a recuperarse, lo primero que hizo fue empezar a nadar de nuevo y a entrenar para cruzar el canal de Beagle. Santiago logró realizar el cruce, usando un sistema de flotación que le ayuda a sostener sus piernas y cadera sobre el nivel del agua. Él es actualmente el referente psicológico de mis entrenamientos, junto a Camilo López, un nadador de Buenos Aires.

EM: ¿Cómo es el cruce del canal de Beagle? ¿Es una competencia?

MD: Creo que se realizan competencias, pero no es mi intención hacerlo en ese marco. En la natación hay ciertos hitos que son más desafíos personales que contiendas contra otros. En una competencia se anotan muchos nadadores y gana el que hace mejor tiempo. Los desafíos tienen más que ver con una iniciativa propia y con el deseo de cumplir un objetivo puntual.

Con el tema de Beagle, hay una persona que se encarga de la logística y las precauciones, se contratan embarcaciones, se piden permisos a las prefecturas de ambos países. El nadador cruza a Chile y desde ahí se lanza hacia Argentina nadando, con embarcaciones que lo van acompañando.

El dique La Quebrada es uno de los lugares donde Mariana Duce entrena todo el año.

EM: ¿Cuál es la distancia total?

MD: Son 1800 metros, pero si te desvía una corriente, puede llegar a dos kilómetros o más. En cantidad de metros recorridos, no es mucho, quizás te demanda cuarenta minutos. El desafío es la temperatura del agua, que oscila entre 3 y 8 °C, según la época del año. Algunos nadadores lo hacen en verano y otros, en invierno. Depende de la disponibilidad de quien acompaña.

EM: ¿Vas estar sola como nadadora?

MD: Eso es algo incierto. Todas las personas que conozco que han pasado por la experiencia, lo han hecho solas. Pero últimamente se llevaron a cabo muchas modificaciones en el acuerdo entre Argentina y Chile que enmarca todo esto. Van a poner una fecha y todos los nadadores que se quieran inscribir, lo harán en ese momento.

Por eso todavía no tengo fecha para el cruce, es una cuestión que se resuelve a nivel institucional y excede a mi control, lamentablemente. Aparte es una actividad que tiene un costo, aunque desconozco cuál es.

Mariana Duce junto a Claudio Plit, nadador argentino y cuádruple campeón mundial de aguas abiertas.

EM: ¿Por qué decidiste no participar en la competencia que tuvo lugar el mes pasado en el dique La Quebrada?

MD: Ese evento se llevó a cabo en el marco de una competencia organizada por Natura Sport y coordinada por José Sosa. Se trata de un recorrido por tres lagos: Laguna Azul (La Calera), dique La Quebrada (Río Ceballos) y dique El Cajón (Capilla del Monte). Participé en la primera instancia, la de Laguna Azul, y fue una oportunidad de medirme con otros nadadores. Pero volver a esos terrenos me recordó por qué no quería estar ahí.

Hoy me doy cuenta que ya no me interesa la competencia, creo que tiene que ver con las etapas que uno va atravesando. La competencia en pileta cumplió un ciclo para mí y lo mismo sucedió con los torneos en aguas abiertas.

Cuando uno nada en aguas frías, solo, se mueven otras cosas a nivel personal y deportivo que no pasan por la competencia. Entrás en otro terreno, donde el desafío tiene que ver con la iniciativa de cumplir una meta, es algo muy profundo a nivel humano.

Ingresar a aguas frías es un proceso que requiere mucha preparación mental y que va más allá del entrenamiento estrictamente físico. Podés hacer ocho horas de gimnasio y diez más de pileta, pero si no te adaptaste al agua fría, no te adaptaste.

Nadar en esas condiciones tiene más que ver con un estado mental cotidiano y con el deseo constante de superarse a uno mismo. Entrar al mundo de las aguas abiertas te lleva a aventurarte en lo desconocido. Entrar en las aguas frías implica bucear en uno mismo y descubrirse en cada brazada.