Colaboración: Santiago Martoglio y Pedro Bergero (4to IENM). (4to IMVA).

(La región) – En algunos países donde los recursos en materia de tierra cultivable son escasos, la hidroponía es una tendencia que se extiende y se aplica a gran escala. Si bien el sistema implica el uso de insumos costosos, el control permanente evita que se pierdan cosechas por enfermedades o condiciones climáticas adversas. Al parecer, la inversión se ve recompensada: en Japón, por ejemplo, ya hay 200 mil empresas dedicadas a este rubro.

Si bien en Argentina la falta de suelo no es precisamente un problema, la hidroponía es una opción que atrae a muchos por su carácter ecológico y su posibilidad de implementación en espacios de diversas dimensiones, desde un invernadero hasta un balcón. En este sentido, Eduardo Laurella, ingeniero agrónomo y productor de hortalizas hidropónicas, dará un taller sobre el tema en la Universidad Popular Salsipuedes el mes que viene.

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El ingeniero agrónomo Eduardo Laurella cultiva hortalizas hidropónicas (principalmente lechuga y rúcula) en su invernadero.

Charlando con El Milenio, el ingeniero comentó que esta práctica data de 1800, cuando se comienzan a probar los jardines verticales. A medida que fue creciendo la investigación y el conocimiento sobre el tema, se fueron incorporando algunas complejidades con respecto a la nutrición. “Conociendo la base nutricional de la planta, se puede saber qué elementos recibiría normalmente del suelo, para agregarlos artificialmente a través de un sustrato compuesto por sales”, explicó.

Laurella, que adicionalmente es profesor en la Facultad de Ciencias Agropecuarias, comenzó a formarse en cultivos hidropónicos a través de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Esta entidad, cuyo objetivo principal es combatir el hambre a nivel mundial, brinda pautas sobre cómo llevar adelante un cultivo hidropónico y cómo formular la solución nutritiva para el mismo.

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¿Qué pasa en Argentina?

La hidroponía, ¿es una técnica aplicable en un país que históricamente se ha dedicado a la agricultura en suelo? Para el ingeniero Laurella, sí. De hecho, un excelente uso de este método sería la instalación de jardines verticales en las zonas urbanas, donde suele haber pocos espacios verdes y grandes extensiones de cemento. De esta manera, no sólo podrían producirse verduras, sino que también mejoraría la captación del dióxido de carbono, reduciendo la contaminación en general y contribuyendo al cuidado del ambiente.

Aunque Laurella reconoce que aún falta mucha información, desarrollo y concientización en torno al uso de este método en particular y a la producción hortícola en general en Argentina, hay un crecimiento en la implementación de la hidroponía. “La gente lo utiliza como un ingreso económico, lo ve como una oportunidad de negocio que se empieza a expandir. Creo que, desde ese punto de vista, va a tener mucha importancia y repercusión”, aventuró el ingeniero.

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Archivo.

Asimismo, comentó que también existen otros sistemas de gran potencial, como la acuaponía, que combina la acuicultura tradicional (cría de animales acuáticos) con la hidroponía (cultivo de plantas en agua) en un medioambiente simbiótico. “De la crianza de peces se recolectan y procesan las heces, que luego se utilizan como solución nutritiva para las plantas. Recuerdo haber visto hasta producción de papaya, una palmera muy grande que da muy buen resultado con este método. Las posibilidades son infinitas”, señaló.

“En Argentina no tenemos la limitante espacial, no somos como Japón o algunos países europeos, que no tienen espacio para hacer cultivo de hortalizas en suelo. Aun así, la agricultura tradicional tiene sus complicaciones”, manifestó Laurella y agregó que en la hidroponía prácticamente no son necesarios los agroquímicos.

El desafío del dólar

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Aunque las ventajas del cultivo hidropónico son numerosas, los resultados no siempre alcanzan a compensar los gastos que demanda, sobre todo cuando se aplica a pequeña escala o para consumo doméstico. En una economía supeditada a los vaivenes del dólar, sostener un método que requiere insumos importados, puede ser difícil.

En Córdoba, varios emprendimientos basados en la hidroponía se han establecido y comercializan sus productos en diversos ámbitos. El mismo ingeniero Laurella, por ejemplo, tiene un invernadero donde produce principalmente lechuga y rúcula para vender.

Sin embargo, cuando hablamos de cultivos pequeños para uso personal, la situación varía. César Bosio, vecino de Villa Allende, buscó aplicar el método hidropónico para producir lechuga y achicoria en su casa, pero el proyecto no prosperó. “Por un lado fue una buena experiencia porque es muy rico y muy sano comer sin conservantes y de manera natural. Pero el costo de los insumos (por ejemplo, el sustrato que aporta los nutrientes) está sujeto al precio del dólar, y llegó un punto en que se hicieron inaccesibles”, contó el vecino.

Pros y contras

Ventajas

  • Los cultivos están libres de agroquímicos: al crecer en un entorno controlado, la planta tiene más posibilidades de resistir cualquier tipo de enfermedad.
  • El crecimiento es más rápido y el volumen es mayor, debido al suministro constante de nutrientes.
  • Muchas plantas crecen adecuadamente con la utilización de este método. Además de las hortalizas de hoja, Laurella ha probado con frutilla, tomate, papa y aromáticas tales como el orégano y la albahaca.
  • Requiere poco espacio y no desperdicia agua, al tratarse de un circuito cerrado.

Desventajas

  • Tanto el mantenimiento cotidiano como los insumos necesarios son costosos. En consecuencia, el precio por kilo de la verdura aumenta, perjudicando la rentabilidad del sistema.
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