Es una de las frases de cabecera de Nadina Barbieri, radicada en Río Ceballos, no para de contar cuentos en escuelas, ferias de libros, teatros, bares y sitios culturales.

Es una de las frases de cabecera de Nadina Barbieri, radicada en Río Ceballos, no para de contar cuentos en escuelas, ferias de libros, teatros, bares y sitios culturales. Tiempo atrás le planteó a este medio la importancia de rescatar espacios de construcción de lazos afectivos, de desarrollo de la creatividad y la imaginación en tiempos digitales.

Por Redacción El Milenio | periodico@elmilenio.info


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Nadina es ya conocida por ser la responsable del popular “Río Cuentero”, espacio de narración de cuentos en Río Ceballos desde 2005. Es una convencida de la importancia del momento de compartir historias, mirándose a los ojos, fortaleciendo el valor de escuchar y ser escuchado que rodean este acto generoso y mágico de contar.

Nacida en Concordia, Entre Ríos, Barbieri estudió teatro, clown, títeres y pintura en Buenos Aires que son a su entender otras maneras de contar. Y se volvió a conectar con los cuentos después de tener sus hijos, cuando se mudó a las sierras de Córdoba.

En el 2002, se sumó como integrante, al grupo “Venique Tecuento” y comenzó a contar cuentos en diferentes espacios. Ahí nació “Río Cuentero” y surgieron los talleres para chicos “Cuento para Jugar” y “Leer para Contar”, entre tantas otras propuestas de las que forma y a formado parte.

Para esta peculiar narradora, contar un cuento no es la trasmisión de un texto de memoria, sino una acción que tiene que ver con la vida, con la comunicación. Es un acto social – comunitario. Y señala: “Contamos con todo el cuerpo: con la voz, con la mirada, los gestos, las manos y los movimientos que dan vida a cada historia”.

En referencia a la relación actual entre los niños y la tecnología, Nadina Barbieri expresó “No está mal que los chicos tengan tan a la mano la tecnología, no está mal que disfruten de juegos en la computadora; lo que pasa es que no hay límites en esos tiempos y terminan pasando todo el día con la tecnología. Está en los papás internalizar que hace falta este “otro tiempo”, que es el que hace bien a la familia, que es el realmente valiosos; que nos pone el corazón contento”.

“Siempre trato de sugerir a los padres que la infancia es muy corta y que si no aprovechan a acercarse en ese momento, para compartir, para sembrar; lamentablemente después va a ser muy tarde”, comentó Barbieri poniendo el acento en una estrategia muy simple y simpática: tener siempre un libro en la cartera o el bolso. “Cuando estamos en una sala de espera de un médico, o para un viaje larguísimo y aburrido, hay un montón de cuentos cortos que hacen que los niños se distiendan y disfruten más, que hace que las cosas más tediosas se puedan volver una experiencia linda e inolvidable para toda la familia”.