Tras una vasta trayectoria, en la que educó con el corazón a los más pequeños del Nivel Inicial, a los estudiantes del Nivel Primario, Secundario y Terciario, la Docente se jubiló. Junto a El Milenio repasó su carrera "todo terreno" en los pasillos de numerosas instituciones.

Graciela inició su camino como Docente en el Nivel Inicial y su afán por la niñez fue el impulso que la llevó a formarse. Entre risas, recuerda que también consideró estudiar pediatría, pero convencida asegura: “No era lo mío”. Pero el Profesorado en Nivel Inicial si lo fue. “Creo que opté muy bien, porque ha sido mi maestro para todo lo que ha seguido después”, afirma y señala que lo que más disfrutó en aquella época fue “enseñar y aprender” junto a los más pequeños.



Ya inserta en las salas del jardín, diez años después se recibió de Maestra Superior, con el objetivo de obtener una titularidad en el espacio donde se desempeñaba. Pero las peripecias de la vida la colocaron ante el Nivel Primario, luego del cierre inesperado de su sitio predilecto. Durante 7 años su vida cambió de rumbo, aunque después volvió al “primer amor” –en sus palabras-. “Fue la felicidad más grande, así empecé a transitar y no parar más”, rememora.

Posteriormente, tuvo en sus manos el título de Licenciada en Ciencias de la Educación y paulatinamente, se introdujo en el Nivel Secundario, a la par que seguía suscitando sonrisas en las infancias. “Pasaba de 6to año a jardín de 6 añitos”, narra de ese momento y continúa relatando acerca de la decisión que tuvo que tomar tiempo después.

“Fueron emociones encontradas y tuve que elegir entre una cosa u otra, y prioricé seguir con el Secundario”, comenta. Por aquellos años, se encontró con el Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo (IENM), donde impartió conocimientos en torno a la Filosofía, la Sociología y también tuvo a cargo la cátedra de “Formación para la vida y el trabajo” y la coordinación del Consejo de Convivencia, junto a Nicolás Torres.

“Después desplegué mis alas por el Nivel Terciario, donde tengo el gran placer de trabajar acompañando a la formación de chicas que quieren recibirse de Maestras Jardineras. Es una tarea maravillosa, donde las acompaño desde otro lugar, con mucha experiencia”, añade.

En este marco, reflexiona: “El propósito que tiene uno en la vida no es ‘ser maestra jardinera’ o ‘ser maestra de grado’, sino acompañar a las personas que se cruzan en mi camino, para despertar conocimientos y oportunidades«.

La Licenciada también aborda el coaching y la neuropsicoeducación. Foto gentileza.

Hoy le toca despedirse tanto del IENM, como del IPEM 317 y el Instituto General San Martín de Villa Allende, lugares que la vieron transitar su pasión. Acerca del cierre de una etapa tan significativa, declara que siente “emociones encontradas”, pero todas “positivas”. “Cuesta largar, pero valoro profundamente mi trayecto por cada una de las escuelas y los niveles”, asevera, emocionada y destaca, a su vez, “me siento feliz, soy una privilegiada”.

Respecto a la mayor enseñanza que le ha dejado el recorrido, indica: “La educación es un servicio, es estar tanto para los estudiantes que son protagonistas, como para los compañeros, ante los directivos, padres, todos los que forman la comunidad educativa” y agrega: “Esa es la clave para sentirse bien”.

En tanto, la experiencia en las instituciones donde se desempeñó la describe con dos palabras: gratitud y alegría. “Me dejaron ser y hacer, tengo una formación de Neuropsicoeducadora y en todo lo que tiene que ver con la neurociencia y el coaching, me dejaron introducir todas esas cosas ‘raras’ y por eso siento un gran amor”.

En cuanto al futuro, afirma que seguirá formándose en el coaching e iniciará propuestas en torno a éste y la inteligencia emocional. Igualmente, anhela pasar más tiempo en familia, descansar y por último, aunque no menos importante, permanecer en Radio Nativa, donde hace diez años está al frente de «Mariposas en la cabeza», un programa junto a Gabriela Vallés, donde aborda el derecho de la niña, niño y adolescente.