Suicidio: del silencio a la agenda

Suicidio: del silencio a la agenda

Colaboración: Ariana Mossano y Valentina Masco (4to IENM). Guadalupe Rojas y Camila Peralta (4to IMVA).


Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial y Nacional para la Prevención del Suicidio. En Argentina, este año la efeméride contó con un giro tan aguardado como inesperado, que fue la reglamentación de la ley homónima, creada con el objetivo de disminuir la incidencia y prevalencia de esta problemática.

Desde Nación, declararon que el tema es una prioridad en la agenda sanitaria actual y que durante el periodo 2010-2019 ocurrieron 31 mil casos en el país. Por eso, la prevención, asistencia y posvención (acciones e intervenciones posteriores a un evento autodestructivo) son los puntos claves a través de los cuales busca efectivizarse la Ley 27.130, sancionada en 2015 y reglamentada mediante el Decreto 603/2021.

La normativa declara de interés nacional la atención biopsicosocial, la investigación científica y epidemiológica y la capacitación profesional en la detección y atención de las personas en riesgo. En esta línea, promueve líneas telefónicas gratuitas de escucha ante situaciones críticas e insta a las obras sociales a brindar cobertura en servicios asistenciales, tanto para posibles víctimas como para familiares.

No obstante, la psicóloga Alejandra Rossi, coordinadora del Programa Provincial de Prevención del Suicidio, advirtió que aún quedan ejes pendientes de abordaje y remarcó que, en Córdoba, muchos aspectos de la ley se implementan hace varios años. “La normativa legaliza todo el trabajo territorial con enfoque de derechos y acompañamiento que ya veníamos realizando”, indicó a El Milenio.


La psicóloga Alejandra Rossi coordina el Programa Provincial de Prevención del Suicidio y es directora de la Casa del Joven

A su vez, consideró que a la norma le falta “espíritu federal”. “Si bien está implícito que cada región deberá sumarse y ofrecer sus particularidades, creo que hubiera sido muy bueno escuchar antes a cada provincia, para tomar sus aportes”, reflexionó y destacó los avances en materia epidemiológica que permitirán “cuantificar” la coyuntura.

Al respecto, Rossi explicó: “Necesitamos un registro de aquellas personas que fallecen por suicidio. Es decir, que figure en el certificado de defunción, porque hasta el momento se pone la causa última que llevó al deceso, como asfixia, por ejemplo”. Asimismo, agregó que es importante que, cuando una persona intentó terminar su vida, quede asentada la “ideación”.

Fenómeno multicausal

El acto de quitarse la vida no es una decisión impulsiva, se trata de un proceso, “algo que se elabora durante un tiempo”, en palabras de la coordinadora provincial. “Lo que vemos muchas veces es la gota que rebalsa el vaso y creemos que es el motivo, pero en realidad es sólo lo que llevó a la decisión final”, subrayó.

“Uno toma la determinación en un momento en el cual no está pleno de conciencia”, detalló Rossi, “y sólo puede ver el árbol, pero no el bosque: es ahí donde seguramente están las posibilidades de ayuda y los recursos para instrumentar”.

Entonces, ningún adolescente intenta suicidarse porque se sacó una mala nota o porque tuvo una ruptura con su pareja. Tampoco una crisis económica deriva en esa medida, aunque sí “una mala historia de vida y una mala implementación de estrategias de afrontamiento” de distintas adversidades.

Por eso, Rossi apuntó que lo importante es identificar las señales de alerta, las cuales pueden agruparse en dos categorías: verbales y conductuales. Las primeras se vinculan con las expresiones negativas hacia uno mismo (“no sirvo para nada”), también relacionan el futuro con la incertidumbre y la desesperanza (“qué voy a hacer de acá en adelante”) o incluso pueden implicar revelaciones más claras: “quiero descansar” (que es pasiva) o “querría matarme y estoy buscando la forma”.

En tanto, el segundo grupo de señales “empieza con cuestiones de la historia, como tener algún antecedente de suicidio en la familia o intentos personales”. También son indicadores el desinterés en actividades que antes despertaban motivación, la irritabilidad, los cambios de hábito en patrones de sueño y alimentación y la aparición de consumos problemáticos de sustancias.

“Otro signo de alarma es el arreglo de asuntos pendientes o el desprenderse de cosas muy queridas. En el caso de los jóvenes, sucede con objetos de la infancia que les regalan a sus amigos, mientras que los adultos dejan impuestos pagos o de repente contratan una compañía de sepelio”, expuso Rossi.

Desmitificar para no juzgar

La profesional a su vez señaló algunos mitos que deben desarraigarse para abordar efectivamente la problemática del suicidio. En primer lugar, que hablar del tema implica un incentivo y señaló que “está probado por evidencia que no es así”. “Es fundamental hablar para comprometernos a ayudar y a escuchar, ya que, como sociedad, no tenemos muchas herramientas”, aseguró.

También apuntó a desterrar la idea de que “quien avisa, no lo hace”, porque alguien que pronuncia esta intención “está pidiendo ayuda desesperada” y muchas veces esa declaración se toma peyorativamente o se minimiza, cuando “en realidad nadie llama la atención con cuestiones de su propia vida”.

En tercer lugar, la psicóloga criticó la tendencia a “cualificar la actitud suicida”, ya sea positiva o negativamente, y amplió: “Si hablamos de valentía, quizás crean que con ese acto pasarán a la posteridad, y si por el contrario decimos cobardía, la víctima puede privarse de pedir auxilio”.

Finalmente, reflexionó sobre cómo debería actuar el círculo íntimo de una persona ante estas situaciones: “Nunca debe juzgarse o retar. Hay que entender que es un traspié en la vida y que lo que siente el otro es válido, aunque no lo es quitarse la vida, porque toda circunstancia es temporal y de lo único que no se vuelve es de la muerte”.

“A la comunidad le falta tener más información sobre la conducta suicida y, a partir de ahí, que puedan aprender a ver índices de alerta, como sucede con la violencia de género o el bullying, cuestiones que se han tratado mucho hasta el momento, a diferencia de este problema”, concluyó Rossi.


A través del Centro de Asistencia al Suicida Córdoba, un equipo de voluntarios atiende la línea telefónica 135 y el 0351 226-6135.

Clara Angeletti

Periodista y docente Periódico El Milenio. Prensa Instituto Educativo Nuevo Milenio Unquillo.

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