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Derribando mitos y prejuicios sobre las propuestas educativas

Para Claudio Barbero hay que pensar en la mejora de la calidad educativa a nivel general.

Para Claudio Barbero, licenciado en Trabajo Social y coordinador en la Subsecretaría de Promoción de Igualdad y Calidad Educativa, no hay que alimentar la falsa dicotomía entre las instituciones de gestión privada y las de gestión estatal, sino pensar en la mejora de la calidad educativa a nivel general.

Para Claudio Barbero, hay que desmontar los discursos que oponen la educación de gestión pública y la de gestión privada para proponer ofertas educativas de calidad que promuevan una ciudadanía plena.

Durante las últimas semanas, se han publicado noticias en las que se menciona el fenómeno de la migración estudiantil entre colegios de gestión pública e instituciones de gestión privada, en el marco de un panorama económico general adverso que afecta a todo el país.

Sin embargo, lejos de describir y explicar este fenómeno, lo que ocurre generalmente es que se reviven y reproducen discursos simplistas y poco constructivos para pensar la educación. Se trata de posturas y miradas diferenciadoras, dicotómicas, valorativas e incluso discriminatorias.

En esta línea, referentes políticos y sociales emiten juicios de valor con respecto a las propuestas de gestión educativa que, más que aportar al debate, funcionan instalando, en la sociedad y en los mismos estudiantes, prácticas de segregación hacia adentro y hacia afuera de las escuelas.

Ante esta situación, El Milenio dialogó con Claudio Barbero, Licenciado en Trabajo Social egresado de la UNC, Coordinador Operativo de Áreas de Gestión en Subsecretaría de Promoción de Igualdad y Calidad Educativa del Ministerio de Educación provincial e integrante de la Mesa de Educación del Colegio de Profesionales en Servicio Social de la provincia de Córdoba.

Derribando mitos

El Milenio: ¿Cuál es la situación general de las familias ante el contexto económico y social actual? ¿Cómo afecta a la educación en sí?

Claudio Barbero: En realidad este panorama viene dando señales de alarma desde el año pasado, cuando terminamos diciembre con un 47% de inflación según el INDEC. Esta crisis económica de los últimos años afecta a todas las esferas de las familias, que se ven expuestas a la necesidad de recortar sus gastos, incluyendo, entre ellos, la educación.

El ajuste aprieta a todos los bolsillos, produciendo un movimiento migratorio de escuelas con cuotas de mayor costo, a otras de un costo menor. Disminuye el poder adquisitivo de las familias y esto obliga a tomar ciertas decisiones. Sin embargo, aunque no pueda escapar a la situación económica nacional, la educación no debería ser leída como una mercancía más, como un bien de consumo.


“Hay que pensar en términos de potenciar la educación de nuestro país, no en continuar abriendo más brechas. Ir tratando de acercar las miradas a través de estas fisuras, evitar alimentar las tensiones que se tienen como sociedad sobre un tipo u otro de educación” – Claudio Barbero, Subsecretaría de Promoción de Igualdad y Calidad Educativa.


EM: ¿Qué nos puede decir sobre aquellas posturas que oponen la educación pública a la privada?

CB: A pesar de que las últimas pruebas Aprender han puesto de manifiesto cierta mejoría en las escuelas de gestión privada, es necesario desmontar el mito de que “la educación de las escuelas estatales es inferior a la de las escuelas privadas” o que “las escuelas públicas son de menor prestigio o calidad”, ya que, en el fondo, todos los diseños y propuestas curriculares vigentes en la provincia promueven la misma calidad educativa, ya sean aplicados en colegios públicos o privados.

Es importante entender que la educación es pública, ya sea que la gestione el Estado o entidades privadas. El plan de estudios que se ofrece es similar, con adecuaciones jurisdiccionales, se respetan los núcleos educativos prioritarios definidos por el Ministerio de Educación de la Nación y todas las instituciones ofrecen títulos oficiales.

Es un tema muy complejo como para reducirlo a que tal o cual cosa es mejor o peor que la otra, no podemos caer en los reduccionismos, es necesario proponer otro tipo de lecturas y no dar pie a estos “mitos”.

EM: ¿Cómo ve el panorama educativo en torno a estos “mitos”?

CB: Hay experiencias muy diversas. Hay ofertas excelentes y de mucha calidad, otras que por ahí tienen dificultades para lograr sus objetivos, otras a las que les cuesta incorporar cuestiones actuales, como las tecnologías de la información y la comunicación, etc.

El tema es cuando se escucha que tal escuela es más segura que aquella, que en una se enseña educación sexual integral y que en otra no, que en tal otra dan ciudadanía y política, que en la de allá no se conforma el centro de estudiantes, etc.

No se puede simplificar y decir que alguna es mejor que otra. Es importante y necesario analizar variables educativas y de promoción. Hay que pensar en términos de potenciar la educación de nuestro país, no en continuar abriendo más brechas; en ir tratando de acercar las miradas a través de estas fisuras, evitar alimentar las tensiones que se tienen como sociedad sobre un tipo u otro de educación. 

A gran escala

La realidad local del país no puede ser vista sin considerar el contexto internacional. En este sentido, Andreas Schleicher, director de educación de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y coordinador de PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes), señaló en una nota para la BBC que uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta el sistema educativo en todo el mundo es “la brecha entre ricos y pobres versus movilidad social”.

EM: ¿Cómo se equilibra la desigualdad económica?

CB: El acceso a una educación de calidad es el gran igualador social para una sociedad atravesada por la inequidad. En este punto todos coincidimos. Por eso es necesario ir desmontando estos discursos y apuntar a ofertas educativas, todas de calidad, que busquen promover la ciudadanía plena.