Héctor Rodríguez es un artesano de Sierras Chicas que elabora papel a partir de fibras naturales y autóctonas, sin ningún aditivo químico. Su espíritu autodidacta le permitió poner en marcha, en conjunto con la Universidad Provincial de Córdoba, el proyecto Molino de Papel, destinado a la producción, investigación y enseñanza del milenario oficio papelero.

Por Vicente Schechtel


Colaboración: Amira López Giménez.

Tobías Duarte e Ignacio Weht

5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio

Sofía Walzynsky y Bautista Gonard

5to Año, Instituto Milenio Villa Allende


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La del maestro papelero es tal vez, una de las profesiones menos frecuentes en la actualidad. Sin embargo, se trata de uno de los oficios más antiguos de la historia, cuyo origen se sitúa en la remota China. La aparición de las grandes industrias papeleras fue una de las razones que llevaron a la extinción de este trabajo, aunque todavía existen artesanos que lo continúan ejerciendo y transmitiendo. 

Tal es el caso de Héctor Rodríguez, un vecino de Río Ceballos oriundo de Misiones, que se dedica a crear papel a partir de la utilización de fibras naturales y autóctonas, sin la incorporación de productos químicos, aplicando una técnica desarrollada por los chinos hace más de dos mil años.

Rodríguez se inició en este campo en 2001, cuando la crisis económica argentina llevó al cierre de la empresa metalúrgica donde trabajaba. En la búsqueda de alternativas laborales, comenzó a explorar el oficio con el apoyo de su pareja. A partir de entonces, se ha dedicado a investigar la historia, la técnica y las fuentes materiales con las que se hace el papel.

Tras casi 20 años de trabajo, Rodríguez se convirtió en uno de los profesionales a cargo de la construcción y coordinación del Molino de Papel, un proyecto promocionado por la Universidad Provincial de Córdoba (UPC) que abrió sus puertas en noviembre del año pasado. Se trata de una propuesta que tiene como fin generar un espacio para la producción, investigación y enseñanza del oficio papelero, entre otros talleres afines (como arte, grabado, gofrado, pintura, escultura, encuadernación, etc.).

Artesanal vs. Industrial


“El circuito cerrado permite recuperar el 98% del agua utilizada”, destaca Rodríguez. Foto gentileza UPC.


Para Héctor Rodríguez, la técnica desarrollada en China 300 años antes de Cristo marcó un antes y un después. Según explicó el maestro papelero, en ese tiempo existía una gran cantidad de papeles, pero no eran totalmente aptos para ciertas formas de escritura. “Ahí aparecen los chinos, quienes desarrollaron un nuevo proceso a partir del papiro. Esto les permitió lograr una altísima producción con muy pocos metros cuadrados”, señaló Rodríguez.

En palabras del maestro, hasta el día de hoy los historiadores se plantean si ese acontecimiento no generó la primera revolución industrial, ya que el papel fue una de las invenciones que más impacto ha tenido en el desarrollo de la humanidad.

La técnica industrial replica la original china sólo que, en vez de procesarse una planta, se procesa un árbol. Esto provoca no sólo la destrucción del árbol, sino que además se lleva a cabo bajo un régimen totalmente contaminador”, apuntó el maestro sobre las consecuencias del trabajo industrial. 


Foto gentileza UPC.


Una de las materias primas más utilizadas en la fabricación del papel es la caña de azúcar. “Se cocina para degradarla y separar la fibra de los almidones, azúcares y aminoácidos. Después, la fibra se corta y se cocina nuevamente. Por último, se machaca para dividirla verticalmente en microfibras y se pasa al proceso de filtrado”, explicó Rodríguez, quien, en su búsqueda autodidacta de conocimiento, amplió las posibilidades del material base. 

Nosotros utilizamos podas de plantas, es decir, no las arrancamos para crear el producto. Por lo tanto, no impacta en el crecimiento de la flora. Además, no recurrimos al uso de agentes químicos, lo cual permite reutilizar el agua”, explicó el maestro de Sierras Chicas.

Este punto no es menor, ya que la elaboración de papel requiere mucha cantidad de este líquido, que las industrias normalmente desechan, contaminando, a su vez, el ambiente. “Para resolver este problema, generé un circuito cerrado que me permite recuperar el 98% del agua empleada en el proceso. La misma es tratada mediante un sencillo sistema de filtrado que permite reutilizarla sin agregados químicos. La idea es lograr que sea apta para consumo, para demostrar que este método realmente funciona a nivel ecológico”, destacó Rodríguez.

Molino con tono cordobés


La producción de papel se hace de manera ecológica, artesanal y sustentable. Foto gentileza UPC.


El proyecto Molino de Papel, a cargo de la Secretaría de Extensión y Relaciones Institucionales de la UPC, contó con la contribución de la Fundación Yayaicú, dirigida por el padre Mariano Oberlín, para su construcción (gran parte de la cual se hizo con botellas de plástico reutilizadas). El aula/taller comenzó a desarrollarse a principios de 2019 y abrió sus puertas el 5 de noviembre dentro de la Ciudad de las Artes.



Por su parte, Héctor Rodríguez participó en el acondicionamiento y equipamiento del interior del lugar. “Se construyó una licuadora de acero inoxidable que reemplaza, en cierta manera, a la pila holandesa (máquina con la que se preparan las fibras vegetales para elaborar la hoja de papel). Eso lo hace mucho más económico y versátil. Cabe aclarar que no se mecaniza el sistema, todo es artesanal”, destacó el maestro.

Desde el año pasado, Molino de Papel ofrece diversos talleres vinculados a la producción artesanal y sustentable de papel con fibras naturales, dirigidos tanto al público en general como a los estudiantes y docentes de la UPC (mail: molinodepapel@upc.edu.ar / tel: 3543 619360). En el contexto actual, las clases se desarrollan virtualmente, incluyendo entrevistas a maestros papeleros de todo el mundo y artistas que aplican estas técnicas en sus obras.