26 junio, 2022

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

 Compost, el metal de las sierras

Nacida en Unquillo, la banda atrae a fans del heavy metal y de otros géneros tan diversos como el afro, el folklore y el rock nacional. Una compostera musical creativa que fusionó lo más nutritivo de las Sierras Chicas y hoy lanza sus primeros temas en todas las plataformas.
  • Por Lucía Gregorczuk. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Tomás Matassini y Bruno Battan (4to IMVA). Carolina Corral y Valentino Romano (4to IENM).

En los patios de Unquillo hay un hueco en la tierra, conocido como compostera, que se llena cotidianamente de restos orgánicos. Con el tiempo, todo eso se va transformando en algo nuevo, nutricio y lleno de vida.

De allí toma su nombre Compost, una banda cien por ciento unquillense que trae un sonido metalero, descompuesto por sus músicos para transformarse en algo con raíz de esta tierra. “Somos ese diálogo natural, una mezcla de nuestras sierras y el metal que nace en los suburbios de las ciudades, entre los fierros”, resume Julia Argüello, cantante del conjunto.

La formación la completan Matías Dieguez en batería, Guillermo Tessio en bajo y Nicolás Césare en guitarra y coros. De hecho, fue en el hogar de este último donde comenzó a gestarse la banda, hace cuatro años. 

En un día de jornada completa, Nicolás tenía un dúo con Matías y después otro proyecto musical con Julia. En algún punto, esos momentos de espera entre un ensayo y otro se convirtieron en colaboraciones. De esta manera, los dúos empezaron a desaparecer y a transformarse en otra cosa: una amalgama musical de aprendizaje conjunto y descubrimiento de una tímbrica propia. 

Lo cierto es que cada integrante venía nutrido de raíces propias y, a la vez, entrecruzadas. Mientras Guillermo (músico que se sumó al trío inicial el año pasado) siempre se definió como metalero, Matías, Nicolás y Julia compartieron ronda de tambores en la Escuela Popular de Arte (EPA) que supo funcionar en Unquillo. “Nuestra formación siempre fue entre todos, en grupo. Esa diversidad de nuestras fuentes de aprendizaje hizo que se materialice esta conexión tan novedosa”, analiza Julia.


Así nace el género musical de la banda, que entrama sonidos del folklore latinoamericano con una firme raíz metalera progresiva. “Nosotros lo bautizamos metal en descomposición, porque rompe un poco las estructuras del metal tradicional”, reconocen los músicos.

Esto les permite experimentar y encontrar nuevos rumbos al momento de crear. Julia describe este proceso: “Generalmente Nico anda dando vueltas en una idea o algo que tiene un origen muy distinto, pero trae como una base armónica dentro de la composición, un riff”. 

El resto de la banda lo escucha, lo acompaña y se ponen a trabajar sobre eso. Matías va encontrando esa base rítmica de la batería, que suena como un corazón, y Guillermo juega con ese sonido del bajo que lleva a tierra y asienta. 

Julia, en el trabajo de las letras, va interiorizando ese patrón. “Trato de escuchar qué siento, qué es lo que me dice a mí esa armonía, para dónde me lleva o qué me trae”, explica la cantante. La letra llega cargada de fuerza y sentimiento, porque el metal sube por la raíz y se encuentra con lo que la joven siente, transita y desea plasmar en palabras. Así, la sesión se convierte en un ida y vuelta entre toda la banda, donde se van sumando ideas y emociones que terminan creando una canción.


De la descomposición a la creación

En este compostaje grupal se gestó “Metal en descomposición”, el primer disco del conjunto, presentado a fines del año pasado en Son de Paz Ecotemplo (Salsipuedes). El álbum abre con Fuego Líquido, su canción más icónica. “Es el primer tema que armamos, el que está más picante y el que más le gusta a la gente. Es la cara del disco, un tema que sube y baja todo el tiempo. Tiene de todo”, comenta con orgullo Nicolás.

Con ese “tiene de todo” los jóvenes también hablan de su público, que incluye tanto a fanáticos del metal que son atraídos por estos elementos nuevos dentro del género, como a muchas otras personas de ámbitos totalmente alejados.

“Nos pasa un montón por los entornos que transitamos y en Unquillo mismo (que no está precisamente lleno de metaleros) que, al tener un sonido amable, llegamos a un montón de otras personas que quizás nunca escucharon metal y por este lado les gusta”, comenta Julia. 

“También tenemos un público muy familiar, por la gente que nos quiere y nos apoya. La idea es primero cautivar los oídos más cercanos, esos que nos acompañan en nuestro camino, y de ahí a todo el mundo no paramos”, dice la cantante. El círculo de entrevistadores y entrevistados ríe, porque es lindo imaginar una banda unquillense compartiendo en otro punto del mapa este sonido fusión de la ciudad y las sierras.


Crecer y nutrirse, para llegar más lejos

Nicolás comenta que por ahora la idea es ir copando lugares cercanos. Ya se presentaron en espacios de Mendiolaza, Unquillo y Salsipuedes, por lo que ahora apuntan a llegar a Córdoba y de ahí ir trazando rutas.

Mientras presentan el disco, Nicolás revela que siguen produciendo canciones y ya está tomando forma un nuevo proyecto en su “home studio”. Allí de hecho nació Metal en descomposición. El guitarrista fue maquetando el esqueleto de las canciones en su casa, editando y haciendo mezclas para ver cómo sonaban e ir ajustando detalles.

Gracias a un subsidio del Instituto Nacional de Música, ese trabajo pudo trasladarse luego al estudio Islandia, donde Sebastián Palacios contribuyó a la grabación definitiva de cada instrumento. El material producido viajó luego a España, donde “un loco muy crack”, en palabras de Nicolás, realizó la masterización y edición final.

Como señala el guitarrista de Compost, al menos su disco ya cruzó el mar y fue solito a Europa. “Ya lo vamos a seguir nosotros, ya nos vamos a ir para allá de gira”, comenta entre risas, aunque quizás sea la semilla de un sueño que se planta en la tierra compostada. 

Porque Compost crea, descompone y vuelve nutricia la música, para cantarla y compartirla con su público, para que crezca fuerte el sentimiento: el metal no ha muerto, renace y se siembra en Sierras Chicas.