12 agosto, 2022

El Milenio

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Recontrasábado, un canto a la vida

Tres años después de ser atropellado por un auto en San Francisco, Javier “Vientito” Romero decidió, junto a su gran amigo Diego Vallarino, hacer una obra de teatro que hablara de lo sucedido aquel 19 de enero de 2017. Así, a fines de 2021 estrenaron Recontrasábado, un unipersonal autobiográfico que nació desde el humor, los recuerdos, el amor y la memoria.
  • Por Daiana Zilioli. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Matilde Ferrer y Faustino Capozucca (4to IMVA). Justina Alloatti, Pedro Gatti y Santiago Esbry (4to IENM).

Imaginen por un instante que es verano, un sábado de enero a la noche en un pueblo del interior de Córdoba llamado Pietro Siambretta. Prenden la tele y “Recontrasábado”, un magazine de humor y entretenimiento que se emite por el canal local Family Star, está justo comenzando. Anuncian que será un programa especial, dedicado exclusivamente al carnaval. Pero algo ocurre, dicen que el invitado del día (Javier Romero, más conocido como “Vientito”) no ha llegado, que tuvo “un problema con el auto”. 

Así comienza la obra teatral dirigida por Diego Vallarino, un unipersonal encarnado por el propio Javier Romero que, entre risas, juegos, premios, bailes y humor, busca rememorar y resignificar aquellos 60 días que Vientito pasó “durmiendo la siesta” en un hospital de San Francisco, a raíz del grave accidente que sufrió mientras ayudaba a un camión a salir hacia la ruta hace cinco años.

“La obra tiene por un lado lo super bizarro del programa y por otro, la historia del carnaval que yo hice, que puede ser cualquier otra, pero que no deja de ser la mía: mi propia historia”, explica Vientito, quien actúa como el conductor del programa, llamado Pepi Panther. Pepi, por el nombre de un médico que lo ayudó en su rehabilitación, y Panther haciendo honor a Pocho La Pantera.

Durante 2020, entre charla y charla, Javier y Diego decidieron hacer una obra de teatro que hablara del accidente sufrido por el mismo Vientito. “La intención era retomar la actuación, hacer teatro y hacerlo con humor”, rememora Vallarino, vecino de Cabana, quien además confiesa que al principio le daba temor encarar esa temática, ya que no sabía si el propio Romero podría lidiar con algo así. 


Sin embargo, la actitud jocosa de su compañero pronto disipó sus dudas. “Cuando él volvió a Unquillo ya estaba bastante recuperado y empezó a hacer chistes con el tema del accidente. Decía ‘me vine de San Francisco porque allá los autos son muy duros’. Entonces, me quedé tranquilo”, recuerda el director de la obra. Ese mismo comentario/chiste de su colega fue el puntapié inicial con el cual comenzó a tomar forma la comedia.

En consonancia, la propuesta escénica fluctúa entre el lenguaje propio del carnaval y la historia, la intimidad de Javier, los recuerdos de amigos, amigas, vecinos y vecinas que estuvieron acompañándolo mientras él se encontraba en coma. Para eso, según cuentan los entrevistados, hizo falta investigar, volver a revisar y revolver los archivos de redes sociales y de medios de comunicación de aquel momento.

Entre esos recuerdos, uno que Vientito guarda con particular cariño son las “matanzas” que sus compañeros murgueros le dedicaron en las calles frente al hospital. Se trata de un baile casi ritual, típico del carnaval, donde, por un lado, “el murguero se presenta y deja sus deseos”, pero que a la vez constituye “un momento de catarsis frente a situaciones difíciles”, donde se arrojan las galeras y gorros al centro de la ronda, como una especie de ofrenda.

Según explica Vallarino, la idea fue crear “una obra que sea divertida” (y en este punto es donde más se percibe su admiración por Diego Capusotto), pero a la vez “profunda, poética y política, que conmueva”. Hay voces en off que suenan de fondo, lectura de poesías dedicadas a Vientito e invitados que participan para completar el relato. 


Un antes y un después

Tras muchos años viviendo en la región serrana, Javier Romero había decidido volver a su San Francisco natal a trabajar en la empresa familiar. A las pocas semanas, el 19 de enero de 2017, fue atropellado por un auto en plena Ruta 19 y su vida se detuvo. 

Quedó en coma durante más de dos meses en un hospital de la localidad, donde no faltó música y baile, expresiones de afecto que incluso llegaron desde diferentes puntos del país. Allí, el amor a la distancia se hizo sentir. Porque “el Vientito” es de allá y también de acá. 

Pero las Sierras Chicas siempre fueron suyas, y después de una larga recuperación en la que sus médicos no tenían mucha esperanza, en febrero de 2018 volvió a lo que él mismo ha llamado “su primer amor”: Unquillo. En el Pueblo de Artistas, continuó su rehabilitación, construyó su casa y volvió a caminar por las calles que lo vieron bailar, allí donde vive el carnaval. 


El fuerte impacto que sufrió el actor con 27 años, le provocó grandes daños a nivel físico y neurológico, ya que le extirparon el bazo e intervinieron su columna para que pudiera recuperar movilidad. Pero si algo caracteriza al espíritu de Romero, es su particular optimismo y sentido del humor, porque el viento a veces sopla fuerte, pero él, “El Vientito”, cuando cae se levanta. 

“Yo ya quedé medio formateado después del accidente, ahora es como si tuviera una edad muy avanzada. Me dice una vez mi psiquiatra: ‘Mirá Javier, vos ya tenés el cerebro de una persona de 70 años. Así que vos elegís”, bromeó el unquillense de corazón.

Con 33 recién cumplidos, Vientito lleva el arte en la sangre. Puede moverse, pero bailar todavía le cuesta, aunque el teatro lo transforma. “Puedo actuar que bailo porque no tengo buen equilibrio. Tengo unos hierros en la columna, unos tornillos y unos ganchos. En la obra mostramos las radiografías con unas luces led, oscurecen todo y las ponemos de un lado y del otro: una donde se ven los ganchos y la otra que se ven los tornillos”, adelantó el actor riéndose.

Javier y Diego supieron hablar de la tragedia en clave de comedia, pero su relación va mucho más allá de lo profesional. Ambos son amigos, esos que se sienten como familia, y Recontrasábado es el fruto de su amor por el teatro, un “canto a la vida” que les permite agradecer desde el arte, desde el ser y el hacer.