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Colaboración: Ignacio Pagani y Joaquín Carrasco (4to IENM). Gonzalo Maldonado y Paulina Zapata (4to IMVA).

(Unquillo) – La Feria del Libro del Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo no sólo contó con la participación de profesionales del ámbito de la comunicación y las letras, sino que también asistieron expertos en otras áreas, como la medicina, que aportaron su cuota de reflexión al evento.

Entre ellos se destaca la figura de Carlos “Pecas” Soriano, reconocido médico terapista y docente especializado en Emergentología (medicina de emergencia), con una maestría en Salud Pública y otra en Bioética. Actualmente jubilado tras más de cuarenta años en las terapias de Córdoba, en el último tiempo se ha dedicado a estudiar la muerte digna, un tema que suscita polémica en nuestro país y en el mundo hace varios años.

Durante la jornada, Soriano aportó fundamentos al debate desde la perspectiva médica, legal, filosófica y experiencial, tanto propia como de muchos otros médicos que atravesaron situaciones límites con sus pacientes. También destacó varios puntos de la Ley de Muerte Digna (26.742) y la Ley de Derechos del Paciente (26.529), que enmarcan el estado del asunto a nivel jurídico en el país.

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Pecas Soriano es poeta, médico terapista especialista en Emergentología y ex docente de la cátedra de Bioética en la UNC.

Hace unos años, las investigaciones de Soriano lo llevaron a ser uno de los coordinadores – junto a la licenciada Soledad Ripoll – de un grupo de profesionales de diversas áreas, que elaboró el libro: “Muerte Digna, guía para la adecuación del esfuerzo terapéutico”. Esta obra contempla 26 puntos que sirven como orientación y ayuda para que el personal sanitario sepa cómo actuar de manera ética y en consonancia con la ley en los últimos momentos de vida de un paciente, preservando su humanidad y dignidad.

Muerte digna

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El pasado 10 de octubre, Carlos Soriano dio una charla a los estudiantes del Ciclo de Especialización del IENM.

El concepto de ortotanasia (o muerte digna) hace referencia al derecho del paciente en estado terminal a morir dignamente, sin el empleo de procedimientos artificiales extraordinarios para el mantenimiento de su vida. “Es permitir que la naturaleza actúe sin ponerle medios desproporcionados al paciente para que sobreviva por más tiempo”, explicó Soriano.

En la llamada Ley de Muerte Digna (sancionada en 2012) esto se manifiesta cuando se hace referencia a los tratamientos de hidratación y nutrición, los cuales el paciente puede rechazar (así como cualquier otro procedimiento quirúrgico o farmacológico) “cuando los mismos produzcan como único efecto la prolongación, en el tiempo, de ese estadio terminal irreversible o incurable”.

En el centro del debate, las nociones de “dignidad” y “muerte” se cruzan. “Para la Real Academia Española, el término ‘digno’ hace referencia al derecho que tiene toda persona a que se la reconozca y se la respete como un ser dotado de fin propio y no como un simple medio para los fines de otros”, señaló Soriano.

Esta definición da cuenta que uno mismo es quien determina su propia dignidad. Sin embargo, como explicó el médico, en los últimos momentos de vida de un paciente, aparecen otros actores, como sus propios familiares y el personal de salud. “Nosotros determinamos qué es digno para nosotros, pero cuando un paciente está agonizando, intervienen muchas personas en su dignidad, que puede verse vulnerada”, señaló.

En este punto, aclaró que estas acciones no se llevan a cabo con malas intenciones. “Muchas veces, queriendo ayudar, realizamos actos que humillan a los demás. Esto les ocurre a los médicos, que están preparados para salvar vidas y ven la muerte como un fracaso, cuando en realidad uno de los fines de la medicina es evitar la muerte prematura, pero también velar por una muerte en paz”, manifestó Soriano. 

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Con respecto a la muerte, el profesional explicó que su definición ha variado con el correr de los años. “Hasta 1968, una persona moría cuando se paraba su corazón. Ese año, un comité de Harvard estipuló que la muerte de una persona se producía cuando moría su cerebro (corteza y tallo cerebral). Ese es el criterio que se reconoce legal y éticamente en el presente, pero no es tan fácil de aceptar culturalmente”, señaló y aclaró que la muerte cerebral no es lo mismo que el estado vegetativo, que afecta a la corteza, pero no al tallo cerebral.

«La ortotanasia consiste en permitir que la naturaleza actúe sin ponerle medios desproporcionados al paciente para que sobreviva por más tiempo. La eutanasia es la finalización intencional de la vida de un paciente (a pedido reiterado del mismo) por parte de un médico”

Estudios y aspectos médicos

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En 2017, Soriano estuvo 19 días en huelga de hambre para reclamar a Apross el reintegro de un tratamiento médico. Foto gentileza La Voz del Interior.

Esta percepción de la muerte como un fracaso profesional dentro del ámbito de la salud, es una de las causas que llevan a la prolongación innecesaria de la vida de un paciente en fase terminal, a costa de su dignidad.

Sin embargo, como señaló Soriano, estas concepciones van más allá del campo de la medicina y hunden sus raíces en una cosmovisión social, cultural y religiosa mucho más amplia. “En Occidente existe una negación cultural de la muerte como hecho natural, a diferencia de lo que ocurre en Oriente, donde se la acepta como parte de la vida”, reflexionó.

A su vez, el fenómeno también obedece a otras causas, como la ausencia de una toma de decisiones unívoca (la inexistencia de una verdad absoluta en la medicina), la aplicación de protocolos extensos y el temor del médico a verse involucrado en procesos legales. Para representar mejor la cuestión de las decisiones médicas y los factores que influyen en ella, Soriano citó dos trabajos que analizan esta temática.  

El primer estudio fue realizado por la médica canadiense Deborah Cook, quien aplicó 1361 cuestionarios donde se describían 12 supuestos casos clínicos. Éstos tenían que ver con decisiones médicas en el final de la vida. Un 28% de los cuestionarios fueron contestados por médicos y el resto, por enfermeras.

En sólo uno de los 12 escenarios, más del 50% de los encuestados eligió la misma actitud ante las mismas posibilidades. Mientras que, en ocho de los casos hipotéticos, más del 10% optó por decisiones opuestas. Con estos resultados, Cook concluyó que los factores relacionados con la idiosincrasia del personal de salud son el mayor determinante a la hora de la toma de decisiones médicas en momentos límites de la vida.

El otro estudio, del año 2013, encuestó a 1100 médicos que estaban finalizando su residencia en distintas especialidades. Nueve de cada diez dijeron que optarían por no recibir la reanimación al final de su vida. “El 90% de los médicos dijo que no querrían que los reanimaran en esas circunstancias. Sin embargo, ellos mismos son los que después aplican ese procedimiento a otras personas”, señaló Soriano.

«Los médicos están preparados para salvar vidas y ven la muerte como un fracaso, cuando en realidad uno de los fines de la medicina es evitar la muerte prematura, pero también velar por una muerte en paz”

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¿Qué dice la ley?

Hasta hace siete años, la muerte digna no estaba contemplada explícitamente a nivel jurídico en Argentina, aunque ya se prefiguraba en la Ley 26.529 de Derechos del Paciente (aprobada en 2009), que en su art. 2 inc. e (denominado “Autonomía de la Voluntad”) expresa: “El paciente tiene derecho a aceptar o rechazar determinadas terapias o procedimientos médicos o biológicos, con o sin expresión de causa, como así también a revocar, posteriormente, su manifestación de la voluntad”.

En mayo de 2012, a raíz del caso de Camila López (una niña que nació con muerte cerebral y pasó tres años internada en estado irreversible, contra el deseo de sus padres), se sancionó la llamada Ley de Muerte Digna, que modifica el art. 2 inc. e de la Ley de Derechos del Paciente dejando claramente expresado que la persona que se encuentre en un estadio terminal, incurable o irreversible tiene derecho a rechazar “procedimientos quirúrgicos y de reanimación artificial” y a solicitar el retiro de “medidas de soporte vital cuando sean extraordinarias o desproporcionadas en relación con la perspectiva de mejoría, o produzcan un sufrimiento desmesurado” (incluyendo medidas de hidratación y nutrición, como ya se mencionó).

Esto significa, como explicó Soriano, que los pacientes que se encuentren sujetos a estos procedimientos o tratamientos tienen derecho a solicitar su cese, siempre y cuando lo hayan expresado explícitamente en su declaración de voluntad (presente o anticipada) o si los familiares así lo desearan (en caso de que el paciente no pudiera dar su consentimiento a causa de su estado físico o psíquico).

En Argentina, la Ley de Muerte Digna se sancionó en 2012 y permite a los pacientes, en estado terminal, rechazar cualquier procedimiento que sea desproporcionado en relación con la perspectiva de mejoría o que produzca un sufrimiento desmesurado.

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Ortotanasia, eutanasia y suicidio asistido

A pesar del gran avance que significó la Ley 26.742, el debate está lejos de concluir. De hecho, hoy en día, Pecas Soriano y la diputada Gabriela Estévez se encuentran en tratativas para presentar un proyecto de ley a nivel nacional con el fin de legalizar la eutanasia y el suicidio asistido.

“La eutanasia es la finalización intencional de la vida de un paciente (a pedido reiterado del mismo) por parte de un médico. Está permitida en Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y, desde 2015, en Colombia. Por otra parte, el suicidio asistido es un procedimiento por el cual el médico brinda ayuda al paciente para que él mismo ingiera las sustancias que lo llevarán a la muerte. Es legal en Suiza y algunos estados de EEUU”, explicó Pecas.

Soriano señaló que este proyecto, denominado “Ley Alfonso” (en conmemoración a Alfonso Oliva, quien falleció después de luchar contra una esclerosis lateral amiotrófica que lo dejó postrado cuatro años y cuya voluntad era que la eutanasia y el suicidio asistido se convirtieran en ley), posiblemente se presente el año que viene en el Congreso. Sin embargo, el médico apuntó que tiene “bajísimas expectativas” respecto a su aprobación. “La sociedad no está preparada para este avance, pero la única manera de que algún día lo esté, es poniendo el tema sobre la mesa, abriendo el debate”, afirmó.

“El suicidio está despenalizado. Si vos intentás matarte y errás el tiro, no te van a llevar preso. Pero si estás cuadripléjico y no podés suicidarte, nadie te puede asistir. Hay una cuestión hasta discriminatoria”, señaló el médico. “Es una práctica que no daña a terceros. Estamos hablando de la autonomía de una persona que quiere morir dignamente”, concluyó.

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La muerte desde la poesía

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Para Pecas Soriano, la poesía fue su primera vocación. La medicina vino después, cuando ya estaba en el cuarto año de la carrera, al tocar a su primer paciente. “Fue la empatía de estar con otro ser doliente y sufriente lo que me hizo pensar que realmente había nacido para esto”, contó.

Sin embargo, ambas pasiones han convivido en él. Durante sus jornadas de trabajo, solía susurrarles poemas a sus pacientes y también escribía algunos de ellos en los pizarrones de las salas de los hospitales. “La poesía es un salto a lo indecible. Te ayuda a decir con una metáfora, lo que no pudiste explicar en una prosa larguísima”, afirmó.

Así, al culminar su presentación en la Feria del Libro del IENM, Soriano les regaló a los presentes un poema de su autoría que habla de eso, tan inexplicable, que es la muerte.

El viaje

Hay que saber emigrar a tiempo.

Abandonar la cáscara antes del crujido.

Doblar el cuerpo con cuidado

y dejarlo invernando.

Debe haber mejores sitios

para que el alma habite.

Mirar profundamente

el rastro de las golondrinas.

Acopiar todo el celeste posible.

Recordar el vuelo,

no por un mero ejercicio de memoria,

sino como una bandera imprescindible.

Hay que saber emigrar a tiempo.

Aunque siempre se vuelva.

La vida es el viaje.

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