Lleva veinte años trabajando en medios de comunicación y mantiene una impronta particular a la hora de interpretar fenómenos culturales a través de sus reseñas. En diálogo con El Milenio, Demián Orosz profundiza parte de su historia personal, su vínculo con el periodismo y su manera de articular los recursos “con la intención de decir algo”.

Colaboración:

Fabrizio Ledesma y Nicolás Reyna

6to Año. Instituto Educativo Nuevo Milenio

Francisco Núñez y Joaquín Vilaró

6to Año. Instituto Milenio Villa Allende


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El trabajo del crítico cultural es uno bien difícil de definir. Se ponen en juego diferentes factores, entre ellos, el ego del artista y el del periodista. En ese enredado mundo, donde la subjetividad se mezcla con los conocimientos técnicos o con la experiencia de quien escribe la reseña, Demián Orosz halló un oficio que despliega con total profesionalismo y una extraña virtud en el rubro: la humildad.

Resulta que Demián nunca terminó de encontrar en las instancias universitarias los rieles para finalizar una carrera y hacerse con un título, pero en cambio sí adquirió un compendio de conocimientos fundamentales y variados en su recorrido por diferentes materias. “Formación académica es lo que menos tengo y lo que más duele”, comenta entre risas, aunque no sea del todo cierto.

Hizo un ciclo introductorio en Biología, pero finalmente entró a Ciencias de la Comunicación. Allí estudió por cuatro años hasta que pasó a la Facultad de Filosofía, un mundo que realmente lo atrajo, aunque no logró retenerlo. Al tiempo, decidió abandonar y continuar en la Escuela de Letras, en un zigzagueo que él mismo define como inconcluso, pero que sin embargo terminó nutriéndolo de las herramientas que en el presente motoriza a la hora de analizar obras.

Aún hoy, Demián se pregunta cuál es la función del crítico y se anima a dudar. Acepta que, a pesar de su extensa experiencia en el medio, algunas incógnitas se mantienen. “Me cuesta definir a qué se dedica un crítico cultural. Los medios todavía conservan ese espacio de comunicación que tiene que ver con el cine, la literatura, la música, aunque es un lugar cada vez más pequeño. Supongo que la tarea es interpretar fenómenos culturales de todo tipo: una novela, un libro de ensayos, una película, una exposición, una intervención. Desde mis vivencias en ese ámbito, dentro de los diarios me encontré con mucha gente que en general no estaba interesada en la clásica concepción del periodismo”, explica Orosz.

En cambio, lo que definía a los periodistas culturales, desde los primeros cafés que pudo compartir en la redacción, era la pasión por las disciplinas específicas que les tocaba analizar. “Había, entre los que escribíamos, amantes de la música, del cine, de las artes en general, poetas, artistas y yo los escuchaba. Mi esfuerzo era transformar mi conocimiento de la materia y llevarlo a un rango periodístico específico, contarlo en un medio gráfico o en una columna radial”, comenta el vecino de Unquillo.


“Una de las mejores cosas de este trabajo es encontrarse con alguien a quien de otro modo nunca hubieras llegado”, reflexiona Orosz. Foto E. Parrau/El Milenio.


El Milenio: ¿Qué fue lo que te motivó a vincular las carreras y convertirte en un periodista especializado?

Demián Orosz: Honestamente creo que fue la comunicación, porque veía que se podía tocar un arco de temáticas muy amplio. Y, para ser franco, yo también estaba medio perdido. Había empezado Biología con una idea muy apologista de pensar que iba a terminar montando ballenas en Puerto Madryn y me encontré con un cursillo de fórmulas matemáticas y cosas con las que no quise saber nada.

Ahí me choqué con la comunicación, ya leía bastante desde chico (mi madre es profesora de Letras, siempre me acercó muchos libros y literatura) y Ciencias de la Comunicación me abría nuevos mundos, desde pensar el relato de un partido de fútbol, hasta estudiar las teorías de la comunicación desde un sentido crítico, era una paleta importante. Una vez adentro, fui encontrando qué era lo que me interesaba.

EM: ¿Cómo empezaste a trabajar en los medios de comunicación?

DO: Comencé cuando todavía cursaba Comunicación Social. Me acerqué al editor de un suplemento de cultura La Voz del Interior de esa época, hace unos veinte años. Él se llamaba Alfredo Maté, le mostré algunos textos y borradores que tenía, que no servían en absoluto para nada en términos periodísticos, pero a lo mejor funcionaban, como que había algo en mi escritura que podía andar.

Empecé a colaborar en ese suplemento con reseñas de libros, de manera muy artesanal. Iba, buscaba los libros, me los llevaba a casa y en algún momento volvía con un escrito de 500 palabras hecho a máquina, que, si estaba bien, salía publicado. El primer libro que reseñé era un libro del que no tenía ni la menor idea cuando me propusieron el tema, un libro de tango de Enrique Cadícamo sobre Gardel y su época en París, ese fue mi debut.


“Podés escribir maravillosamente bien y ser un genio, pero si no se entiende lo que decís y no sos claro comunicando, no tiene ningún sentido hacerlo en un medio, se puede hacer en cualquier otro lado”.


EM: ¿Pensás que definiste un estilo propio, sin quitar el protagonismo a la obra o al suceso cultural que estás describiendo?

DO: Me llevó tiempo, pero creo que lo logré en algún momento, por lo menos intenté dejar de hacerme el rebuscado, el exquisito o el profundo, y entendí que escribir en un medio se trata de comunicación. Podés escribir maravillosamente bien y ser un genio, pero si no se entiende lo que decís y no sos claro comunicando, no tiene ningún sentido hacerlo en un medio, se puede hacer en cualquier otro lado.

Yo lo tuve que entender y lo entendí trabajando. El primer y segundo párrafo tienen que ser letales, tienen que capturar al lector al primer golpe de vista. Se sabe que su atención es muy flotante, un título, una bajada y por ahí no leen nada más. Trato siempre de combinar esa escritura, trato de recordar a Roberto Arlt cuando hablaba del “cross a la mandíbula”, refiriéndose a cómo debía ser el primer párrafo de una nota: te tiene que dejar tecleando. Al texto hay que pegarle con efecto, para que realmente diga algo.

EM: Entrevistaste a Carlos Alonso, ¿qué significó esa experiencia para vos?

DO: Fue algo muy emocionante. Más allá de la nota, lo que me queda es la experiencia de haber charlado con él en su propio taller en Unquillo. Tiene una memoria increíble, aparte que su obra es conmovedora. Fue maravilloso escucharlo hablar, tiene un título en cada frase. Una de las mejores cosas de este trabajo es encontrarse con gente a quien de otro modo nunca hubieras llegado.