5 julio, 2022

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Ritmo, improvisación y música para sentir

Kom’in es una banda que trabaja una base rítmica afrolatina, pero a través de la espontaneidad del jazz. Mezclando rock, cumbia y folklore, puede crear experiencias únicas y diferentes en cada presentación: desde un homenaje solemne a la memoria del agua, a una fiesta caribeña para danzar bajo la luna.
  • Colaboración: Tomás Matassini y Bruno Battan (4to IMVA). Carolina Corral y Valentino Romano (4to IENM).

Desde el patio de una casa ubicada en El Talar de Mendiolaza, un saxo busca la melodía de Careless Whisper, pero detrás empieza a sonar el ritmo de los timbales y, lo que parecía una interpretación del clásico romántico de los ochentas, se convierte en una cumbia para bailar.

Eso es Kom’in, la banda cordobesa que llena las sierras con su sonoridad única. Entremezclando una estructura musical afrolatina, que se desarma y crea un pentagrama lleno de notas completamente inesperadas, incluye elementos de rock, folklore, danza mapalé colombiana, cumbia y el soko caribeño, todo a través de la mística de la improvisación del jazz. 

El grupo está integrado por Carina Baldo, que toca los dundunes (percusión africana) e instrumentos afrocolombianos; en vientos está Benjamín Said Alí, que también toca el hang drum (instrumento de acero con forma de ovni) con baquetas; Fede González, quien lleva el ritmo con los timbales y la “perculatina” (percusión latina) y Alejandro Mondaini, un actor que pone cuerpo y palabra en las presentaciones, además de ser el responsable de la impronta audiovisual del conjunto.

«Somos una banda muy subjetiva, nuestra clave es la espontaneidad. Parece algo simple y desestructurado, pero implica mucha atención, escucha y conexión entre los músicos»

Carina Baldo

En esta ocasión, El Milenio se reunió con Carina, dueña de ese patio del Talar donde ensayan a veces, y con Alejandro, quien señala que Kom’in es una banda “muy subjetiva” y su clave es “la espontaneidad”. “En el ensayo cada uno trabaja el ritmo que trae y siente en el momento, de ahí nace la mezcla y se crea la música”, apunta al explicar por qué eso que empezó como una balada en saxo puede convertirse imprevistamente en una fiesta de ritmos bailables.

La banda ha llegado a distintos escenarios de Córdoba y a principio de año participó del 6° Encuentro del Arroyo Serrano en Sayana, Espacio Cultural de Mendiolaza, donde compartió “Soko para el Arroyo Serrano”, una creación propia que recuerda “que de esta Tierra no somos dueños, apenas unos insignificantes inquilinos de paso”.

Como dice Alejandro, las presentaciones de Kom’in acompañan la energía del público y el momento. “La música moviliza y hace sentir. Según el lugar donde estemos tocando, se trabaja un concepto que tiene que ver más con los tambores, las raíces, la reivindicación de la raza negra y, otras veces, en espacios abiertos, por ejemplo, nos invitan a algo fiestero, más alegre”, señala el actor.


El Milenio: ¿Cómo y cuándo surgió la banda?

Carina Baldo: Nacimos a fines de 2020. Benja hace una convocatoria para crear una banda de afrojazz y a partir de ahí nos juntamos, de manera informal. Empezamos a hacer improvisaciones musicales y a ver qué surgía de ese ensamble. Recién en marzo de 2021 sistematizamos los encuentros y empezamos a ensayar y crear temas. 

EM: ¿De dónde viene el nombre del grupo?

CB: Lo primero que surgió fue la frase “música para sentir”, que nos gustó como eslogan de la banda, y cuando empezamos a definir lo que hacemos nos encontramos existiendo entre distintos conceptos. “Kom’in” justamente significa “entre” en lengua africana: estamos entre el continente africano y el americano, entre la tierra que marcan los tambores y el aire de los instrumentos de viento, entre nosotros y el público, etc. Así surgió el nombre: Kom’in, música para sentir. 

EM: ¿Qué género musical los define y cuál es la propuesta de Kom’in?

Alejandro Mondaini: Siempre suelo jugar con la idea de que somos una banda des-generada, pero se podría decir que tenemos una base afro que es versionada a la manera de Kom’in, con elementos de jazz, de rock y del folklore, entonces vamos jugando entre todos esos ritmos. 

Para mí, la música no tiene que estar encasillada, tiene que fluir. Parece algo simple y desestructurado, pero es todo un desafío, porque conlleva mucha atención, escucha y conexión entre los músicos, para crear algo bello que transmita nuestro concepto.


EM: ¿En qué creen que se diferencian de otras propuestas similares?

CB: Por lo que conocemos en la zona, no hay otras propuestas similares. Sabemos que hay un grupo brasilero que hace algo parecido, pero lo que nos diferencia y al mismo tiempo nos da identidad, es tomar la base pura del ritmo y poder desarticularla y volver a armarla a nuestra manera. Nos pasa que cada tema cambia, o sea, tiene una estructura, pero cuando tocamos en público, en un escenario, con ciertas luces, al aire libre, nos movilizan ciertas cosas y lo tocamos diferente.

AM: Lo que tiene Kom’in es que es una banda que maneja conceptos, es música para sentir, como dice nuestro slogan. Y creo que lo que nos diferencia es una gran libertad para trabajar, una unión, una sinergia, una conexión muy fuerte entre todos los integrantes y un concepto que no es simplemente buscar que nos escuchen, sino transmitir algo más con la música.

EM: ¿La propuesta siempre es instrumental?

CB: Sí, aunque a veces hemos sumado algún canto africano, que es una invitación a que la gente sume su voz. Nuestra propuesta es bien performática e interactúa con el momento y el público. Hay temas que tienen propuestas danzadas como en el mapalé, en la cumbia o en el soco. También hay textos propios o de diferentes autores, que le dan peso a la palabra que conecta con la música.

EM: ¿Cuál es su meta con respecto a la banda y sus proyectos a futuro?

CB: Con esta propuesta llevamos un añito y no vivimos de esto, cada uno tiene su profesión, así que el primer objetivo en el que coincidimos es ponerle mucha energía, mucha pila y trabajo, para seguir disfrutando de lo que estamos haciendo. A corto plazo también está la propuesta concreta de grabar nuestro primer disco y armar un espectáculo propio. Esperemos que podamos concretarlo este año.


Glosario

DUNES / DUNDUNES:
Los dundunes son la base del ensamble de percusión africano, el cual se compone por dos o más djembés (entre ellos uno o más solistas), un trío de dundunes, semillas (Shekeré), Balafón, entre otros.
HANG DRUM / HANDPAN:
Es un instrumento de acero, con forma de Ovni, de sonido etéreo y suave, que puede dar sonidos agudos y tintineantes, según con qué se lo use (manos, baquetas, palillos). Fue considerado como el instrumento musical de percusión más misterioso y desconocido que ha existido en estos últimos 10 años.
MAPALÉ:
Es un baile que representa la región caribeña de Colombia y se baila en todo el país, principalmente como baile folclórico. Se originó en los sectores Afro colombianos, y culturalmente en los barrios marginales de Cartagena.
SOCA:
Es un género musical originado en Trinidad y Tobago y popular en países caribeños como Venezuela. El origen de la palabra es la abreviación de soul calipso.
YANKADI/MAKRU:
Danza popular típica de la etnia Soussou, una de las tres etnias mayoritarias de la República de Guinea. Es una danza de seducción que se suele tocar en bodas y otro tipo de celebraciones por la noche, a la luz de la luna.