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Depresión: el monstruo que viene a verme


De acuerdo a estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud, la depresión es una de las principales causas mundiales de enfermedad y discapacidad entre los adolescentes. La falta de conocimiento y los conceptos erróneos sobre este problema de la salud mental, hacen que muchos no reciban el tratamiento adecuado.

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Imagen de archivo.

Colaboración: Victoria Lovey y Camila Avedano (4to IENM). Augusto Nou y Fabricio Turrín (4to IMVA).

La adolescencia es una etapa de singular importancia en la constitución de las personas. Durante la misma, los jóvenes atraviesan múltiples cambios físicos, psicológicos y sociales que los llevan a transitar estados emocionales diversos, desde la euforia y la alegría, hasta el enojo, la angustia o la tristeza.

En su mayoría, se trata de ciclos propios de esta etapa de la vida. Sin embargo, ¿qué sucede cuando algunas de estas emociones se ven agravadas? ¿Es posible que señalen el comienzo de una situación que podría marcar profundamente la salud mental de los adolescentes?

Los trastornos mentales son temas que, incluso hoy en día, son tratados como tabú. Esto se debe, en gran medida, a la desinformación y al desconocimiento de la población, que lleva a la difusión de estereotipos y prejuicios que estigmatizan a las personas con padecimiento mental.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como un “estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Este concepto se relaciona de forma directa con la promoción de la dicha y el confort, la prevención de trastornos mentales y el tratamiento y rehabilitación de las personas afectadas por tales problemáticas.

Dentro de las formas contemporáneas de afectación a la salud mental, la depresión es una de las más frecuentes. Se trata de un trastorno que difiere de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Según la OMS, la depresión se manifiesta en más de 300 millones de personas en todo el mundo y es “la novena causa principal de enfermedad y discapacidad entre los adolescentes”.

El acelerado ritmo de vida de nuestras sociedades actuales, sumado a la presión social, laboral y/o académica, la vertiginosidad de la información, la búsqueda de la satisfacción inmediata y la desconexión interpersonal, son algunos de los factores que han venido a agravar esta problemática. Así, día a día, en el súper, el colectivo o la calle, nos encontramos con personas que lidian con estas “luchas internas”.

El Milenio dialogó con la psicopedagoga Adriana Belén y la psicóloga Agustina Benavidez, profesionales que se desempeñan en el Instituto Educativo Nuevo Milenio, para echar luz sobre este trastorno de la salud mental cada vez más extendido y, paradójicamente, subestimado.

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La depresión afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo y es la novena causa principal de enfermedad y discapacidad entre los adolescentes (Fuente: OMS).

¿Qué es la depresión? Se trata de un trastorno mental que se caracteriza por una profunda tristeza y decaimiento anímico, generalmente acompañado por pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa y falta de autoestima, trastornos del sueño y/o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración, constituyendo un cuadro bastante complejo.

Según la OMS, a pesar de que es un trastorno habitual en la adultez, cada vez son más frecuentes los adolescentes con problemas depresivos. De hecho, siguiendo los datos de esta organización, los trastornos mentales representan el 16% de la carga mundial de enfermedades y lesiones en personas de 10 a 19 años, afectando más a las mujeres que a los hombres.

Si bien este fenómeno puede manifestarse de distintas maneras en cada persona, muchos testimonios definen la depresión como un “círculo vicioso” que te saca lo bueno y lo transforma en algo malo, una sensación de angustia y dolor en el pecho que te impide “ser y hacer” y cuyo origen, muchas veces, es difícil de precisar, incluso para los propios afectados.

“Es un vacío que te consume por dentro. Llega un punto en el que no te da más el cuerpo, ni la cabeza”, describió Valentina, joven de 21 años que sufre depresión desde los 16. “Te hace sentir solo, abandonado o ignorado. A medida que pasan los años, te vas acostumbrando a la depresión, aprendés a vivir estando así. Es como un monstruo silencioso y egoísta que está y a la vez no está”, dijo por su parte Irene, de 14 años.

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 “La depresión te hace sentir solo, abandonado o ignorado. A medida que pasan los años, te vas acostumbrando. Es como un monstruo silencioso y egoísta que está y a la vez no está” – Irene, 14 años.

Señales de alerta. Según los profesionales en psiquiatría y psicología, cada persona puede manifestar la depresión de forma distinta, con síntomas particulares y propios. Sin embargo, existen algunos indicadores comunes que sirven para detectar la presencia de esta problemática.

En este sentido, es crucial saber identificar los síntomas a tiempo para buscar ayuda. Adriana Belén señaló que es muy común que los jóvenes no se expresen verbalmente sobre sus sentimientos y, en lugar de ello, busquen consuelo en las redes sociales. En la era de la información, los espacios virtuales, donde las personas comparten su vida cotidiana, pueden ser un lugar clave para detectar señales de alerta.

Dentro de la institución escolar, por lo general, el gabinete de psicopedagogía y psicología es advertido por algún profesor o por los propios estudiantes que ven en su compañero/a algún comportamiento fuera de lo común.

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Los principales síntomas de la depresión, aparte de la tristeza persistente, pueden sintetizarse en: aislamiento, conductas evasivas, enojo, agresión, desgano y falta de motivación. El adolescente comienza a aislarse, no se siente motivado a hacer actividades o a frecuentar lugares que antes sí lo animaban.

Asimismo, las personas con diagnóstico de depresión tienden a disfrazar la tristeza y el vacío con enojo y se vuelven agresivas, con ellas mismas y con los demás. Es entonces cuando, en ciertos casos, aparecen las autolesiones. Buscan ocasionar daño físico y emocional para no sentirse obligadas a aceptar lo que les ocurre. Ponen trabas a sus vínculos y, de esta forma, continúan profundizando las conductas evasivas que empiezan a desarrollar.

Esto, además, se puede traducir en manifestaciones físicas: trastornos del sueño y del apetito, falta de energía, dificultad para concentrarse o deseo sexual disminuido. También puede presentarse un sentimiento generalizado de inutilidad, culpabilidad o desesperanza. A menudo, estos síntomas se atribuyen erróneamente a otras enfermedades, retrasando el diagnóstico y tratamiento adecuado de la depresión.

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“Tomar contacto con la depresión no es algo particularmente lindo, es difícil y muchas veces la familia rehúye enfrentar el hecho” – Adriana Belén, psicopedagoga.

¿Cuándo pueden desencadenarse los síntomas? “No es tan fácil de determinar, pero es un momento de quiebre, en donde el adolescente empieza a sentir que no tiene ganas de vivir”, plantearon las expertas del IENM. Cuando ocurre algún trauma psíquico importante, los jóvenes empiezan a manifestar una serie de características que pueden o no conducir a un cuadro psicológico de depresión.

“Hay ciertos hechos que pueden ser vividos como traumáticos. La depresión puede ser desencadenada, por ejemplo, por un duelo mal elaborado”, señaló Benavidez y añadió que también hay rupturas drásticas que no van acompañadas de una elaboración adecuada. Sin embargo, la profesional aclaró que “cada persona es un mundo” y la manifestación de los síntomas depende mucho de la singularidad de cada caso.

Según la OMS, el riesgo de padecer depresión se ve agravado por la pobreza, el desempleo, acontecimientos vitales como la muerte de un ser querido o la ruptura de una relación, la enfermedad física y los problemas provocados por el alcohol y las drogas.

A su vez, detectar los síntomas no es tarea fácil, sino que, como dijo Benavidez, es necesario realizar un análisis profundo de la situación. “Observar las herramientas que tiene esa persona y los mecanismos que utiliza, qué criterios de realidad maneja y cómo son esos criterios en relación a otros, cómo usa la información y qué discurso presenta a la hora de manifestar sus emociones y sentimientos”, explicó la psicóloga.

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La mitad de los trastornos mentales comienzan antes de los 14 años, pero la mayoría de los casos no se detectan ni se tratan (Fuente: OMS).

Depresión en los adolescentes: ¿es subestimada? De acuerdo a los expertos, sí. Pero la pregunta principal es ¿por qué? La psicopedagoga Belén planteó que generalmente se ve al adolescente desligado de la presión que tienen los adultos. Incluso dentro de los hogares, la propia familia desconfía de esta situación basándose en fundamentos materiales (“Si mi hijo tiene todo, ¿cómo va a estar deprimido?”).

Ocasionalmente se subestima, no desde la mala fe, sino desde el desconocimiento, planteó la psicopedagoga. Además, como señaló Belén, “tomar contacto con la depresión no es algo particularmente lindo, es difícil” y muchas veces la familia rehúye enfrentar el hecho.

Volviendo a las consideraciones de la OMS, hay algunos factores que contribuyen a aumentar el estrés y la susceptibilidad en la adolescencia, tales como el deseo de una mayor autonomía, la presión social de amoldarse al grupo de pares, la exploración de la identidad sexual y un mayor acceso y uso de la tecnología.

Por otra parte, para las profesionales del IENM, muchas veces el término “depresión” se utiliza erróneamente. Así, suele ponerse ese título a una serie de características y rasgos de la personalidad que no responden al diagnóstico del trastorno propiamente dicho.

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Imagen de archivo.

Además, la depresión no es un tema del que se hable con naturalidad, lo cual genera incomodidad e inseguridad en aquellos que la padecen. Si los adolescentes no se sienten acompañados por sus familias y amigos, no pueden generar un espacio de confianza para hablar francamente sobre lo que les pasa.

Esto complica las cosas ya que, como apuntó Belén, muchos jóvenes ni siquiera saben qué les está ocurriendo. “Saben que están atravesando determinadas cosas, entonces lo hablan con algún amigo o amiga, y a raíz de eso acuden al gabinete de la escuela. Suelen venir acompañados, eso les da seguridad, que es lo que queremos que tengan”, señaló la psicopedagoga.

La diferencia entre una depresión y una angustia pasajera. Los cambios son un elemento típico de la pubertad y la adolescencia. Entre los 11 y los 18 años, los jóvenes se enfrentan a muchas transiciones y emociones difíciles de controlar. Así, algunos síntomas de la depresión pueden confundirse con “algo típico de la edad”, tornándose en foco de críticas y dudas. “Sos negativo, por eso tenés depresión”, “no es depresión, sólo estás triste”, son algunas frases que las personas que padecen este trastorno escuchan frecuentemente.

Como afirmaron las profesionales del IENM consultadas por El Milenio, la depresión se distingue de los altibajos anímicos normales y hay que prestar atención a los síntomas, que pueden variar en cada caso.

En general, comienza a haber un deterioro en el adolescente a nivel físico, emocional y afectivo, hay una incapacidad para tomar decisiones y, sobre todo, se observa un descuido generalizado en muchos aspectos. Es importante registrar estos detalles y no pasar por alto el malestar de los jóvenes.

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Imagen de archivo.

Desde el ámbito escolar, en el gabinete, tanto la psicóloga como la psicopedagoga actúan con fines preventivos, detectando los primeros indicios para así lograr que, lo que sea que el adolescente esté atravesando, no llegue a convertirse en una depresión.

En todo el mundo, se estima que entre el 10 y el 20% de los adolescentes experimentan problemas de salud mental, como manifiesta la OMS. Sin embargo, muchos no son diagnosticados ni tratados adecuadamente. Esto se debe, en parte, a que la estigmatización que pesa sobre las enfermedades mentales, incluida la depresión, sigue siendo un obstáculo para que las personas pidan ayuda.

Por eso, para finalizar, las expertas destacaron la necesidad de desmitificar la terapia. Según datos de la OMS, una de cada cuatro personas que vive en las grandes ciudades necesita o necesitará apoyo psicológico durante su vida. “La salud mental no es cosa de locos, es cosa de todos”, afirma la reconocida organización.

“En terapia o análisis buscamos el autoconocimiento para encontrar un camino donde podamos estar mejor con nosotros mismos, comprendiendo el entorno y buscando diversas maneras de sentirse bien con uno y con el otro. A lo largo de la vida, atravesamos distintas experiencias que nos llevan a necesitar o no este espacio. Hay momentos donde hace falta mirarse y cuidarse, momentos donde uno siente que puede solo y momentos donde necesita volver”, concluyó Benavidez.

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