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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

“El Pitufo”, la leyenda de los ‘80

Este es el apodo que recibe David Ros. Con 62 años, fue el saxofonista destacado de la década de los ’80. Actualmente vive en Río Ceballos.

El Milenio: ¿A qué se debe su sobrenombre?

David Ros: Una noche en un show yo estaba muy eufórico y se me dio por saltar arriba de la mesa mientras tocaba el saxo, en un pub. Entonces una chica que me vio dijo “¡Uh! parece un pitufo”. De ahí mi sobrenombre. El personaje trascendió a la persona.

EM: ¿Con quienes tocó?

DR: Yo fui un personaje que toqué con todo el mundo porque vengo de los años 80, cuando no había saxofonistas. Entonces estaba Pettinato, Enrique Dawi con Los Abuelos, Melingo con los Twist y yo, pero como venía del jazz era un saxofonista rentado.

A partir de ahí yo tocaba con la gente de Divididos, iba a ser el saxofonista de Sumo, iba a reemplazar a Pettinato. Pero como estaba creído en esa época, me había subido al caballo, era músico de jazz, había tocado con Chick Corea en una jam, con BB King, entonces como que la nariz se me puso para arriba.

Entonces me llamó Luca un día y me dijo que al saxofonista no lo aguanta más. Ese saxofonista era Pettinato. Y en esa época no existía el celular, entonces me llamó por el teléfono tubo y  me dijo Luca: “Hola Pitufo, yo quiero que vos toques conmigo porque al saxofonista que tenemos no lo soporto más, es un idiota, no me lo banco”. Yo ya había conocido la formación original de Sumo, lo que se llamó la Hurlingham Reggae Band. En ella estaba Fabiana Cantilo, Celsa Mel Gowland e Isabel de Sebastian, diferentes grupos de los 80. Celsa Mel Gowland fue un grupo de los 80 que se llamaba Metrópoli. Eran tres chicas que hacían las voces, estaba Arnedo en bajo, de la formación de Divididos, el guitarrista Mollo y Superman Troglio en batería, pero en esa época estaba Stephanie Nuttal que era una baterista inglesa que cuando vino la guerra de las Malvinas se las tuvo que tomar de acá porque la amenazaron.

De ahí se separó la banda pero yo ya me había ido antes. Entonces complementando esas inferencias con diferentes grupos “el pitufo” quedó como leyenda y no como sobrenombre sino como el artículo él pitufo. O sea yo no soy pitufo. Dicen “lo viste al pitufo, toqué con el pitufo”.

EM: ¿Por qué vive en Sierras Chicas?

DR: Vine a vivir a las Sierras Chicas por mi amada esposa; tuvo asma y la humedad de Buenos Aires le hacía mal. El padre de la hija de mi señora nos ofreció esta casa y nos vinimos a vivir acá. Hace dos años que estoy acá en las Sierras Chicas.

EM: ¿Cómo fueron sus inicios en la música?

DR: Yo tuve diferentes etapas con la música porque vengo de familia de músicos. Mi Tío, José León fue el trompetista de Lalo Schifrin, un músico argentino que hizo la banda sonora de Misión Imposible, y fue el presidente del sindicato de músicos en el año 54.

Mi primer acercamiento con la música fue a los 5 años con la trompeta, mi tío me enseñaba a tocar. Ese fue el primer instrumento que aprendí.

Después en el año 71 o 72 me casé, con mi primer matrimonio tengo un hijo de 35 años, yo tocaba la flauta dulce e iba a los boliches de jazz. Era tan loco, porque ¿a quién se le iba a ocurrir tocar la flauta dulce en un boliche de jazz? A mí, porque no tenía plata y los instrumentos eran caros, además no tenía ni idea de ninguno.

Yo tocaba con la oreja. Fui músico de oído.

EM: ¿Cómo continuó su carrera a lo largo de los años?

DR: Mi carrera fue muy inestable, por eso dije que generaba una leyenda.

Yo desde el 80 hasta el 85 trabajé como músico profesional con todo el mundo. Menos con Charly, toqué con la gente de Virus, los Twist, todos los que requerían un saxo. Inclusive llegaron a llamarme de los Redonditos de Ricota para un cambio, cuando un músico se enferma “Pitufo, hay un show en Tucumán, ¿lo querés agarrar?”.

Entonces trabajé hasta que me casé con mi segunda esposa, con la cual tengo una hija de 22 años y mi carrera fue para abajo otra vez. De ahí desaparecí hasta el 98. Viví encerrado en Avellaneda y tuve otra hija. Después me separé.

Entonces un día fui a visitar a un amigo mío y le dije “loco, me separé y necesito trabajar” y me dijo: “Vení, tengo un amigo que es productor en la cueva de Liverpool”, en el centro. Entonces fui a tocar el saxo ahí y me dijo “¿y a vos quién te conoce, con quién tocaste?” y mi amigo le dijo “¿con quién no toco?”.

Esa noche era la inauguración del programa donde yo participé después y me dijo que me quede a tocar. Así que lo inauguré en Cavern Club y a su vez en un festival fui el único saxofonista que tocó un tema de John Lennon en estilo jazz dentro del Cavern Club.

A partir de ahí salí en televisión. Esto fue un miércoles y me dijeron “el jueves ándate al canal” y volví a salir. Me llamó Javier Martínez. De ahí me empezaron a llamar todos una vez que salí en televisión. Después me robaron los instrumentos y quedé en el ostracismo otra vez del año 98 hasta doce años atrás (2005).

No toqué hasta que conocí a mi actual esposa que me hizo reflotar mi carrera. Me compró el saxo que tengo actualmente y me hizo volver a la música, pero caigo otra vez por mi enfermedad cuando tuve leucemia y abandono la música con dos shows colgando.

No me dejaban salir del hospital porque tenía las defensas bajas, estaba hecho pelota y en terapia intensiva por seis meses, hasta que un día, obviando detalles, que me dijeron lo que tenía le dije a mi mujer “tráeme la guitarra y algo para tomar”, y compuse el tema que hasta el día de la fecha tuvo un millón y medio de bajadas que se llama National Rock, y es una crítica al rock nacional donde trazo un paralelo sobre lo que me estaba pasando a mí y lo que le estaba pasando a Charly con su locura porque los dos caímos igual. Él cayó internado y yo también.

A partir de ahí, en terapia intensiva, compuse ese tema con el suero inyectado. Las enfermeras venían a verme y preguntaban qué era la música. “Ah, es el pitufo”. Entonces mi esposa me preguntó “¿y qué vas a hacer de tu vida?”. Le respondí que iba a morir como lo que soy, una estrella de rock.

Ese día entré a grabar con un estado ya moribundo mi primer CD solista, que se puede escuchar online también. Ganó dos premios Gardel, premio Revelación y Trayectoria. También dos premios Luca Prodan como instrumentista y como tema Revelación, un tema que le compuse a mi señora.

Grabé enfermo, muerto. El tipo que estaba hecho mierda muriéndose se levantaba y tocaba. Llegué a grabar en estas condiciones este tema y un coro de 42 voces yo solo. Hice la misma hazaña que Fredy Mercury.

Con los premios salió a flote mi carrera. Yo hasta el día de la fecha no supe lo que había hecho. Era un músico que vi la luz y subí. Creo que mis comienzos musicales con Luca fueron un delirio, una fantasía, una mitomanía inventada por mí. No tenía verdad, no sabía si era verdad.

Con ese disco y con la campaña de prensa llegó la prensa insidiosa y maliciosa, preguntaron a Arnedo si era verdad que el pitufo había vuelto. Todo volvió otra vez a andar. Volví por el título después de 20 años de no tocar. Son treinta y nueve años de carrera que tengo.

EM: De los grupos en los que participó ¿Cuál le gustó más?

DR: De los grupos que participé me gusto más “Don Cornelio y la Zona”, porque pude colocar un tema mío y con Palo Pandolfo me dieron la oportunidad de producir a Don Cornelio. Entonces grabamos el primer disco y debutamos en La Alcantarilla en el año 84 con Pepito Cibrian como padrino, Sandra Mihanovich como madrina.

Yo podía desplegar mi locura. El día del debut me disfracé con un kimono de karateca, unos guantes celestes a los cuales  le corté las puntas de los dedos (como los motociclistas) las uñas pintadas de negro, los ojos con rímel y sombra, una onda muy The Cure, era un esperpento. Entonces con ese grupo pudimos generar música muy moderna, ayudé a crear el estilo de Pandolfo, que es una mezcla de Pescados Rabiosos, Espineta, The Cure, todo eso. Después sale el tema “Ella Vendrá” que fue como el hit de Don Cornelio y la Zona, que fue el grupo rock nacional elegido en el 85 y Claudio Cornelio, el baterista, trabajó con Los Redonditos de Ricota en el CD “Octubre”. Fue el grupo con el que más me divertí y en el que más toque los circuitos del rock.

EM: ¿Cuál es el género que más le gusta?

DR: El jazz, porque es donde mi instrumento se destaca. Yo siempre fui el Maradona del saxo. Estaba el tema y era “Pitufo, salí a tocar tu solo”. Es más, en Vasos y Besos de los Abuelos de la Nada, Melingo estaba en condiciones muy deplorables y me llamaron a mí. Él estaba en frente del público y yo detrás de los bafles tocando el solo. Y siempre figuró Melingo no yo. Por eso digo de la leyenda del Pitufo.

EM: ¿Puede vivir del saxo?

DR: El saxo puede vivir sin mí.

EM: ¿Su inspiración para entrar en el mundo de la música fue su tío?

DR: Si, fue la primera. Fue la sombra negra de mi vida. Porque yo vengo de familia de artistas, mi tía era bailarina del Colón, mi madre se egresó en Bellas Artes, era pintora, mi padre mecánico de avión y diseñador de calzado.

EM: Actualmente ¿A qué se dedica?

DR: Actualmente me dedico a mis mascotas, la casa. Estoy tratando de componer pero no termino por circunstancias que son ajenas a mí. Empecé el tercer CD pero no pude terminar todavía. Yo llegué a Córdoba, una provincia netamente cuartetera, solo Córdoba Capital es roquera, pero vivo en Río Ceballos. Entonces los músicos que inclusive hicimos las jams acá, llegamos a tener cien personas. Toda la casa llena de músicos, estaban los de la Mona  Jiménez. Esa fue la última, mi señora inventó eso para que me relacionara con los músicos de Córdoba que vinieron a constatar si yo estaba vivo. Si era verdad que existía y que me había mudado acá. Así que actualmente no estoy haciendo nada, estuve enseñando acá pero con la crisis económica que hay los alumnos dejaron de venir porque no se podían mantener.

EM: ¿Tiene algún proyecto?

DR: Como proyecto terminar el tercer CD. Tengo unas diez canciones pero a medio armar y no encuentro inspiración por el problema que estoy pasando ya que tengo un familiar enfermo. Entonces directamente todo quedó en stand by.

EM: ¿Entonces tiene dos discos grabados y uno en proceso?

DR: Exactamente. El segundo lo grabé en el mismo estudio de “Yendo de la Cama al Living”, en los estudios Panda financiado por ellos. Como sabían que andaba medio moribundo querían tener mi material, no vaya a ser que me muriera. Porque los músicos valemos más muertos qué vivos.

EM: En sus CD’S ¿apunta más al rock?

DR: No, en mis cd’s  yo invento lo que es rock fusión. Se fusiona el candombe, con el jazz y el funky. Y súmale el teatro. Porque yo antes de ser músico fui actor, alumno de Norman Briski. Hacía mimo. Entonces estaba influenciado por un grupo que se llamaba Génesis. Que tocaba Peter Gabriel la flauta traversa y se disfrazaba. Yo hacía lo mismo.

EM: Si pudiera volver a elegir lo que quiere  hacer ¿sería músico de nuevo?

DR: Yo me hice músico porque no me gusta trabajar y bailaba y en todo baile rebotaba. Es más, una vez lo encontré a Javier Martínez, el baterista de Mana y le digo “por culpa tuya loco yo soy músico” y me dice “¿yo Pitufo? ¿Por qué?”  Y le dije que porque un día estaba con una piba en un baile y entonces dijo “¡ay Mana!” y me dejo solo ahí en la pista de baile y dije “¿Quiénes son esos giles? Mañana toco con ellos si quiero”. 20 años después fui considerado el cuarto Mana.

EM: ¿A qué otra cosa se dedica o se dedicaba además de la música?

DR: Yo soy periodista, escritor, poeta, actor, programador de computadoras, diseñador web, manejo todos los códigos de programación y soy técnico en reparación y armado de PC. Porque cuando me robaron los instrumentos, antes de conocer a mi mujer, después de haber tocado en este programa que les conté, iba a tocar con Los Cafres, me robaron los instrumentos y tenía que buscar otro trabajo.

Entonces pensé ¿Qué hago? ¿Me compro otro saxo a crédito y vuelvo otra vez a mi vida disipada o me pongo con otra cosa? Entonces me puse a estudiar computación y ahí conocí a la madre de Laura, mi señora. Y a través de ella volví a la música y me compraron el saxo. Entonces me quedé con la computadora y el saxo.

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