La región. “Los que quieran escribir, primero lean, y los que no quieran, lean igual”, aconsejó Estela Smania a los estudiantes del Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo durante su charla en la XIII Feria del Libro. Para la autora oriunda de Paraná, nunca se puede estar solo cuando se tiene un libro en la mano. Desde niña, supo que quería escribir, y ese deseo para ella siempre fue una pulsión ineludible.

A los 17 años, quiso dejar su ciudad natal para estudiar Letras, pero su padre, que era escribano, no quería que se fuera a vivir sola tan joven. Sin dejarse detener por la negativa, Smania decidió estudiar abogacía y, finalmente, convenció a su papá para que le permitiera mudarse a la capital cordobesa.

Una vez en la provincia, también estudió periodismo, lo que la llevó a trabajar en Radio Nacional haciendo un programa para niños. Presentó su primer libro, “La noche de los ruidos”, en un concurso de literatura infantil. Con el tiempo vinieron más títulos como “Pido gancho”, “El niño que perdió su nombre” y “Bajo siete llaves”, entre otros.

La cuestión social, el miedo, el dolor y el paso del tiempo son algunas de las temáticas que más la inspiran. A partir de esos sentimientos y su vida cotidiana, Smania generó una gran diversidad de relatos y poesías, no sólo para niños, sino también para adultos.

“La literatura es un testimonio del tiempo en que uno vive”, afirma la autora.

El Milenio: ¿Qué te motivó para empezar a escribir?

Estela Smania: Es un deseo y una pulsión que llevo desde siempre, como un cosquilleo interno que no podría definir exactamente de dónde viene. No siempre está, a veces se da lo contrario, te sentás y te preguntás ¿dónde está eso que me hacía escribir? Uno se asusta mucho en esos momentos, porque cree que se ha silenciado para siempre.

Sin embargo, por lo general, son silencios productivos, porque ahí es cuando uno aprende a seguir mirando el mundo. Porque uno dice las cosas que dicen todos, pero para escribir, hay que decir de una forma diferente.

EM: ¿Cómo cambió para vos la escritura a lo largo de tu carrera?

ES: Fue variando porque uno va aprendiendo y leyendo, no sé si leer te enseña a escribir, pero te permite visualizar una mejor escritura. Cuando uno lee y dice “esto es lo que me gusta” también va eligiendo qué y cómo quiere escribir.

Yo aprendí que el escribir es una operación de resta, que lo bueno en un texto es poder sacarle cosas. Esas cuestiones se pueden aprender, quizá en un taller de escritura, pero nadie puede enseñarte a ser un gran escritor. Uno tiene que ir haciendo su propio camino y, de alguna manera, haber nacido con esa pulsión. Escribir es un deseo, y si uno no lo tiene, no te lo pueden regalar.

En la XVIII Feria del Libro del Instituto Educativo Nuevo Milenio Unquillo.

EM: ¿Qué temáticas abordás en tus historias?

ES: La cuestión social me interesa bastante, pero también hablo sobre aquello que me provoca dolor. Cuando estoy contenta, me siento viva, voy a comprar una blusa o salgo a tomar algo, no escribo. En cambio, cuando estoy sufriendo por algo, corro a buscar una hoja. Escribo sobre el miedo, sobre las cosas que me provocan dolor y también sobre la vejez, no ahora que me llegó, sino de cuando tenía 28 años y creía que estaba en el otoño de mi vida. El paso del tiempo siempre fue una de mis grandes preocupaciones.

EM: Cuando escribís sobre la marginalidad social, ¿qué intentás trasmitir al lector?

ES: En realidad uno no intenta enseñar nada, hace tiempo que la literatura se desprendió de la pedagogía, afortunadamente. Ahora se sabe que hay que leer por placer, entonces el escritor no tiene la obligación de trasmitir un mensaje, sino que habla de aquello que quiere, que le duele o a lo que intenta resistirse, sin pensar en “enseñar”.

Cuando escribo sobre algo es porque me duele, porque quiero ser testigo de eso (en definitiva, la literatura es un testimonio del tiempo en que vivimos), pero nunca con el ánimo de enseñarle al otro. Escribo para comunicar lo que siento, por eso, a medida que van pasando los años, tengo miedo de quedarme callada y no tener cosas para decir.

“Siempre que voy a las escuelas, el trabajo que hacen los profesores me devuelve la esperanza, por la constancia que dedican y los lectores que forman. Nunca estamos solos cuando tenemos un libro en la mano”

EM: ¿Cómo sentís la recepción de tus libros?

ES: Desde afuera, se tiene la idea de que los chicos no leen, que sólo ven el celular, pero después me encuentro con que han leído con mucho detenimiento ciertas cosas que yo ni sabía que existían. Con mi editorial visito mucho las escuelas y siempre que voy, el trabajo que hacen los profesores me devuelve la esperanza, por la constancia que dedican y los lectores que forman. Por otro lado, mis libros para adultos, si bien han tenido buena repercusión, no siempre han encontrado una editorial.

Estela Smania

Narradora y poeta, nació en Paraná en 1942. A los 17 años dejó su ciudad natal para radicarse en Córdoba, donde se recibió de abogada y notaria. Estudió periodismo en la Escuela Esteban Echeverría y también es Profesora de Arte Escénico.

Tuvo a su cargo varios ciclos radiales y se desempeñó como correctora de estilo, secretaria de redacción y directora en revistas jurídicas. Integró el Taller de Literatura Infantil de la UNC y fue miembro fundador del Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil (CEDILIJ).

Su obra ha recibido distinciones a nivel municipal, provincial, nacional e internacional. Ganó el premio Luis de Tejeda, fue finalista de Casa de las Américas y obtuvo en tres ocasiones el premio Sebastián Tallón de literatura infantil. Fue traducida al italiano y al alemán. Su cuento “Perfiles” fue incluido en la antología Narradoras Argentinas, que se presentó en la feria del libro de Frankfurt en 2010.

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