Los riesgos para el medio ambiente producidos por la introducción de especies no autóctonas aumentan con el paso del tiempo. Los profesionales afirman que los árboles y animales exóticos están rompiendo el equilibrio del ecosistema de Sierras Chicas. El ser humano debe intervenir para frenar el deterioro del bosque nativo.

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El siempreverde es una de las especies más dañinas para las sierras cordobesas ya que se reproduce rápidamente y consume gran cantidad de agua, luz y espacio / Archivo.

Colaboración: Abril Seydell y Janice Bel (4to IENM). Francisco Contigiani y Valentino Visintini (4to IMVA).

En el último tiempo, la introducción de flora y fauna exótica se ha convertido en una de las principales problemáticas ambientales de Sierras Chicas. El monte nativo, con sus especies autóctonas, se relaciona de manera simbiótica y autorregulada, pero la introducción de árboles y animales foráneos rompe ese equilibrio ecológico y acarrea múltiples consecuencias.

Así, la flora invasora desplaza a las especies nativas, quitándoles la disponibilidad de oxígeno, sol, agua, espacio y nutrientes. A su vez, los animales sufren cambios negativos en su hábitat y alimentación, además de enfrentar la competencia de especímenes no autóctonos que pueden amenazar su existencia.

Para profundizar en el tema, El Milenio dialogó con especialistas de la región que brindaron diversas perspectivas sobre esta amenaza silenciosa, extendida y multifactorial.

Fuera de control

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Infografía: Melania Kobylnik

“El bosque nativo evoluciona en conjunto durante millones de años. Si se dispara la población de alguna especie, va a tener una bacteria, un hongo, un virus o un animal que lo deprede, que mantenga la población en equilibrio», comentó el avistador y fotógrafo de aves unquillense, Guillermo Galliano, presidente de la Fundación Mil Aves.

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Guillermo Galliano

Al introducir una especie exótica, esta no cuenta con microorganismos ni animales que controlen su propagación, entonces se dispara ya que, en comparación, es más sana que las nativas, con las cuales compite por agua, sol, espacio y nutrientes.

“El siempreverde, por ejemplo, tiene hojas a lo largo de todo el año, lo cual impide que se desarrollen los brotes y juveniles de las especies nativas que podrían crecer debajo. Además, las especies exóticas consumen mayor cantidad de agua, o sea que les quitan nutrientes y sol a las plantas y árboles autóctonos”, aseguró el fotógrafo.

Para Galliano, “el único camino viable para recuperar el bosque nativo es sacando y podando el siempreverde”. Otras especies particularmente problemáticas son la acacia negra, el olmo, la mora y el paraíso. “Hay que remover los brotes de estos árboles apenas se los detecta”, enfatizó.

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Infografía: Melania Kobylnik

Por otra parte, según explicó el biólogo e investigador del Conicet Fernando Barri, la mayoría de estas “especies exóticas invasoras” se reproducen a través de las semillas que las propias aves nativas propagan, llegando incluso a instalarse en quebradas inaccesibles para el ser humano donde es muy difícil controlar la propagación del bosque exótico.

Asimismo, como señaló el investigador, las vacas también contribuyen a la problemática y a la dispersión, principalmente, de la acacia negra, debido a que se alimentan del árbol y, al defecar, esparcen sus semillas.

Responsabilidad humana

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Joaquín Deon

La introducción de flora invasora en la zona se remonta a los comienzos del siglo pasado, cuando Sierras Chicas comenzó a poblarse con fines turísticos. En ese momento, muchas personas reemplazaron la vegetación nativa por la importada desde otros continentes, según contó a El Milenio Joaquín Deon, geógrafo oriundo de Villa Allende, investigador y becario del Conicet.

“Se produjo una tala indiscriminada del monte nativo, sumado al ingreso de especies exóticas, que generó un recambio en la vegetación local. Muchas personas talaban los árboles para obtener leña rápidamente”, contó el Licenciado en Geografía.

“Aparte, es muy común que la gente de la región considere a los yuyos naturales como ‘maleza’. Esas mal llamadas malezas son vegetación con un rol ecosistémico particular, que ha tenido un uso cultural y medicinal ancestral y que fue reemplazada con fines paisajísticos, generando un cambio simbiótico en todo el ambiente natural”, añadió el profesional.

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Infografía: Melania Kobylnik

Con respecto a la responsabilidad del ser humano en la solución de estas problemáticas, Galliano manifestó: “El ecosistema no vuelve a equilibrarse por sí mismo. Demoraría millones de años y costaría una gran pérdida de biodiversidad. Somos nosotros quienes cometimos el error. Ahora que tenemos la posibilidad, la tecnología y los medios, hay que actuar urgente para repararlo”, afirmó el fotógrafo e investigador.



Animales invasores

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En las zonas de reserva, los perros contagian de sarna a los zorros nativos. Foto gentileza Guillermo Galliano.

Por otra parte, a nivel fauna, una de las especies más complicadas es el jabalí, ya que se trata de un animal muy dañino, que remueve los suelos y se alimenta de especies nativas, lo cual tiene un impacto muy fuerte en el ecosistema. «Además es difícil de controlar por su tamaño y capacidad de reproducción», explicó Barri.

En el mismo sentido, Galliano agregó: “El jabalí causa estragos en toda la provincia porque hociquea y va revolviendo todo el suelo delicado de las bancas hídricas, destruyendo todo. Aparte desplaza al pecarí, que es nuestro chanchito más chiquito, autóctono”.

“Somos nosotros quienes cometimos el error. Ahora que tenemos la posibilidad, la tecnología y los medios, hay que actuar urgente para repararlo” – Guillermo Galliano, fotógrafo especialista en aves.

En cuanto a las aves exóticas, si bien en la actualidad no son un problema particularmente serio para Sierras Chicas, ya se están encendiendo las señales de alarma ante la invasión de estorninos, una especie asiática que no solo come los mismos alimentos que las aves autóctonas, sino que, además, las expulsan de sus nidos.

«Todavía es algo muy prematuro y hay muy poquitos especímenes en Córdoba, pero en Buenos Aires está lleno y ya se los ve en Mar Chiquita y en Villa María, o sea que se están expandiendo”, comentó Galliano y añadió que «lo importante es que las autoridades tomen medidas urgentes».

A nivel nacional, el ejemplo paradigmático es el caso del castor en Tierra del Fuego, traído desde Canadá por los primeros habitantes. El objetivo era utilizar su piel, pero al no tener un depredador natural ni enfermedades que los afecten, la reproducción se descontroló al punto de convertirse casi en una plaga, contó Galliano. Estos animales comenzaron a realizar diques con los árboles de la zona, como ñires y lengas, los cuales tardan cientos de años en crecer.

Perros y gatos: instinto ancestral

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“Los perros y gatos, si bien son animales domésticos, en muchos casos se convierten en un problema para la fauna local. A nivel global, matan millones de animales silvestres por año. Los gatos a veces cazan aves silvestres y hasta pueden llegar a extinguirlas. Por eso, en áreas naturales, debería estar prohibida la presencia de gatos y perros”, sostuvo Fernando Barri.

En el mismo sentido, Galliano apuntó que “los gatos y perros nunca pierden su instinto” y la máxima problemática se da cuando son abandonados y vuelven a sus comportamientos silvestres, comportándose, junto a otros perros de la calle, como jauría. En esos casos, comienzan a atacar a otros animales, incluyendo algunos autóctonos como zorros, liebres, corzuelas y pecaríes, provocando un gran daño a la biodiversidad.

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“Lo primero que debería hacer el Estado es prohibir la introducción de especies exóticas y hacer una campaña para recuperar el valor paisajístico y cultural de las nativas” – Fernando Barri, biólogo.

Para evitar estas situaciones, es fundamental el controlar la reproducción de animales domésticos mediante castraciones y reforzar su tenencia responsable, a fin de evitar el aumento de perros y gatos en situación de calle.

Por otro lado, Galliano también advierte sobre otra problemática asociada a los perros que se observa en las reservas del cordón serrano, como es el caso de Los Quebrachitos y Los Manantiales. “Muchos canes que pertenecen a familias que viven en esas zonas tienen sarna y terminan contagiando a los zorros. A diferencia de las mascotas, a los zorros no podés ir a curarlos. Así, un ambiente como una reserva, que debería estar sano, se contamina por enfermedades propias de nuestras mascotas”, explicó.



El rol del Estado

En cuanto al papel de las políticas públicas, Deon contó que ya han comenzado a implementarse algunas medidas, aunque todavía no se trata de una propuesta integral. “En la provincia se está llevado a cabo el Proyecto de Conservación y Reforestación de las Sierras de Córdoba. El objetivo es restaurar el bosque nativo, quitando el bosque exótico y dejando que las plantas autóctonas que están debajo se recuperen, ya sea solas o con acompañamiento, plantando especies nativas pioneras (aquellas que abren el camino para el desarrollo de otros árboles). Se trata de un proceso que toma aproximadamente 15 años”, detalló el geógrafo.

Por otro lado, Barri aseguró que “lo primero que debería hacer el Estado es prohibir la introducción de especies exóticas, ya que podrían convertirse en invasoras”. En esta línea, agregó: “Hay que tratar de evitar la promoción de la instalación de especies foráneas. La mayoría de los municipios y comunas no tienen ninguna regulación al respecto y permiten que la gente plante especies exóticas”.

En Sierras Chicas, el siempreverde pasó de ocupar 50 hectáreas en 1983, a 3850 en 2009, según un estudio de la UNC.

“En el caso de las especies que ya son invasoras, lo que se debe hacer es un control. Se deben remover mecánicamente y realizar una restauración de forma ecológica, recuperando las especies nativas a medida que se sacan las exóticas”, afirmó el investigador.

Por último, agregó que “debe haber una campaña de concientización y revalorización de las especies nativas, para que la gente no siga considerando las exóticas como las buenas o las lindas, sino que, por el contrario, los ciudadanos ayuden a controlar las especies extranjeras y recuperen el valor cultural y paisajístico de las especies nativas”.

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