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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

“Mi mayor objetivo sería que estos libros lleguen a lugares y chicos donde sus derechos no se están cumpliendo”


El Milenio dialogó con Laura Szmoisz, una abogada que creó una colección de libros para niños y niñas en torno a los derechos de la infancia.

Los libros pueden conseguirse en mawicuentos.com.ar

Laura Szmoisz, abogada y especialista en derecho público, creó una colección de tres libros para niños y niñas de cuatro a ocho años de edad. El objetivo de los cuentos es explicar sus derechos de una manera lúdica y personalizada.

Vale aclarar que las obras literarias fueron escritas en torno a la Convención de los Derechos del Niño de la ONU. A su vez, los libros contienen dos cuentos cada uno y están ideados para que sean personalizados por los más pequeños con stickers y puedan darle un nombre a los personajes.

El Milenio entrevistó a la autora de este proyecto, en el marco social que se vive en la actualidad, donde existe una gran preocupación por los derechos de los menores de todo el mundo.

«Los más chicos no estaban contemplados en un grupo que podrían ser receptores de información».

El Milenio: ¿Cómo se le ocurrió explicarle los derechos a los niños y niñas a través de cuentos?

Laura Szmoisz: Mi hija mayor tiene seis y desde sus cuatro años escribo cuentos para ella, para trabajar e ir dándole un determinado conocimiento que me parece importante que tenga.  Es decir, a través de cómo los chicos entienden el mundo, que es por el juego, de poner personajes que no son ellos mismo en determinadas situaciones. Además, les sirve incluso para transitar situaciones traumáticas.

Tengo un montón escrito, pero por ahora elegí solo seis que ilustramos y son los que se están publicando. Aunque hay mucho más subido a mi feed sobre derecho a la educación, derecho de los chicos inmigrantes, a la no discriminación, etc.

Los cuentos son en realidad una posición desde lo que yo puedo aportar, desde lo que se, como es ser abogada hace 20 años. Así que como dije antes, esto nació desde que Julia tiene cuatro años, me fui dando cuenta de la capacidad y el nivel de extracción que tienen del mundo, de la capacidad de entender y de empatía.

Ella me empieza a preguntar por qué hay gente durmiendo en la calle, qué hace un chico vendiendo pañuelitos en un semáforo y la verdad que son cosas que solo se las puedo explicar de un punto de vista social, aunque lo que me gusta transmitirle es que eso no debería ser así ya que ese chico tiene el mismo derecho que ella a estar en ese momento en el colegio o en su casa con una familia que lo quiera.

Esa es mi forma, también, de transmitirles conceptos, valores e información que considero importante para su crecimiento, para su desarrollo.

Los más chicos, de todo el relevamiento que hice antes de comenzar el proyecto, no estaban contemplados en un grupo que podrían ser receptor de información. Si bien existen algunos libros de cuentos inspirados en derecho pero son siempre destinados a niños y niñas de más de diez años. Entonces, traté de buscarle una forma narrativa y una actividad que sea también como un juego, por eso lo de los stickers, con los que se enganchen y donde se pueda usar el cuento como una herramienta disparadora para una reflexión, por eso cada libro tiene una explicación en un párrafo muy cortito, sobre qué es la convención sobre los derechos del niño.

A su vez, hay otro párrafo sobre el derecho en particular en el que se escribió el cuento, toda esta información también es para el adulto, pero de un modo que sea una actividad compartida para generar interrogantes entre los pequeños y los mayores.

Los chicos tienen una gran capacidad para aprender y creo que sí, podemos ir sembrando en ellos a tan temprana edad esta información, porque están tan expuestos a lo que ven en la tele, a través de los teléfonos, etc., que lo que reciben no siempre es positivo.

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EM: ¿Cuáles son los derechos que explica en los libros?

LS: Los libros tratan de seis derechos: el derecho a tener una familia, el derecho a vivir en un medio ambiente sano, el derecho a la privacidad e inviolabilidad de la correspondencia, el derecho al desarrollo de la personalidad y el derecho al juego.

Todos están tratados, escritos y pensados para chicos entre cuatro y ocho años. La tipografía es para primeros lectores, en imprenta mayúscula, además, hay espacios para completar los nombres y los personajes.

Asimismo, en cada plancha de stickers, cuando se menciona a la familia o hay que componer alguna escena en relación a ésta, siempre está la posibilidad de armarlo con lo que mejor se identifique con el niño y niña, ya sea una familia mamá-papá, monoparental, igualitaria o ensamblada.

La idea es que el más pequeño se apropie del cuento y del derecho que le queremos transmitir.

EM: ¿Considera que actualmente no se habla lo suficiente de los derechos del niño y la niña?

LS: Me parece que no, no conozco muchas escuelas donde trate específicamente el tema. De todas maneras, a partir de que me empecé a involucrar con este proyecto, comenzaron a llegar propuestas de colegios donde les interesaba, que lo estaban trabajando o que querían empezar a hacerlo.

Pero no se puede delegar todo en el colegio, uno tiene que tener interés como padre o madre de qué tipo de información quiere que los chicos tengan, la educación también es en la casa. A su vez, lo que hay está apuntado a chicos más grandes, de una manera muy informativa, nada tipo lúdico, que es a lo que yo quería apuntar.

EM: ¿Tiene planes de realizar más cuentos con esta modalidad?

LS: Me encantaría. Esto es un proyecto 100 por ciento independiente que estoy haciendo yo misma. Además, para hacer las ilustraciones y el diseño trabajó conmigo una diseñadora que se llama Florencia Figueroa, que estoy financiando con recursos propios y con una preventa de los libros que hice durante 40 días.

Mi página ya está online y se pueden adquirir ahí, y en los próximos días voy a avisar cuando estén listos para retirar. El día que termine la venta anticipada seguimos vendiendo a un precio diferente.

Se trata de una edición chiquita, de 1500 ejemplares entre los tres libros. Cada uno trae dos cuentos y dos planchas de stickers para personalizarlos. Es todo a pulmón así que me encantaría poder seguir incorporando derechos a la colección a través de cuentos y libros nuevos.

A su vez, también me gustaría hacerlos llegar a familias que no los podrían comprar. Vale recalcar que conseguí el apoyo de Cheeky para que me ayude a distribuirlos en Buenos Aires, lo cual está bueno porque la gente no paga costos de envío.

Si bien, mi mayor objetivo sería que estos libros lleguen a lugares y chicos donde sus derechos no se están cumpliendo, aunque eso no lo puedo hacer sola.

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