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“El VAR ayuda, pero el árbitro decide”

Nacido en Río Ceballos, Héctor “la Coneja” Baldassi ha sido, para muchos, uno de los réferis más respetados del país, llegando incluso a dirigir partidos en el Mundial Sudáfrica 2010. Con su forma particular de cobrar penales, poniéndose en cuclillas y señalando el área, Baldassi recorrió el mundo gracias al arbitraje y hoy repasa su carrera junto a El Milenio.
  • Colaboración: Martina Trossero, Ámbar Meoniniz y Bautista Juárez (4to IMVA). Manuela García, Valentín Guibert y Lautaro Cravero (4to IENM).

Si hay un personaje que nunca va a pasar inadvertido en un encuentro deportivo, es el árbitro. Incluso puede ocurrir que tenga que salir corriendo porque los mismos jugadores o los hinchas lo quieran linchar por “haber cobrado mal”. 

Antes de convertirse en diputado nacional, Héctor Walter Baldassi, apodado “La Coneja”, fue un reconocido árbitro que representó a Córdoba y a Argentina en varias oportunidades internacionales, aunque de joven nunca se hubiera imaginado en ese polémico rol.

Su historia comienza en Río Ceballos, ciudad de la cual es oriundo, donde ya a los 14 años trabajaba en la sodería de su padre, Yatay, encargándose de los repartos. En 1986 su vida dio un giro y tuvo que abandonar Sierras Chicas para probar suerte en otros lares.

No fue fácil para el cordobés de 20 años desembarcar en la monstruosa Buenos Aires, tan alejada de las serenas callecitas de tierra de su ciudad natal. Buscando trabajo por toda la capital, finalmente se encontró con un familiar que le dio un puesto en una metalúrgica.


Aunque todavía lejos de los silbatos, Baldassi empezaba a acercarse, sin saberlo, al arbitraje. “Tenía un amigo que era árbitro de fútbol y de handball, Marcelo Negrete, y los fines de semanas, para no aburrirme, lo acompañaba a los estadios”, contó Héctor a El Milenio. 

“Él me insistía para que me anotara en el curso de árbitro y yo la verdad no quería saber absolutamente nada. Veía como lo insultaban y silbaban en los partidos y pensaba ¿para qué voy a estar ahí y bancarme todo eso? Ni loco”, confesó entre risas.

Sin embargo, la insistencia de su amigo finalmente lo llevó a anotarse en el curso que brindaba la AFA. Esa decisión le abrió el camino que lo llevó a convertirse en “la Coneja” Baldassi que todos conocen, un hombre común y corriente que, sin planearlo, llegó a lo más alto del arbitraje y se ganó un nombre reconocido en el ambiente futbolístico.

En 1990 obtuvo el título y comenzó a ejercer la profesión en las divisiones inferiores hasta llegar a Primera, nueve años después. Enseguida fue considerado internacionalmente para copas continentales de clubes y encuentros entre selecciones nacionales por las Eliminatorias Sudamericanas (sus primeros duelos fueron camino a Japón-Corea 2002).

Su carrera siguió creciendo hasta tocar el punto cúlmine con el Mundial Sudáfrica 2010, donde dirigió cuatro encuentros. “Fue un objetivo que me había puesto y con mucho esfuerzo lo pude conseguir, me trajo mucha felicidad”, recordó el ex árbitro. “Yo siempre digo que conozco el mundo gracias al arbitraje, he visto América desde Toronto hasta Ushuaia y he pisado Europa, Asia y África por esta profesión”.

En 2011, Baldassi decidió retirarse, siendo su último partido un Boca-Banfield donde el Xeneize se consagró campeón. “Creo que ese fue el partido más difícil porque era enfrentar que nunca más iba a estar en un terreno de juego. Así fue como puse punto final a mi carrera y nunca más me vestí de árbitro profesional”, expresó Baldassi y agregó: “Fue una decisión muy personal que a lo mejor ni la compartí con mis seres queridos”.

“Mi viejo siempre me decía que las cosas había que hacerlas con pasión, con agradecimiento y con honestidad. Creo que esos son los valores que demostré en el arbitraje”

Héctor «La Coneja» Baldassi

Un mundial del otro lado

Con el comienzo de una nueva Copa Mundial de Fútbol, Baldassi compartió con El Milenio su mirada siempre crítica y cercana del campo de juego, aunque en esta ocasión, la Coneja será simplemente un fan más de la “Scaloneta”. 

Sin embargo, se permitió una opinión sobre Facundo Tello Figueroa y Fernando Rapallini, los dos árbitros argentinos que formarán parte de la contienda internacional. “Creo que fueron elegidos porque nuestro país es considerado potencia futbolística y ambos réferis están consolidados con muy buen nivel”, afirmó.

Un detalle más que llamativo en este Qatar 2022 es que por primera vez en una Copa del Mundo habrá árbitras mujeres. “Me parece bárbaro que las mujeres participen, no solo el arbitraje femenino avanzó, sino que el fútbol femenino mundial tuvo un crecimiento impresionante”, comentó al respecto el experimentado cordobés.

El VAR y la credibilidad

El VAR (Video Assistant Referee) tiene como objetivo ayudar al árbitro principal a evitar errores graves y manifiestos durante el partido, como por ejemplo un penal claro no pitado o un gol en fuera de juego. Las reglas de juego regularon por primera vez el uso de los árbitros asistentes de vídeo en su edición de 2018/2019. “Considero que el beneficio que tiene es que le da más justicia y transparencia al fútbol”, opinó Baldassi. En Qatar 2022, el VAR llega con un software más sofisticado, la implementación del chip en la pelota y las cámaras ubicadas en todos los puntos de la cancha y los estadios. 

Sin embargo, la interpretación siempre va a ser polémica, ya que detrás de tanta tecnología, hay una persona que está controlando todo. “El VAR ayuda muchísimo, pero no hay que dejar de lado que quien decide al final siempre es el árbitro. El VAR no puede opinar, solo le muestra las imágenes como evidencia”, consideró Baldassi. “Yo no sé si hoy estaría capacitado para manejar este tipo de tecnología”, admitió el ex árbitro.

“Soy el réferi que dirigió todos los clásicos del fútbol argentino y eso es fruto del esfuerzo, del trabajo que uno ha hecho y de lograr una palabra muy importante que es la credibilidad. Cuando vos no tenés credibilidad en el arbitraje, el error se transforma en sospecha o en imposibilidad de dirigir”, señaló la Coneja, para cerrar la entrevista con una reflexión de su padre: “Mi viejo siempre me decía que las cosas había que hacerlas con pasión, con agradecimiento y con honestidad. Creo que esos son los valores que demostré en el arbitraje”.

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