Reliquia del presente

Reliquia del presente

En la intersección de Av. San Martín y la calle 9 de Julio inicia el camino hacia uno de los íconos de Río Ceballos: el Cerro Ñu Porá. Para comenzar la travesía, primero hay que avanzar unos metros por 9 de Julio hasta la rotonda, donde se puede elegir el camino peatonal (cuyo acceso se encuentra a la derecha) o el vehicular (tomando la salida hacia la izquierda, siguiendo la calle mencionada). En caso de preferir la caminata, vale señalar que la ruta es de fácil acceso, aunque la subida es pronunciada. También se puede optar por un remís a un valor aproximado de $150.

Tras un recorrido de dos kilómetros que serpentea atravesando la montaña, se arriba a la famosa Confitería Ñu Porá, cuyas puertas reabrieron este verano tras varios años de triste silencio. A pocos metros inicia el ascenso hasta el monumento al Cristo Redentor, que se ubica en la cima, rodeado por cuatro hectáreas de vegetación.

El nombre “Ñu Porá/Porã” (proveniente del guaraní) significa “campo lindo” y, ciertamente, el lugar hace justicia a su nombre. El entorno natural, la oferta gastronómica y la panorámica de la ciudad que regala la altura, se fusionan para hacer valer la identidad de este sitio histórico de la región.

Vistazo al pasado


La escultura, de doce metros de altura en total, está compuesta por tres partes de cuatro metros, aunque actualmente sólo se pueden observar dos tercios de la obra, ya que la parte inferior fue cubierta por una estructura de piedra durante la intendencia de René Estallo, a fines de los 90.

Se trata de una obra hueca, modelada directamente en cemento sobre una estructura metálica por el escultor italiano Aurelio Cortinovis, a pedido de la firma Plasman y Amuchástegui, propietarios del loteo donde se ubica la pieza. Originalmente era gris, respetando el material de producción, pero más tarde fue pintada de blanco, color que conserva hasta la actualidad. 

La construcción, como explicaron Celeste Sánchez Goldar y María Angélica Parodi, integrantes de la organización Tica Hen, surgió como respuesta del sector católico ante el avance del marxismo y el comunismo. “Estaba esta idea de volver al catolicismo a través de figuras religiosas, generalmente ubicadas en lugares altos”, explicaron las investigadoras locales. 

Con el tiempo, el Cristo se convirtió en un símbolo no sólo religioso, sino cultural y turístico, que fue testigo de las épocas doradas de Río Ceballos. La inauguración, que se llevó a cabo el 9 de febrero de 1936, fue un acontecimiento de relevancia provincial y acaparó el interés de la prensa. “Hubo gran repercusión, salían notas todos los días hablando del tema”, comentaron Parodi y Goldar. 

Goldar y Parodi contaron que Aurelio Cortinovis ya había realizado una cabeza de Cristo, anteriormente. Sin embargo, no hay datos que confirmen o nieguen que es la misma que hoy porta la figura de Ñu Porá.

Valor patrimonial


Hoy el Cristo sigue siendo unos de los atractivos principales de Sierras Chicas. No obstante, también es moneda corriente la vandalización de la escultura, lo que obligó a las autoridades municipales a colocar una reja con el fin de preservarla. El parque que la cobija, que antaño contaba con fuentes, esculturas y plantas ornamentales, también fue maltratado y desmantelado con el correr de los años.

En 2005, en un intento de recuperación, se estableció un sendero interpretativo de flora nativa, con cartelería que destaca las especies autóctonas. Además, desde hace 30 años, cada Semana Santa el predio se convierte en escenario del tradicional Vía Crucis, que congrega a una multitud para recorrer las 14 estaciones que llevan al Cristo. Se trata de una procesión nocturna, con velas y antorchas, organizada por la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores y apoyada por la Municipalidad.

Mariela Salguero, representante del Área de Turismo, reconoció la importancia de “poner en valor” el espacio y “hacer modificaciones para que quede apto y disponible en su totalidad”. “Falta iluminación y mantenimiento del camino para llegar en condiciones. Son cuestiones que queremos abordar este año, ya que en 2020 no se pudo”, señaló.

Un dato curioso es que se cree que la escultura se realizó en la cancha de Belgrano, aunque tampoco hay registro.

Un ansiado retorno


Enclavada en el cerro homónimo, justo bajo el Cristo, la Confitería Ñu Porá surgió en 1946 y tuvo su época de auge durante el 60 y el 70. Dejó de funcionar en 2015, tras un periodo de decadencia marcado por sucesivas aperturas y cierres. 

Sin embargo, a fines de 2020, Silvana Riccioni, Lisandro de Loredo, Mariano Rivarola y Mariela Salguero se propusieron reabrir las puertas del emblemático lugar. “Todos los días veíamos el edificio con mi marido y nos apenaba, algo que le pasaba a mucha gente. Así que decidimos hablar con el propietario y proponerle una reapertura, haciéndonos cargo nosotros”, contó Salguero. 

Así, tras meses de trabajo, el 9 de enero la confitería volvió a la vida. “Fue una explosión la vuelta”, afirmó la funcionaria y emprendedora. Como explicó Salguero, el objetivo de la iniciativa es “el disfrute de un ícono a través de la gastronomía y el turismo regional, con productos locales”.

Una buena opción en este sentido es la picada Ñu Porá, que cuenta con variedad de fiambres de Colonia Caroya, frutos secos, preparaciones agridulces, pan de campo y papas con huevo frito a caballo; o el lomo de la casa, que incluye panceta ahumada, cheddar, tomate, rúcula, alioli y papas rústicas.

Asimismo, los menús semanales del chef ofrecen platos diversos, desde sorrentinos caseros hasta trucha o cordero al horno. Si la idea es pasar la tarde, también se puede disfrutar de una rica merienda, con varias opciones de cafetería y pastelería, a precios accesibles.

Clara Angeletti

Periodista y docente Periódico El Milenio. Prensa Instituto Educativo Nuevo Milenio Unquillo.

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