20 agosto, 2022

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

La música de Latinoamérica, con acento cordobés

Con 16 años de trayectoria, Calle Vapor se encuentra en uno de sus mejores momentos artísticos. Este grupo musical afrolatino, que nació buscando reproducir el folklore cubano tradicional, hoy se nutre de nuevas influencias y llega a lugares tan remotos como India o Dubai. Aunque manejan una agenda apretada de shows en todo el país, la banda siempre vuelve a Sierras Chicas, hogar de muchos de sus integrantes.
  • Por Milagros Alcántaro. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Lucía González y Lucio García (4to IENM). Alejo Gingins y Simón Canziani (4to IMVA).

Aunque ahora se presenta en escenarios de México, Brasil y Uruguay, Calle Vapor dio sus primeros pasos tocando en las calles de Córdoba, allá por 2006. “Eran canciones de Cuba, de los años 20/30, como boleros, sones, cumbias, guajiras o chachachá”, recordó Fabricio Boretto, uno de los fundadores del grupo y su actual director artístico. 

El tiempo pasó y la composición del grupo fue variando: algunos se fueron y otros nuevos se sumaron, llegando a ser entre 12 y 13 integrantes en la actualidad, muchos de los cuales viven en Sierras Chicas (como el propio Boretto, que es vecino de Unquillo). “Cada uno tiene la posibilidad de aportar sus ideas y en ese aporte, se genera una nueva sonoridad”, reflexionó en diálogo con El Milenio.

“Más allá de eso, lo que nos importa es qué repertorio va a suceder, lo cual tiene que ver con el encuentro y el baile”, expresó Fabricio y explicó: “Nosotros nos encontramos a bailar y esperamos que la gente se vaya por lo menos con una sonrisa”. Para el músico, una de las búsquedas más grandes de Calle Vapor es que las personas se sientan movilizadas internamente y, a la vez, se carguen de la energía que se produce en los shows.

Hoy en día, aunque las proyecciones de la banda a nivel internacional crecen cada vez más, Fabricio destacó que Sierras Chicas es el lugar que siempre los contiene, su punto de partida. “Acá es un poco nuestro hogar”, expresó. 

“Nosotros nos encontramos a bailar y esperamos que la gente se vaya con una sonrisa. Pero también creemos que en el bailar podemos mirar, preguntarnos y reflexionar sobre lo que nos está pasando”

Fabricio Boretto

El Milenio: ¿El concepto que estaban buscando con la banda al principio se mantuvo hasta ahora?

Fabricio Boretto: Sí, creo que se ha ido ampliando más. A lo mejor hoy empezamos un show, hacemos boleros y tocamos unas canciones, pero también incluimos un repertorio que tenga un contenido más sociocultural, que hable de cuestiones que nos atraviesan, como la violencia o el machismo. Vamos a seguir bailando siempre, pero también creemos que en el bailar podemos mirar, podemos preguntarnos, podemos reflexionar y ver qué es lo que nos está pasando. 

EM: ¿Tienen un criterio para elegir las canciones que interpretan como covers? 

FB: Durante la pandemia terminamos un disco que se llama “Árbol de la Esperanza” (nombre que viene de una pintura de Frida Kahlo). En ese trabajo hay canciones de toda Latinoamérica y para elegirlas, apuntamos al contenido de las letras. Entonces, ¿hubo un criterio? Sí, pero ya no tuvo que ver solo con canciones cubanas, sino con la búsqueda de una poesía. 

Sentíamos que en los discos anteriores la poesía estaba un poco limitada, que ya era momento de empezar a decir otras cosas. No es que encontramos una canción y decimos: “Ah, esta canción le gusta a todo el mundo, está buena, va a ser más fácil”. No, buscamos que realmente nos atraviese, a mí me tiene que hacer sentir muchas cosas el tema para que entre al repertorio de Calle Vapor. 

En los últimos discos, “Curabichero” (un disco para las infancias que hicimos en pandemia) y “Semilla de Cumbia”, sí hay canciones propias y ahí ya podemos decidir más sobre las temáticas de las letras.


EM: ¿Cómo fue incorporar composición propia?

FB: Era algo muy necesario. Hacía mucho que estaba pendiente, pero teníamos 15 presentaciones por mes, entonces no nos daba el tiempo para sentarnos a componer. Era ensayar durante la semana y rearmar el show para el finde. Sólo podíamos volcar nuestra creatividad en los arreglos musicales de temas ajenos, pero no largarnos de cero a producir algo nuestro.

Cuando nos frena la pandemia y nos mete a todos para adentro, ahí empiezan a salir las composiciones propias. Primero fueron las canciones para niños. El cantante dijo “Che mira tengo esta letra” y yo en casa le grababa la música y se la mandaba. Empezamos a producir a la distancia y grabamos “Curabichero”, cada uno en su hogar.

EM: ¿Cómo viven la influencia y el crecimiento de la banda en el extranjero? 

FB: Es tan del día a día lo que vamos haciendo, que el crecimiento ha sido paulatino y con mucho esfuerzo. Nos sorprendimos hace tres o cuatro años cuando nos llegó el primer video de gente bailando temas de Calle Vapor en Dubai, por ejemplo. En el ambiente de la salsa hay muchas competencias, se arman muchas coreografías. 

También nos pasó que dos o tres DJ se enamoraron de nuestra música y ahí empezó a circular. Durante la pandemia se comunicaron de la India los productores de una película de Bollywood, que es el Hollywood de allá. Resulta que uno era muy amigo de un DJ fanático de Calle Vapor y nos escribieron para ver qué posibilidad había de hacer una canción para la película. Por supuesto que aceptamos.

La idea era que ellos nos daban la letra y nosotros hacíamos la música, así que nos mandaron un audio de WhatsApp en telugu (lengua que se habla en la India). No entendíamos nada, o sea, nos mandaron la traducción en inglés y era una letra bellísima, pero en un idioma irreproducible para nosotros. 

No entendemos cómo Emiliano (cantante) agarró ese audio de WhatsApp, empezó a dividir las frases y comenzó a tararear. Buscó una melodía y yo le empecé a armar la música, así terminamos haciendo una canción muy salsera, pero media “modernosa”. 

EM: ¿Cómo viven la relación con los distintos públicos?

FB: Para nosotros es medio igual a dónde vamos. Sí suceden distintas cosas: el argentino se te acerca de una forma, el mexicano de otra y el brasilero de otra. Acá en Córdoba, en los lugares que más frecuentamos, nos sentimos muy queridos y cómodos, pero siempre buscamos esa interacción. Vincularnos con el público, con nuestra gente, es lo que más nos gusta. Cada público es distinto, pero hay algo en común, una cuestión del respeto y el cariño que nosotros buscamos construir en todos lados.