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10 años conectando Sierras Chicas

¿Qué pasó con el Pericón de mi pueblo?


“Purula” Pérez, su creadora, dejó de organizarlo en 2016, pero hoy, a sus 71 años, afirma que le gustaría revivirlo.

Purula Pérez encabezando “El pericón de mi pueblo” el 25 de Mayo de 2015.

Teresa del Carmen Pérez, más conocida como “Purula”, tiene 71 años y hace 53 que es docente de danzas folklóricas. Preocupada por brindar algún entretenimiento para las personas solas, en 1995 creó un espacio de encuentro gratuito y abierto a todo público donde la consigna era ensayar un gran pericón que luego se bailaba el 25 de Mayo en el acto central de Unquillo. Aunque renunció a seguir organizándolo, por su avanzada edad y porque siempre lo hizo ad honorem, hoy tiene deseos de recuperarlo.

Conociendo a Purula

El Milenio: ¿Qué representa la danza para vos?

“Purula” Pérez: Para mí la danza es lo más importante, es mi pasión, todo lo referente a mi vida y a la vida en sí, porque está presente en todos lados.

EM: ¿Cuándo descubriste que te gustaba la danza?

PP: Lo descubrí desde muy niña, se diría que viene de herencia. Mi padre era del campo y siempre tocaba la guitarra. En la época en que yo tenía 14 años, las chicas recién salían a bailar a los 16, pero un día, en una fiesta del Club Unión de Unquillo, mi papá le dijo a un chico que me sacara a bailar, y de ahí nunca más paré. A mí me dieron alas para poder volar y hacer lo que me gusta.

EM: ¿Dictás clases? ¿Qué ritmos enseñás?

PP: Enseño danza nativa argentina: gato, chacarera, escondido, zamba, bombo y malambo, etc. A lo largo de todos estos años he trabajado con alumnos de todas las edades. Actualmentedoy clases en el Gimnasio Natura.

Fui directora del grupo municipal durante 36 años, pero hace dos años renuncié porque estaba cansada, no cansada de la danza, sino porque esas clases eran gratis e iba mucha gente, y algunos sólo asistían porque no se cobraba, no porque les gustara. Me costó muchas lágrimas, pero decidí renunciar.

EM: ¿Cuánto tiempo le dedicás a la danza?

PP: Actualmente le dedico dos horas por día, porque con la edad que tengo me debo cuidar, especialmente de la voz, como todo docente.

EM: ¿Tu familia también se dedicó a la danza?

PP: Lo más lindo que puedo contar de la danza es que mis hijos siguieron lo mismo. Con mi hija Pamela logramos ir dos veces a Ecuador y una vez a Perú. Ella tuvo un grupo muy lindo en Unquillo que se llamaba “Tierra Suelta”.

EM: En tantos años de docencia, ¿te tocó vivir alguna experiencia conmovedora?

PP: Me tocaron varias, pero hubo una muy fuerte. Un día estaba dando clases a un grupo de niños en el Salón Dorado de la Municipalidad, cuando llega una señora con un chico con muletas. La mujer me pregunta si yo aceptaba a su hijo, porque su sueño era bailar folklore. Yo lo acepté, pero le dije que viniese la próxima clase. Cuando él se fue, los preparé a mis alumnos y les comenté que iba a venir este joven a bailar.

No sólo lo hizo muy bien, sino que, el día del espectáculo, se robó al público, porque iba con sus muletitas y cuando zapateaba se sostenía fuerte de ellas, zapateaba muy bien. Tuve muchos alumnos con dificultades, personas depresivas, bailarines con discapacidad visual y hasta un chico que había nacido sin los dedos de las manos.



La historia del Pericón

EM: Fuiste la organizadora del famoso “Pericón de mi pueblo”, ¿en qué consistía ese evento?

PP: Era una fiesta en la que bailaba todo el pueblo. Yo me dediqué mucho al pericón. Dos meses antes empezaba a ensayar los sábados y domingos a las siete de la tarde y el 25 de Mayo iban todos, hasta los que nunca habían bailado, pero tenían ganas.

Con respecto a la discontinuación del Pericón, quiero aclarar un malentendido frecuente, porque yo dejé de organizar esta fiesta el mismo año que asumió Fabrissin y mucha gente piensa que esa fue la causa por la que yo renuncié, pero en realidad sólo fue una coincidencia.

EM: ¿Cómo surgió el “Pericón de mi pueblo”?

PP: Comenzó un domingo a la tarde en que me puse a pensar qué hace la gente los domingos, y más la que está sola. Entonces se me ocurrió generar un lugar para que los vecinos vayan a hacer algo los fines de semana. Le presenté el proyecto al Director de Cultura de ese momento y, aunque le pareció una locura, me dejó organizarlo.

Fue un éxito desde el primer año, porque muchas personas se engancharon y yo iba convenciendo a otras que no se animaban a bailar. Fue aceptado totalmente y perduró durante 20 años. Hoy en día, aunque renuncié, ando con deseos de retomarlo.

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EM: ¿Cuál fue la participación de la Municipalidad en este espacio?

PP: Yo puse un reglamento que decía: primero, que a cada persona se le debía dar un certificado de participación del Pericón, y segundo, que la municipalidad tenía que aportar comida y bebida para todos los participantes. Fue un evento muy bien organizado en el que tuve siempre el apoyo municipal de todos los gobiernos, porque, aunque demandaba sus gastos, nunca dejó de ser gratis para los bailarines.

EM: ¿Qué te gustaba más de la fiesta?

PP: Me gustaba que todo el pueblo participaba y que ganaban todos, porque ganaban los que vendían pastelitos, los bares, los kioscos, los bailarines, el público. Yo ganaba la emoción, los elogios que recibía y las lágrimas de mi familia, cosas que no tienen precio.

EM: ¿Tenés algún proyecto para este año?

PP: Quiero seguir dando clases de forma particular, pero también tengo muchas invitaciones para ir a distintas localidades con mi grupo, lo que pasa es que no hay dinero. El tema de la danza es muy triste, porque hay que tener los trajes, comprarse las botas (que hoy son carísimas), hay que pagarle al profesor y encima hay que abonar la inscripción para bailar. No siempre se puede.

Antes, la municipalidad me ayudaba a pagar esos viajes en los que iban como 60 personas, pero ahora no tienen plata y tampoco le dan mucha importancia al arte, aunque eso es lo que representa a nuestro pueblo. Además de seguir dando clases, también me gustaría volver a hacer el Pericón.

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