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Cristina Tomas y el placer de crear arte


Cristina Tomas encabeza un emprendimiento singular. Se trata de Awen, un taller-escuela de orfebrería donde personas de todas las edades aprenden a crear arte a través del metal y el fuego. Las clases son quincenales o semanales y los cursos duran nueve meses.

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El taller Awen se encuentra en Sarmiento 17 (Mendiolaza Centro). Contacto: 0351 – 7419222. En Facebook: @tallerAwen.

Colaboración: Paulina Martínez y Abril Battán (IMVA 4to).

Desde tiempos prehistóricos, el hombre ha trabajado el metal para fabricar diversos elementos, entre ellos, objetos artísticos, joyas y adornos de distinto tipo. La orfebrería es un arte y un oficio que existe hace cientos de años pero que, en la actualidad, se encuentra en franco retroceso. Los tiempos de industrialización no favorecen a las tareas artesanales, que se basan en la creatividad, el tiempo y la singularidad de un conocimiento que no se aprende en internet.

Sin embargo, aún hay quienes defienden el llamado “arte del fuego”. Tal es el caso de Cristina Tomas, artesana y vecina de Mendiolaza que difunde sus conocimientos de orfebrería en el taller Awen. A diferencia de lo que ocurría con los tradicionales “orfebres de banco”, que generalmente confeccionaban piezas que luego vendía un joyero, Tomas decidió tomar las riendas de su pasión y crear su propio emprendimiento, donde da clases y vende sus productos hace tres años.

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«La orfebrería es una tarea hermosa. A partir de un pedazo de metal, podés crear una joya. Es algo muy gratificante, es aprender a crear arte»

El Milenio: ¿Cómo llegaste a la orfebrería?

Cristina Tomás: De chica mi mamá siempre me llevó a hacer distintas actividades artísticas como pintura, dibujo, cerámica, decoración de interiores, etc. Paralelamente a mis estudios o a mi trabajo, nunca me alejé del arte.

Una vez encontré un anuncio de un lugar donde enseñaban orfebrería y me llamó la atención, porque entre todo el bagaje que tenía, era algo nuevo. La primera vez que me senté a hacer orfebrería, en cuatro horas, hice un dije. Fue algo tan hermoso y me fui tan feliz, que rápidamente me di cuenta que quería seguir con eso. A partir de un pedazo de metal, podés hacer una joya, tengas o no tengas conocimientos artísticos. Es algo muy lindo y muy gratificante. Es aprender a crear arte.

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EM: ¿Cómo aprendiste a trabajar con metales?

CT: Al principio, de la mano de una artesana con la que estudié dos años, y más tarde, con un joyero. Hice cursos en Buenos Aires sobre arreglos y diseño de joyas y también estudié con un orfebre mayor que me enseñó grabado y algunos secretitos.

Los orfebres tienen muchos secretitos, es un rubro que no se suele enseñar formalmente, se pasan los saberes de padre a hijo o de maestro a aprendiz. A veces el orfebre fallece y todo su conocimiento se va con él. Yo creo que al conocimiento hay que compartirlo, sino se muere.

Además, yo me siento artesana antes que orfebre, porque me encanta el arte. Orfebre es un título que se le suele dar a un oficio. Es una actividad que me complace hacer, aunque más me gusta enseñar.

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EM: ¿Cuál sería la diferencia entre artesanía y orfebrería?

CT: Para mí es arte y oficio. Se la suele llamar “arte del fuego”, porque se trabaja con metales fundidos y otros elementos, como piedras preciosas. Yo creo que la orfebrería es un oficio que, tristemente, viene muriendo de a poco, un poco por los orfebres que ya no están y otro poco por los comercios, que compran productos en serie afuera y los venden mucho más baratos acá.

La joyería se convierte en un negocio, en un intermediario, cuando en realidad la génesis de objetos de orfebrería es una creación artística, un trabajo que te tiene que gratificar a vos, al tiempo que abre un mundo de oportunidades laborales. Por eso la orfebrería artesanal necesita tener su propia industria.

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EM: ¿Cuáles son los metales más utilizados en este arte?

CT: Se suele trabajar en alpaca, bronce, cobre, plata y oro. Por lo general se comienza con algún elemento más duro. En mi taller, arrancamos con alpaca, para que los alumnos empiecen a conocer las herramientas y sepan utilizarlas. El primer día te vas con un dije hecho por vos, el segundo día, con un anillo, y así sucesivamente. A medida que van pasando las clases, sube la complejidad de las creaciones.

Por supuesto que se puede decidir trabajar con plata desde el comienzo, pero yo siempre les recomiendo empezar con alpaca hasta que tomen confianza, porque es más manejable y permite aprender más sobre las herramientas y sus posibilidades. Además, el oro y la plata son muy caros.

EM: ¿Qué trabajos se hacen en tu taller?

CT: En el taller hacemos trabajos de calado, soldadura, engarce, armado de piezas, diseño de anillos, cadenas, esmaltados y grabados, entre otras, todo de manera artesanal. Las clases suelen ser cada una por semana o cada quince días y el curso dura nueve meses. Se enseña desde dónde conseguir los materiales, hasta cómo son los procesos de fundición.

Es un trabajo muy lindo porque lo terminás en el día, desarrollás todo el proceso, ves cómo va cambiando la obra y, cuando finalizás, sentís la satisfacción de la tarea completada. Al principio no lo podés creer, pensás “yo hice esto”. Es una tarea muy gratificante.

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«Los orfebres tienen muchos secretitos, es un rubro que no se suele enseñar formalmente. A veces el orfebre fallece y todos sus saberes se van con él. Yo creo que al conocimiento hay que compartirlo, sino se muere»

EM: ¿Cómo afecta la tecnología a la tarea artesanal?

CT: La tecnología sirve para hacer producción en serie. Cuando entra la tecnología no podemos hablar de artesanía. La artesanía es el producto hecho con tus propias manos. Eso es algo que muchas veces no se valora hoy en día. Objetos delicados que demandan mucho trabajo, como la piedra o la plata 1000, que no se trabajan industrialmente, hoy se venden a precios industriales como los productos traídos del exterior. En el afán de tener dinero rápido, se baja la calidad de la forma y el material, abaratando costos y desvalorizando el trabajo del artesano.

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